Para mayores de 18 años

Queridos lectores de El Calzador, antes de que comiencen a leer estas líneas, debo hacerles una advertencia con carácter previo. Lo que a continuación me dispongo a narrarles no es apto para menores de 18 años y, para los mayores de esta edad, tampoco será de muy agradable lectura.

Con esta salvedad y, siendo consciente de que con dicha advertencia algunos podrían desistir de la lectura de este artículo, trataré de exponer el relato de esta historia, por desgracia, muy real.

Esta historia comenzó a escribirse cuando Occidente y buena parte de las democracias de los países más desarrollados miraban únicamente hacia sus ombligos sin importarles lo que sucedía en otros lugares donde se violaban y siguen violando a miles de mujeres, donde se las azota y lapida si osan maquillarse o mirar a un hombre que no sea su esposo, donde se las esconde bajo un largo velo de humillación y vergüenza…

Esta es la historia de unos fundamentalistas que empezaron a perseguir a cientos de miles de personas que conformaban y conforman una pequeña gran minoría de cristianos que sobreviven en países como Irán, Irak, Siria, Pakistán, Corea del Norte, Sudán, Eritrea, Nigeria, etc., frente a aquellos verdugos que no están dispuestos a respetar creencias y culturas diferentes a las suyas.

Esta es la historia de cientos de miles de niños y de niñas a los que no se les permitía ni permite ir a la escuela ni recibir una educación diferente a aquellos principios basados en el mismo  fundamentalismo radical y excluyente.

Niños de la guerra.jpg II

Esta es la historia donde a los hombres que no comulgaban ni comulgan con el extremismo ideológico se les corta la cabeza, antes de que puedan utilizar las palabras como arma de libre opinión. Donde se mutila a machetazos hombres y mujeres. Donde se asesina a los homosexuales, lanzándolos hasta la muerte desde cualquier precipicio improvisado.

Esta es la historia de decenas de países en los que hace tiempo vivir es, sencillamente, una misión  imposible y, por ello, millones de personas se han convertido en nómadas involuntarios, porteadores de visados con nombre de Refugiados y apellidos de perseguidos en país de origen y nada bien recibidos en países de ¿acogida?

Esta es la historia, en definitiva, de una película tan cruel como real que desborda desesperación, sangre y llanto por parte de los involuntarios e inocentes figurantes. Una película no apta para menores de dieciocho años cuyo único guión está basado en la más burda, soez y execrable brutalidad de los que pretenden seguir produciéndola, dirigiéndola e, incluso, protagonizándola.

Si me han hecho caso, los menores que ahora les acompañen en sus hogares, no se habrán visto afectados por esta historia que excede, con mucho, al género más ‘gore’ o pornografico que podamos imaginar. Pero, mucho me temo que, aunque tapemos los ojos y oídos de niños y jóvenes de esta parte del mundo que protege la Libertad, tarde o temprano, también a ellos, como a nosotros, les acabará encontrando la brutalidad de los que siguen empeñados en enterrar los valores de la Democracia, sembrando el terror a su paso.

Para seguir viviendo en paz, necesitamos abrir los ojos, todos los posibles, incluyendo a niños, mujeres y hombres. A los de aquí y, mejor aún, primero, a los de allá.

Como sucede en toda representación, siempre hay tres instantes viene marcados: Inicio, nudo y desenlace. Parece que ya no estamos a tiempo de modificar el inicio de esta macabra película basada en unos hechos tan crueles como reales.

Para ello, tendríamos que haber quitado nuestro propio velo. Si Occidente, si cada una de los países desarrollados de la vieja Europa, si otros países de Oriente no hubieran cerrado los ojos de sus teóricas Democracias, si el mundo libre no hubiera mirado para otro lado, es probable que ahora no tuviéramos que pensar cómo resolver este nudo gordiano que supone la encrucijada del chantaje y el terror.

Abramos pues los ojos y animemos a todos los demócratas del mundo a actuar desde el origen para prevenir y frenar cualquier violación de los derechos humanos.

Hace unos meses, escribí un artículo titulado: “Gracias Malala” http://theobjective.com/elsubjetivo/gracias-malala/ para mostrar mis respetos y aplaudir la actitud y la acción de una menor de 18 años. Se llama Malala, recientemente galardonada con el Premio Nobel de La Paz, ella jamás cerró sus ojos ante la tiranía del terror y, probablemente, ella solita, haya conseguido cambiar el destino de muchos otros niños y jóvenes que estaban abocados a un nudo y a un desenlace mucho más dramático del que ahora les contempla. Malala denunció desde niña los abusos y las violaciones cometidas por los terroristas y, utilizando su única arma, la palabra, gritó al mundo entero para que respetasen los derechos civiles de su comunidad.

Unamos nuestra fuerzas y hagamos como Malala. Al fin y al cabo, aún estamos a tiempo de cambiar el guión de esta película escrita por los asesinos y volver a recodar alto y claro, que “la Democracia lleva el más bello nombre que existe…, Igualdad” y que, como aseveraba Albert Einstein: “Nuestro ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado”

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

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El polvo del 11-S

El 11 de septiembre de 2001 el cielo de Nueva York se tiño de negro y las Torres Gemelas, inauguradas un 4 de abril de 1973, emblema y sello del Centro Mundial del Comercio (World Trade Center), quedaron reducidas a una gran nube de polvo, como consecuencia de los atentados terroristas del grupo Al-Qaeda.

Dust Lady

“Dust Lady” / Stan Honda – AFP

La mujer que aparece en esta fotografía es Marcy Borders y ya no está para recordar aquella fatídica fecha, hace unos días falleció a consecuencia de un cáncer de estómago. Ella estaba convencida de que la causa de su enfermedad fueron precisamente los agentes químicos del polvo que tragó aquel día y que le llegó a cubrir todo el cuerpo.

Aquel día, Marcy, salvó su vida, volvió a nacer.

Trabajaba para el Bank of America, en una de las Torres Gemelas. Tras la caída de la torre, logró protegerse en un edificio cercano. Allí, aterrada, entre escombros y cubierta por la inmensa nube de polvo la encontró Stan Honda, el fotógrafo de la agencia AFP que tomó la imagen.

A partir de esa instantánea, Marcy Borders, sería conocida como la Dama de Polvo (“Dust Lady”), y su imagen dio la vuelta al mundo, como un símbolo de todo el horror vivido y, también, de supervivencia y unidad de la Democracia ante uno de los mayores ataques  cometidos contra la libertad.

Mientras escribo estas líneas para recordar y honrar la memoria de las casi tres mil víctimas mortales y los casi seis mil heridos de aquellos atentados terroristas me entristece  comprobar que la nube de polvo no sólo no ha desaparecido, sino que se ha extendido  dejando un mundo más gris, más hostil…

Echo la vista atrás y veo mucha sangre derramada, un mundo enfermo y marcado por el odio y por el mayor desprecio de los derechos humanos. Demasiadas vidas por vivir aniquiladas y enterradas por fundamentalismos y guerras tan incomprensibles como injustas.

  • 11 de septiembre de 2001, Nueva York, Washington (EE.UU): 2.978 muertos y más de 6.000 heridos
  • 12 de octubre de 2002, Kuta (Bali): 202 muertos y 209 heridos
  • 23 de octubre de 2002, Moscú (Rusia): 168 muertos y más de 100 heridos
  • 11 de marzo de 2004, Madrid (España): 191 muertos y 1.858 heridos
  • 4 de septiembre de 2004, Osetia del Norte (Rusia): 334 muertos (171 niños) y 783 heridos
  • 14 de febrero de 2005, Beirut (Líbano): 22 muertos y más de 100 heridos
  • 7 de julio de 2005, Londres (Inglaterra): 56 muertos y más de 90 heridos
  • 14 de agosto de 2007, Mosul (Irak): 796 muertos y 1.562 heridos
  • 26-29 de noviembre de 2008, Bombay (India): 188 muertos y 293 heridos
  • 22 de julio de 2011, Oslo y Uteya (Noruega): 77 muertos y más de 100 heridos
  • 15 de abril de 2013, Boston (EE.UU): 3 muertos y 282 heridos
  • 7 de enero de 2015, París (Francia): 11 muertos y 11 heridos

Por desgracia la lista enumerada no es numerus clausus y el reguero de sangre y atentados es mucho mayor que el aquí enumerado.

Demasiadas fechas para recordar, demasiado polvo para digerir…

Desconozco si Marcy Borders falleció a consecuencia de su enfermedad o si ésta fue provocada por tanto polvo tragado aquel 11 de septiembre, pero una cosa tengo clara: El mundo necesita, urgente, un antídoto para atajar el cáncer del terror o pronto no habrá lugar para enterrar a tantos muertos.

Sigo creyendo en los hombres. Tengo la esperanza de que el bien acabe triunfando, sobreponiéndose ante el mal. Creo en la democracia y en la libertad. Detesto la tiranía y me revelo ante los abusos y las violaciones de los derechos humanos. No quiero ni puedo resignarme ante el terror.

Sirva la imagen de esta Dama de Polvo para reivindicar la resistencia y fortaleza de los hombres y mujeres de bien ante aquellos otros individuos que nunca podrán limpiar su alma llena de odio y crueldad con la que se propusieron atemorizarnos a todos.

Atentado Torres Gemalas 11S

En el 14º aniversario de los atentados del 11-S (In memoriam)

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado