Gestos necesarios

Vivimos en un mundo bastante hostil para el necesitado. No parece quedar mucho margen para pausar las prisas y los intereses propios con los que cada uno de nosotros transitamos por este nada sencillo camino que es la vida.

Los días, las semanas, los meses y los años pasan de forma precipitada y manera fugaz. Durante este viaje cargamos con mochilas demasiado llenas de vanidades y banalidades, demasiado vacías de generosidad y desprendimientos para con los que van quedando atrás.

Un buen ejercicio para intentar concienciarnos de las dificultades ajenas que se suceden a nuestro alrededor y sobre las que pasamos sin darnos casi cuenta de ellas seria olvidarnos de nuestros quehaceres y obligaciones, despojarnos de nuestras prioridades y salir a la calle, sólo a observar, únicamente a intentar mejorar la vida o, si quiera, el momento puntual de alguna persona.

Háganlo, aunque sea un solo día. Experimentarán múltiples y variadas situaciones susceptibles de contar con su ayuda…

Gestos necesarios - Lacaci

Una vuelta por las calles de la ciudad y se cruzarán con alguna persona invidente o con alguna persona de avanzada edad que necesita de su brazo para poder cruz una calle con mayor seguridad y menos riesgo para ella misma; Sigan paseando sin prisa y, seguro, se encontrarán con una persona impedida portando unas muletas o una silla de ruedas que necesita de su ayuda para salvar alguna barrera del mobiliario urbano para proseguir su nada fácil camino; Súbanse a un autobús o a algún suburbano y reserven una plaza para esa persona mayor que necesita asiento o para esa otra señora que, fatigada por su estado de buena esperanza, también busca un hueco donde descansar junto a su futuro bebé; Dense una vuelta por cualquier hospital y, preferiblemente, diríjanse a una unidad de oncología, o la sala de espera de una UCI, una vez allí, consuelen con un gesto de cariño a cualquier persona que sufra por esperar las inciertas noticias de sus familiares ingresados…

Si prueben esta experiencia, si salen un día a la calle y tratan de realizar un pequeño gesto de ayuda hacia los demás, no sólo no se arrepentirán de haberlo intentando, les aseguro que llegarán a sus casas muy satisfechos, incluso más orgullosos que al término de cualquier otra jornada de su trabajo u obligaciones rutinarias y cotidianas.

Y, ¿saben por qué estos pequeños gestos hacia los demás les proporcionarán mayor alegría que otros logros conseguidos a beneficio propio? Porque, en realidad, la mejor manera para ser felices es hacer felices a los demás o, al menos, ayudar para que nadie sufra.

Sin duda, con pequeños gestos, contribuimos a hacer un mundo más justo y ecuánime. La generosidad, además, no consiste en dar mucho, sino en dar a tiempo.

Por tanto, sugiero que seamos felices ayudando a los demás y practiquemos una forma de vida que, citando a John Wesley (teólogo inglés del siglo XVIII) sería así: “Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, de todas las formas que puedas, en todos los lugares que puedas, todas las veces que puedas, a todas las personas que puedas, todo el tiempo que puedas.

Con mi admiración para todas las personas que, cada día, realizan estos pequeños grandes gestos.

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado