Cuatro letras de amor infinito

Kahil Gibran fue un ensayista y poeta de origen libanés, quien escribió: “Mamá: la palabra más bella pronunciada por el ser humano”.

Foto día Madre - LacaciCon ocasión de la celebración del Día de la Madre intentaré transmitir a los lectores de El Calzador mi particular sentimiento sobre estas excepcionales mujeres, únicas e insustituibles, a quienes hoy dedico estas líneas.

Una madre siempre es imprescindible. Incluso, cuando deja de estar. Ningún hijo podría, querría o debería abstraerse de su presencia. Las madres, siempre están presentes. Nunca nos abandonan.  Desde que nos traen a la vida no dejan de abrirnos puertas aunque se presenten cerradas, guiándonos en la vida para que podamos caminar.

Dentro de cada madre vemos sentimientos de debilidad y de fortaleza. Un generoso y formidable eclecticismo emocional que solo ellas pueden ofrecer.

Vosotras, admiradas y respetadas madres, sois capaces de aclarar la oscuridad de unos hijos asustados en la soledad de sus noches, allanáis las inquietudes de los retoños con solo mostrar vuestra ternura y comprensión para con ellos. Vosotras, hicisteis posible que viniéramos al mundo y ya desde la vida no dejáis un solo momento de cuidarnos y enseñarnos el camino…

Pocas cosas son tan de verdad como el amor, el dolor o la ilusión que una madre siente por su hijo. Las he visto hacer y no hacer cosas inimaginables. He visto a madres frágiles y menudas traer a la vida a mellizos y trillizos. He visto a madres sin apenas posibles ofrecerles un porvenir con mucho esfuerzo, incluso con aquello que no disponían. He visto a madres luchar y pelear por sus hijos como a nadie más he visto hacerlo por otro semejante.

¿Cómo no voy a rendir hoy un homenaje a estas mujeres? Hoy, y siempre. Igual que una madre lo es a perpetuidad, nosotros, los hijos, debemos corresponderlas todos los días de la vida. Cuando ellas se vayan, como cuando la mía se fue, recordad que tampoco os abandonarán. Nunca  caminaréis solos, ellas os seguirán acompañando en vuestras alegrías, en vuestras decepciones, en todos y cada uno de los momentos y etapas decisivas de vuestras vidas.

Foto día Madre - Lacaci IIDisfruten al máximo de su inmenso cariño. Procuren no disgustarlas demasiado. Sean generosos, como hija o como hijo suyo. No olviden decir que la quieren. Aprendan a darle las gracias por tantos sacrificios que lleva haciendo desde que nacieron. Sean capaces de apreciar los valores que les transmiten y enséñenlas lo que hayan podido aprender gracias a su generosidad.

Puede haber una cosa más triste que el hecho mismo de que un hijo se distancie de su madre en vida: Sentirse distanciados de ellas cuando falten. Ese sentimiento de culpa, aunque también será perdonado por una madre, no debería llegar a producirse nunca.

Ámenlas siempre, no esperen a su vejez para reconocerlas su enorme valor. Cuando ustedes pronuncien las cuatro letras que conforman la palabra más bella de cuantas puedan pronunciar, entenderán por qué nunca debieron dejar de decir: Te quiero, Mamá

A todas las madres, especialmente, a mi madre, Teresa (Q.E.P.D.)

Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Abrígate

Estimados lectores, hoy me estreno en “El Calzador”. Antes de escribir las primeras líneas para este blog, he de hacerles una confesión: De todas las publicaciones para las que colaboro es, precisamente en este proyecto, donde comienzo a hacerlo con más emoción. No en vano, este blog fue creado por un grupo de amigos, entre los cuales tengo el honor de formar parte. Por tanto, dedico este artículo con el máximo respeto y cariño para todos ustedes y, también, de forma especial, para mis otros siete compañeros de viaje.
Hecha la anterior confesión, les revelaré para quién va dirigido, a modo de tributo, este artículo. Trataré de clarificar esa incógnita en las siguientes líneas.

Hoy es un día frío del mes de febrero. Mientras escribo, pienso, no puedo dejar de pensar en toda la gente que necesita calor…

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…Cuando era pequeño recuerdo aquellas frías mañanas en las que tanto nos costaba cambiar mantas por aulas. Recuerdo que mi madre insistía en que me abrigara. Era un ritual, como una obsesión que perduraba más allá de lo que abarcaba el propio invierno…

Ha pasado el tiempo, ahora aquella sensación me llega de modo diferente. Siento el frío que sufren y padecen otros. Hay gente que tiene frío en otoño, en primavera, he visto sufrir a personas por falta de calor hasta en verano. Es entonces, cuando me dan ganas de abrigarlos, como mi madre intentaba hacer conmigo.

Echando la vista hacia atrás me doy cuenta que el calor que mi madre quería proporcionarme significaba mucho más que el hecho de combatir las bajas temperaturas, propias de los meses fríos como en el que hoy nos encontramos. El calor que una madre quiere para sus hijos, significa, más que abrigarlos, protegerlos. Una madre protege a sus hijos desde que nacen y no deja de hacerlo nunca (luego citaré un claro ejemplo de ello)

Cuando somos pequeños no nos gusta que estén encima de nosotros. Por lo general, a un niño o a un adolescente, le parece una incomodidad que su madre le repita, una y otra vez, que s imagee abrigue porque, si no lo hace, se resfriará. Eso causa rechazo y una reacción, casi automática, a modo de: “ya soy mayor para saber lo que tengo que hacer, si tengo frío, me abrigaré, no hace falta que me lo repitas todo el tiempo”

Mientras escribo estas líneas, me asomo a la ventana. Miro hacia afuera y veo a gente muy bien abrigada. Sin embargo, tienen frío. Incluso al llegar a sus casas, hay gente que sigue teniendo la sensación de frío. Si nos fijamos bien, todos podemos entender mejor a esa gente. Hay muchas personas que necesitan calor. Necesitan el abrigo de alguien que les proteja, porque se sienten solos. Y yo, les entiendo. ¿Hay alguien que no se haya sentido solo alguna vez en su vida?

Recuerdo que cuando de pequeño, en alguna ocasión, necesitaba de protección, antes de tener la sensación de soledad, siempre llegaba mi madre para evitarlo. Una madre, siempre evita que sus hijos se sientan solos y no deja de hacerlo nunca.

Hoy, por desgracia, hay muchas personas que sienten soledad, que necesitan de protección. Quizá, en estos tiempos, hayamos descuidado un poco, todos, una de las necesidades básicas de nuestra sociedad: Humanizar las relaciones entre nuestros semejantes. Veo y siento demasiada frialdad en nuestro entorno, respiramos y caminamos en ambientes contaminados por la prisa y la materialidad y dejamos de lado lo principal. Hay que volver a abrigar al que tiene frío. Tenemos que proteger a quien se siente solo. Si no lo hacemos pronto, todos, nos sentiremos desprotegidos también.

Les decía unas líneas mas arriba que una madre abriga a su hijo al nacer y que no deja de hacerlo nunca. Les dije que les ilustraría con un ejemplo: Mi madre, como todas, también me abrigaba cuando iba al colegio de pequeño. Mi madre como todas, me seguía diciendo que me abrigara cuando iba a la Universidad. Mi madre, no pudo seguir abrigándome pues, por desgracia, se fue. Sin embargo, mi madre, el mismo día, previo a decir adiós, cuando sus fuerzas se apagaban y no podía articular bien sus movimientos ni expresarse con claridad, motivado por el ictus que acababa de sufrir, ese mismo día de un frío mes de invierno, de camino al hospital me dijo: “Hijo, Abrígate”
Es cierto que durante todos estos años también yo me he sentido solo y falto de protección, pero no es menos cierto que mi madre me enseño a abrigarme bien y, sobre todo, a saber abrigar y proteger a quien más lo necesita.

Entre todos, podemos abrigarnos. No estamos solos.

Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado