Vivir sin amor, no es vivir

“El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,

no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,

no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

He querido comenzar este artículo recordando un bello poema del apóstol San Pablo, recogido en la primera epístola a los corintios (Corintios 13:4-7), en el cual, se glorifica el amor como la mayor de las virtudes.

Hoy es 14 de febrero, una fecha marcada en el calendario para celebrar la festividad de San Valentín. Aunque muchos de los que ahora celebran este día, recordado de forma insistente por los reclamos publicitarios de marcas y centros comerciales, no saben del verdadero origen de esta efeméride que encuentra en la antigua Roma sus primeras raíces.

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La festividad del 14 de febrero empezó a ser asociada con el amor, a raíz de la historia de San Valentín, quien al no querer renunciar al cristianismo y haber casado a soldados en secreto después de que el matrimonio de soldados profesionales fuera prohibido por el emperador Claudio II, habría sido ejecutado, precisamente, un 14 de febrero. De esta forma, el papa Gelasio I, declaró la festividad de San Valentín, a partir del año 498

Pero sobre lo que hoy escribo, más allá de la festividad o la tradición que se viene realizando en torno a este día, también conocido como “Día de los enamorados”, no está relacionado, únicamente, con un concepto de amor de pareja.

En estas líneas, me gustaría reflejar un concepto amplio de amor, universal. Creo, firmemente, en la necesidad de vivir la vida con amor. Vivir sin amor es una manera muy triste y difícil de vivir.

Cuando nacemos, por lo general, venimos al mundo fruto del amor de nuestros padres. Este amor, es visto como creador del bien en el mundo; es el modo en el que se ve a Dios amar a la humanidad, y es la clase de amor que los cristianos aspiran a tener por sus semejantes. A partir de este momento, transitaremos por la vida, optando entre diferentes formas y maneras de caminar.

Resulta muy ilustrativa la definición que hace la Real Academia sobre el concepto amor, dentro de su primera acepción: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” Es evidente que los seres humanos necesitamos de la interacción y del afecto de nuestros semejantes.

Lo que no se define en ningún diccionario académico, ni en ningún otro tratado de filosofía o de humanidades es cómo se consigue mantener ese afecto, el amor que ofrecemos o que nos es ofrecido. Esta cuestión, quizá, es más complicada de responder que el hecho de enamorarse por primera vez.

Hace poco leí una frase que expresa bien la importancia de cuidar y mantener vivo el amor, más allá del hecho de haber llegado por primera vez a él. Decía: “En el amor no se trata de quien diga primero Te Amo, sino de quien sostiene este Te Amo hasta el final”

A mi modo de ver, una de las claves para caminar por la vida de forma más completa, cubriendo los propios vacíos de nuestro interior es, sin duda, viviendo con amor y, sobre todo, tratando de mantener ese amor.

Y, aquí, vuelvo a reflejar el concepto amplio de amor al que vengo refiriéndome. No hablo solo del amor de pareja, habló también del amor a nuestra madre, a nuestro padre, a nuestros hermanos, a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestra profesión, a nuestros proyectos, a nuestro mundo y entorno en el que vivimos, a nosotros mismos…

Cuando una persona se encuentra con el amor, casi todo lo demás se relativiza. Viviendo con la pasión que el amor produce en nuestro interior, pocas cosas, muy pocas, son capaces de frenar nuestra ilusión por la vida. Ahora bien, lo difícil, no es enamorarse. Encontrar razones que nos produzcan intensos y apasionados sentimientos por haber encontrado a una persona o por la ilusión de un proyecto de vida, es relativamente sencillo que suceda. Lo más difícil es saber cuidar bien de ese amor que la vida puso en nuestro camino para intentar que se mantenga en el tiempo.

Si logramos vivir con amor, con pasión, con ilusión, conseguiremos una vida más plena y más feliz. Nos haremos un bien a nosotros mismos y, también, a nuestros semejantes. En definitiva, el amor, significa también la virtud que representa todo el afecto, la bondad y la compasión del ser humano.

Pruébenlo, vivan con amor…, verán cómo se van llenando todos los vacíos. Como dijo el poeta “Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama”

Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Primer año de vida de El Calzador

Quizá pocos de los lectores de este blog sepan de su origen y de la forma y modo en que fue concebido. Qué mejor momento, cual hoy, con motivo de la celebración por el primer aniversario de la creación de El Calzador, para descubrir este secreto tan bien guardado por quienes en su día prometimos y firmamos aquel pacto de confidencialidad.

El origen del blog de El Calzador se gestó en una mesa redonda, aunque bien podría haber sido cuadrada o rectangular, pues las formas nunca fueron lo importante. Para los siete magníficos y un humilde servidor, lo más importante era y sigue siendo el fondo. Y, así, con el mejor fondo que cada uno de los firmantes pudo sacar de sus adentros quedó sellado un papel en blanco para que, cada semana, en él, se fueran dibujando los sentimientos de los escritores colaboradores que quisieran ir dejando un trocito de su persona, un esbozo de su saber, de su caminar, de su vivir…

Lamento si les he defraudado. Siento si esperaban un secreto mucho más sorpresivo al desmedido suspense que ahora se les desvanece. El Calzador acaba de cumplir un año y sigue ofreciendo lo mismo que cuando nació: Breves instantes de silencio. Ni más, ni menos.

Dentro de estos breves momentos de silencio les podría recordar, ahora, muchos buenos y profundos relatos. Tanto los de mis colegas del Consejo, como los de nuestros colaboradores que por aquí también desnudaron sus sentimientos.

Hoy, les traigo el relato de Enrique Moreno, titulado: “Segunda Vida” ( https://elkalzador.wordpress.com/2015/09/12/segunda-vida/ ) y lo hago, principalmente, porque conozco al Dr. Moreno y sé que, allí, él, también se desnudó. Nos mostró sus sentimientos y soñó para que soñáramos. Enrique Moreno bajó de su estrado y nos puso en suerte una gran ilusión: Despojarnos de todas las cadenas en busca de un nuevo camino, aquél que todos deseamos: El de la felicidad.

Y, precisamente, lo mismo que apuntó Enrique en “Segunda Vida” es lo que ahora deseo a todos ustedes. Busquen y encuentren su felicidad.

Feliz primer aniversario de El Calzador

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Carlos D. Lacaci
@Lacaciabogado

Deseos para el Fin de Año

Tengo el placer y el gran honor de escribir mi último artículo del año para todos nuestros lectores de ‘El Calzador’. Me encomiendo a esta tarea con el máximo cariño para vosotros, deseándoos los mejores deseos para el año que hoy termina y también un feliz Año Nuevo con salud para todos.

Tras haber transitado por los 364 días de este 2015 me doy cuenta de que ningún año es como el anterior, como tampoco hay dos meses o dos días iguales. Esto forma parte de la grandeza de la vida, para los que tenemos la suerte de haber vivido y seguir viviendo en ella. No imagino cosa más apasionante e imprevisible que el hecho de vivir.

Permítanme que detenga los recuerdos de este fin de año para concentrarme tan solo en los deseos del presente, en todo aquello que me gustaría que sucediera aquí y ahora.

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Hoy, 31 de diciembre de 2015, quiero comenzar el día felicitando a mi madre, porque tal día como hoy hubiéramos apagado junto a ella las velas por su cumpleaños, una celebración que, por desgracia, dejó de repetirse hace ya 20 años, por culpa de aquel maldito ictus que se la llevó para siempre. No obstante, un año más, aquí seguimos encendiendo tus velas para que continúes cumpliendo todos tus deseos desde el cielo, que también son y seguirán siendo los míos, los nuestros. Este primer deseo, me gustaría hacerlo extensivo a todas y cada una de las personas que, como vosotros, también echáis de menos a algún familiar querido. A todos los que se fueron y, como mi madre, nos siguen velando desde el cielo, para que sus almas sigan descansando en paz.

Lo segundo que me gustaría que sucediera hoy es no ver a ninguna persona en el mundo sola ni desamparada. Hoy, es la continuación del ayer y el preludio del mañana. En este fugaz tránsito por la vida se vive de muchas maneras. Hay circunstancias que nos llenan de felicidad, otras veces nos resulta complicado avanzar. Alegrías, penas, tristeza, felicidad, todo ello forma parte del transitar. Pero, hoy, quiero concentrar todas mis fuerzas y las de todos vosotros para hacer posible que nadie se sienta solo ni desamparado, para dar a todo el mundo la oportunidad de poner a cero sus marcadores de tristeza y puedan terminar el año, si quiera con una sonrisa en sus rostros, al menos con un buen puñado de posibles sueños por cumplir para el Nuevo Año.

El tercer deseo que me gustaría se cumpliera es que todos los que estén pasando por una enfermedad, como el cáncer u otras graves dolencias físicas o psíquicas, especialmente todas las niñas y niños que están pasando por esta dura experiencia en la vida, se recuperen y terminen el año lo mejor posible, afrontando un 2016 con esperanzas, cargado de fuerzas y energías para superar muy pronto sus enfermedades.

Mi cuarto deseo para este casi agotado 2015 es que no volvamos a lamentar, en ningún rincón del mundo, un acto de terrorismo ni de violencia frente a víctimas inocentes. Pido con toda firmeza que se acabe el odio en el mundo. Grito con fuerza que ningún hombre, mujer o niño inocentes, sean oprimidos, perseguidos ni asesinados. Deseo ver un final de año y continuidad de vida, posterior a este día, limpios de cualquier gota de sangre derramada, no quiero volver a ver ni un solo acto de crueldad más.

Por último, y con el fin de no abarcar demasiados deseos que pudieran dificultar el cumplimiento de aquéllos, mi quinto deseo es para que todos los nuevos amigos que han llegado a nuestras vidas se mantengan en ellas, igual que aquellos que ya se encontraban a nuestro lado, ojalá sepamos darles lo mejor de nosotros para que así sea. Y, por supuesto, deseo que otro de los pilares fundamentales de esta vida, nuestras familias, sepamos también cuidarlas con respeto, amor y generosidad, puesto que, tal y como dijo el ensayista André Maurois: “Sin una familia, el hombre, solo en el mundo, tiembla de frío”

Estos son los cinco deseos que hoy comparto con los lectores de El Calzador, me encantaría que se cumplieran. Mientras tanto, deseo para todas las personas de bien, para todos ustedes, un muy feliz Fin de Año y un próspero 2016.

Autor: Carlos D. Lacaci
@Lacaciabogado

Para mayores de 18 años

Queridos lectores de El Calzador, antes de que comiencen a leer estas líneas, debo hacerles una advertencia con carácter previo. Lo que a continuación me dispongo a narrarles no es apto para menores de 18 años y, para los mayores de esta edad, tampoco será de muy agradable lectura.

Con esta salvedad y, siendo consciente de que con dicha advertencia algunos podrían desistir de la lectura de este artículo, trataré de exponer el relato de esta historia, por desgracia, muy real.

Esta historia comenzó a escribirse cuando Occidente y buena parte de las democracias de los países más desarrollados miraban únicamente hacia sus ombligos sin importarles lo que sucedía en otros lugares donde se violaban y siguen violando a miles de mujeres, donde se las azota y lapida si osan maquillarse o mirar a un hombre que no sea su esposo, donde se las esconde bajo un largo velo de humillación y vergüenza…

Esta es la historia de unos fundamentalistas que empezaron a perseguir a cientos de miles de personas que conformaban y conforman una pequeña gran minoría de cristianos que sobreviven en países como Irán, Irak, Siria, Pakistán, Corea del Norte, Sudán, Eritrea, Nigeria, etc., frente a aquellos verdugos que no están dispuestos a respetar creencias y culturas diferentes a las suyas.

Esta es la historia de cientos de miles de niños y de niñas a los que no se les permitía ni permite ir a la escuela ni recibir una educación diferente a aquellos principios basados en el mismo  fundamentalismo radical y excluyente.

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Esta es la historia donde a los hombres que no comulgaban ni comulgan con el extremismo ideológico se les corta la cabeza, antes de que puedan utilizar las palabras como arma de libre opinión. Donde se mutila a machetazos hombres y mujeres. Donde se asesina a los homosexuales, lanzándolos hasta la muerte desde cualquier precipicio improvisado.

Esta es la historia de decenas de países en los que hace tiempo vivir es, sencillamente, una misión  imposible y, por ello, millones de personas se han convertido en nómadas involuntarios, porteadores de visados con nombre de Refugiados y apellidos de perseguidos en país de origen y nada bien recibidos en países de ¿acogida?

Esta es la historia, en definitiva, de una película tan cruel como real que desborda desesperación, sangre y llanto por parte de los involuntarios e inocentes figurantes. Una película no apta para menores de dieciocho años cuyo único guión está basado en la más burda, soez y execrable brutalidad de los que pretenden seguir produciéndola, dirigiéndola e, incluso, protagonizándola.

Si me han hecho caso, los menores que ahora les acompañen en sus hogares, no se habrán visto afectados por esta historia que excede, con mucho, al género más ‘gore’ o pornografico que podamos imaginar. Pero, mucho me temo que, aunque tapemos los ojos y oídos de niños y jóvenes de esta parte del mundo que protege la Libertad, tarde o temprano, también a ellos, como a nosotros, les acabará encontrando la brutalidad de los que siguen empeñados en enterrar los valores de la Democracia, sembrando el terror a su paso.

Para seguir viviendo en paz, necesitamos abrir los ojos, todos los posibles, incluyendo a niños, mujeres y hombres. A los de aquí y, mejor aún, primero, a los de allá.

Como sucede en toda representación, siempre hay tres instantes viene marcados: Inicio, nudo y desenlace. Parece que ya no estamos a tiempo de modificar el inicio de esta macabra película basada en unos hechos tan crueles como reales.

Para ello, tendríamos que haber quitado nuestro propio velo. Si Occidente, si cada una de los países desarrollados de la vieja Europa, si otros países de Oriente no hubieran cerrado los ojos de sus teóricas Democracias, si el mundo libre no hubiera mirado para otro lado, es probable que ahora no tuviéramos que pensar cómo resolver este nudo gordiano que supone la encrucijada del chantaje y el terror.

Abramos pues los ojos y animemos a todos los demócratas del mundo a actuar desde el origen para prevenir y frenar cualquier violación de los derechos humanos.

Hace unos meses, escribí un artículo titulado: “Gracias Malala” http://theobjective.com/elsubjetivo/gracias-malala/ para mostrar mis respetos y aplaudir la actitud y la acción de una menor de 18 años. Se llama Malala, recientemente galardonada con el Premio Nobel de La Paz, ella jamás cerró sus ojos ante la tiranía del terror y, probablemente, ella solita, haya conseguido cambiar el destino de muchos otros niños y jóvenes que estaban abocados a un nudo y a un desenlace mucho más dramático del que ahora les contempla. Malala denunció desde niña los abusos y las violaciones cometidas por los terroristas y, utilizando su única arma, la palabra, gritó al mundo entero para que respetasen los derechos civiles de su comunidad.

Unamos nuestra fuerzas y hagamos como Malala. Al fin y al cabo, aún estamos a tiempo de cambiar el guión de esta película escrita por los asesinos y volver a recodar alto y claro, que “la Democracia lleva el más bello nombre que existe…, Igualdad” y que, como aseveraba Albert Einstein: “Nuestro ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado”

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Pérdida de nostalgia

Hoy escribo para nuestros queridos lectores de El Calzador sobre un sentimiento sobre el cual no siempre reparamos y, sin embargo, puede darnos algunas claves no sólo de nuestro estado de ánimo sino del punto de inflexión vital en el que nos hallamos.

La nostalgia.

Carlos D. Lacaci - Pérdida de nostalgia

Parto de una idea: Para sentir nostalgia en la vida, primero hay que vivir un rato y, además, esas vivencias hay que vivirlas con intensidad, con pasión, con ilusión.

Ateniéndonos a la segunda acepción con la que la Real Academia define el término nostalgia, estamos ante un sentimiento de tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida. Según esta definición parece que la nostalgia llega después de haber vivido y perdido algo que causaba alegría y nos hacía sentir felices.

Sin embargo, pensando en algunos momentos nostálgicos de mi propia experiencia vital, no los veo totalmente ajustados a dicha definición. Por un lado, he sentido y siento nostalgia incluso por algunos sucesos que, a priori, no se podrían catalogar de dichosos. He recordado con nostalgia la desaparición de mis seres queridos, algún fracaso profesional y hasta algún que otro desengaño personal. Por supuesto, también he sentido nostalgia por otros tantos momentos felices del pasado. Incluso, en ocasiones, he creído sentir nostalgia por cosas aún no vividas.

En muchas ocasiones, he sentido alegría y no tristeza melancólica, pensando en todos aquellos recuerdos del pasado o de los que pudieran estar por llegar (lo que yo denomino nostalgia del futuro).

Pero llega un momento en el que todos estos sentimientos empiezan a difuminarse, a confundirse…

Hace unos días, paseando por el madrileño y bello Parque del Buen Retiro, me puse a pensar, sentí confusión y algo de tristeza. Dentro de ese parque se acumulan un buen puñado de los recuerdos de mi niñez y de mi adolescencia. Innumerables juegos y paseos de la mano de mis padres, de mis abuelos, de mi hermana. Algún que otro beso robado y también regalado por aquellos primeros ‘amores’ de la ya lejana adolescencia. Y, tras la valla, aún más vivencias. Recuerdos escolares, recuerdos de amistades, recuerdos de juventud, recuerdos…

Allí, quieto, con la mirada perdida en el recuerdo, desde el mismo lugar en el que siendo un niño recibía los sabios consejos de mi abuelo, presentí, con cierta tristeza, que algo se había ido en mi interior. Ya no recordaba ni con tristeza, ni con alegría, las cosas vividas del pasado. Supe que había llegado el momento. Me sentí mayor.

Seguí caminando entre las hojas secas de otoño y contuve la emoción. Pasado un tiempo, volví a pensar en ello y supe que ese punto de inflexión significa una nueva e ilusionante etapa en la que, seguro, en un futuro, volveré a sentir nostalgia.

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Unidos por la Hispanidad

Pasado mañana, día 12 de octubre, celebraremos la fiesta de la Hispanidad.

En estos revueltos y convulsos tiempos, parece primar la ruptura y las tensiones entre los pueblos. La diversidad se antepone a la identidad; La riqueza y variedad cultural, política o religiosa es utilizada, en muchas ocasiones, no como forma de enriquecimiento, sino como peligrosas armas arrojadizas frente a quienes piensan y sienten de diferente forma.

Esta festividad, además de servir para conmemorar la histórica fecha del 12 de octubre de 1492, donde aquellos aventureros y audaces españoles, conducidos y dirigidos por Cristóbal Colón, descubrieron América, debería poner en valor todos los hechos y realidades que nos unen como pueblos hermanos, en lugar de poner el acento en la separación y ruptura de los mismos.

Esto es lo que hoy, en nuestro y vuestro, cada vez más leído blog de El Calzador, me gustaría reseñar: Las muestras de identidad de una rica y enriquecedora cultura común, que denominamos con el nombre de Hispanidad.

Una estirpe, una lengua y un destino

Si nos centramos en la etimología del término, hispanidad deriva de “Hispania”, y era el nombre que los romanos daban a la provincia que abarcaba la Península Ibérica y el archipiélago Balear, así como a la zona norte del actual Marruecos.

Desde su primer origen hasta hoy, pasando por el citado hecho histórico del descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492 y la destacada etapa en la que la Corona de Castilla logró extender su territorio a otros continentes, el término de Hispanidad ha servido para referirnos a un sentimiento de pertenencia a una cultura común, a una inmensa comunidad formada por cerca de 400 millones de personas. La propia Real Academia, define hoy el término Hispanidad como: “Carácter genérico de todos los pueblos de lengua y cultura españolas”

Los datos avalan también esta riqueza cultural e identidad común. El español como lengua materna es hablada por más de 335 millones de personas (sólo superado por el chino).

José Hipólito Raposo, un abogado e historiador portugués, dijo que bajo el nombre de Hispanidad, se debería identificar el resultado del esfuerzo paralelo con que los españoles y portugueses alcanzaron y ejercitaron la capacidad de expansión ultramarina, sembrando de naciones nuevas el Nuevo Mundo. Españoles y Portugueses implantaron en América la civilización hispánica, por ello, el término de Hispanidad, debería incluir en la lengua, la religión, las costumbres, el derecho y el arte, como común patrimonio, en la herencia de Roma.

Evidentemente, como ocurre en todo lugar y en toda comunidad (hasta en una pequeña comunidad de vecinos) no siempre la convivencia es sencilla. No todos pensamos del mismo modo. Existen tantas personas como personalidades y formas de carácter diferentes. La riqueza de la diversidad no sólo no es mala, sino que también enriquece a los pueblos, precisamente por el hecho de aportar y sumar nuevas realidades culturales.

Para formar aquella vasta y rica cultura que hizo florecer y crecer a muchas sociedades en el pasado y que. hoy permite hermanar bajo una misma lengua y patrimonio común a cientos de millones de personas por los 5 continentes, muchos tuvieron que sacrificarse. Es sabido que también se cometieron errores y abusos, todo proceso colonizador suele conllevar el sometimiento de los pueblos colonizadores. Esta realidad no se debe dejar a un lado tampoco.

Hoy, en pleno siglo XXI, a dos días de celebrarse otro 12 de octubre, en la fiesta de la Hispanidad, me gustaría destacar esta realidad que ha unido y sigue uniendo a pueblos tan diferentes y tan parecidos, tan lejanos y cercanos: Argentina, México, Perú, Colombia, Bolivia, Venezuela, Chile, Paraguay, Uruguay, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Cuba,

Fiesta de la Hispanidad

Fiesta de la Hispanidad

Guatemala, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, Guinea Ecuatorial, El Salvador, Puerto Rico, EE.UU, Filipinas, Marruecos, Sáhara Occidental…, y, por supuesto, España.

Potenciemos la riqueza de lo diverso, conservando la identidad cultural de los pueblos. En palabras de Isaac Newton: “La unidad en la variedad, y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo”

Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

El polvo del 11-S

El 11 de septiembre de 2001 el cielo de Nueva York se tiño de negro y las Torres Gemelas, inauguradas un 4 de abril de 1973, emblema y sello del Centro Mundial del Comercio (World Trade Center), quedaron reducidas a una gran nube de polvo, como consecuencia de los atentados terroristas del grupo Al-Qaeda.

Dust Lady

“Dust Lady” / Stan Honda – AFP

La mujer que aparece en esta fotografía es Marcy Borders y ya no está para recordar aquella fatídica fecha, hace unos días falleció a consecuencia de un cáncer de estómago. Ella estaba convencida de que la causa de su enfermedad fueron precisamente los agentes químicos del polvo que tragó aquel día y que le llegó a cubrir todo el cuerpo.

Aquel día, Marcy, salvó su vida, volvió a nacer.

Trabajaba para el Bank of America, en una de las Torres Gemelas. Tras la caída de la torre, logró protegerse en un edificio cercano. Allí, aterrada, entre escombros y cubierta por la inmensa nube de polvo la encontró Stan Honda, el fotógrafo de la agencia AFP que tomó la imagen.

A partir de esa instantánea, Marcy Borders, sería conocida como la Dama de Polvo (“Dust Lady”), y su imagen dio la vuelta al mundo, como un símbolo de todo el horror vivido y, también, de supervivencia y unidad de la Democracia ante uno de los mayores ataques  cometidos contra la libertad.

Mientras escribo estas líneas para recordar y honrar la memoria de las casi tres mil víctimas mortales y los casi seis mil heridos de aquellos atentados terroristas me entristece  comprobar que la nube de polvo no sólo no ha desaparecido, sino que se ha extendido  dejando un mundo más gris, más hostil…

Echo la vista atrás y veo mucha sangre derramada, un mundo enfermo y marcado por el odio y por el mayor desprecio de los derechos humanos. Demasiadas vidas por vivir aniquiladas y enterradas por fundamentalismos y guerras tan incomprensibles como injustas.

  • 11 de septiembre de 2001, Nueva York, Washington (EE.UU): 2.978 muertos y más de 6.000 heridos
  • 12 de octubre de 2002, Kuta (Bali): 202 muertos y 209 heridos
  • 23 de octubre de 2002, Moscú (Rusia): 168 muertos y más de 100 heridos
  • 11 de marzo de 2004, Madrid (España): 191 muertos y 1.858 heridos
  • 4 de septiembre de 2004, Osetia del Norte (Rusia): 334 muertos (171 niños) y 783 heridos
  • 14 de febrero de 2005, Beirut (Líbano): 22 muertos y más de 100 heridos
  • 7 de julio de 2005, Londres (Inglaterra): 56 muertos y más de 90 heridos
  • 14 de agosto de 2007, Mosul (Irak): 796 muertos y 1.562 heridos
  • 26-29 de noviembre de 2008, Bombay (India): 188 muertos y 293 heridos
  • 22 de julio de 2011, Oslo y Uteya (Noruega): 77 muertos y más de 100 heridos
  • 15 de abril de 2013, Boston (EE.UU): 3 muertos y 282 heridos
  • 7 de enero de 2015, París (Francia): 11 muertos y 11 heridos

Por desgracia la lista enumerada no es numerus clausus y el reguero de sangre y atentados es mucho mayor que el aquí enumerado.

Demasiadas fechas para recordar, demasiado polvo para digerir…

Desconozco si Marcy Borders falleció a consecuencia de su enfermedad o si ésta fue provocada por tanto polvo tragado aquel 11 de septiembre, pero una cosa tengo clara: El mundo necesita, urgente, un antídoto para atajar el cáncer del terror o pronto no habrá lugar para enterrar a tantos muertos.

Sigo creyendo en los hombres. Tengo la esperanza de que el bien acabe triunfando, sobreponiéndose ante el mal. Creo en la democracia y en la libertad. Detesto la tiranía y me revelo ante los abusos y las violaciones de los derechos humanos. No quiero ni puedo resignarme ante el terror.

Sirva la imagen de esta Dama de Polvo para reivindicar la resistencia y fortaleza de los hombres y mujeres de bien ante aquellos otros individuos que nunca podrán limpiar su alma llena de odio y crueldad con la que se propusieron atemorizarnos a todos.

Atentado Torres Gemalas 11S

En el 14º aniversario de los atentados del 11-S (In memoriam)

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

El amor del verano

Escribo sentado en un banco de piedra anclado en una tranquila plaza de pueblo, el silencio sólo queda interrumpo por el quejido de algunas gaviotas que sobrevuelan por encima de mis recuerdos…

Desde el mirador de este pequeño pueblo pesquero observo la silueta de una joven pareja, caminan de la mano, sin prisas, se funden con la bella puesta de sol y sus rostros quedan reflejados bajo un mar en calma. Se miran, sonríen, se besan.

Al llegar la noche miro al cielo y me detengo en la constelación canis maior, la canícula, la más brillante de cuantas estrellas se puedan ver durante los días de verano en el hemisferio norte.  Nuestros antepasados creían que la popular estrella sumaba su calor al procedente del sol, lo que daba lugar al período más cálido del verano.

Puestas de sol, la mar, las estrellas, la canícula,…, el amor…

Amor de verano - Carlos D. Lacaci

¿Cómo no recordar al primer amor del verano? Es cierto, nunca se olvida el sentimiento de una primera caída en la vida, mucho menos cuando nos levantamos por primera vez. No olvido mi primer encuentro con el mar, aún menos los sentimientos primerizos de aquello que creímos amor y sólo era ilusión…

Ilusión, pasión, afirmación, negación, encuentros y desencuentros aferrados en un periodo de nuestra vida que quedaron grabados primero en nuestro corazón y ya, para siempre, en nuestra memoria, aunque no los recordemos, aunque los hayamos querido olvidar.

El Amor (con la ‘a’ mayúscula), es un sentimiento tan intenso y tan lleno de sacrificios y satisfacciones que pocas veces se podrá fotografiar en una tarde o noche de verano.

El amor del estío sucede con más frecuencia.

Cada vez que escucho el quejido de las gaviotas y camino entre la blanca espuma que a mi paso dejan las olas del mar; Cada noche que, mirando al cielo, veo millones de estrellas y entre ellas aquella que brilla con más intensidad; En cada nuevo amanecer, donde el sol refleja las siluetas de jóvenes cogidos de sus manos, veo y siento mucho amor.

No hay nadie en este mundo que haya hecho posible todas estas cosas sin ser capaz de amar. Quien esto hizo, supo amar de verdad.

Cierro mi libreta, me marcho paseando tranquilo y pienso en aquellos sentimientos cuando por entonces caminaba bajo la estrella Sirio, la canícula, la que más brillaba de todas y junto a aquel mar en calma que hoy sigue devolviendo a la orilla todo lo que no es suyo, como los besos robados de aquel amor de verano.

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Gestos necesarios

Vivimos en un mundo bastante hostil para el necesitado. No parece quedar mucho margen para pausar las prisas y los intereses propios con los que cada uno de nosotros transitamos por este nada sencillo camino que es la vida.

Los días, las semanas, los meses y los años pasan de forma precipitada y manera fugaz. Durante este viaje cargamos con mochilas demasiado llenas de vanidades y banalidades, demasiado vacías de generosidad y desprendimientos para con los que van quedando atrás.

Un buen ejercicio para intentar concienciarnos de las dificultades ajenas que se suceden a nuestro alrededor y sobre las que pasamos sin darnos casi cuenta de ellas seria olvidarnos de nuestros quehaceres y obligaciones, despojarnos de nuestras prioridades y salir a la calle, sólo a observar, únicamente a intentar mejorar la vida o, si quiera, el momento puntual de alguna persona.

Háganlo, aunque sea un solo día. Experimentarán múltiples y variadas situaciones susceptibles de contar con su ayuda…

Gestos necesarios - Lacaci

Una vuelta por las calles de la ciudad y se cruzarán con alguna persona invidente o con alguna persona de avanzada edad que necesita de su brazo para poder cruz una calle con mayor seguridad y menos riesgo para ella misma; Sigan paseando sin prisa y, seguro, se encontrarán con una persona impedida portando unas muletas o una silla de ruedas que necesita de su ayuda para salvar alguna barrera del mobiliario urbano para proseguir su nada fácil camino; Súbanse a un autobús o a algún suburbano y reserven una plaza para esa persona mayor que necesita asiento o para esa otra señora que, fatigada por su estado de buena esperanza, también busca un hueco donde descansar junto a su futuro bebé; Dense una vuelta por cualquier hospital y, preferiblemente, diríjanse a una unidad de oncología, o la sala de espera de una UCI, una vez allí, consuelen con un gesto de cariño a cualquier persona que sufra por esperar las inciertas noticias de sus familiares ingresados…

Si prueben esta experiencia, si salen un día a la calle y tratan de realizar un pequeño gesto de ayuda hacia los demás, no sólo no se arrepentirán de haberlo intentando, les aseguro que llegarán a sus casas muy satisfechos, incluso más orgullosos que al término de cualquier otra jornada de su trabajo u obligaciones rutinarias y cotidianas.

Y, ¿saben por qué estos pequeños gestos hacia los demás les proporcionarán mayor alegría que otros logros conseguidos a beneficio propio? Porque, en realidad, la mejor manera para ser felices es hacer felices a los demás o, al menos, ayudar para que nadie sufra.

Sin duda, con pequeños gestos, contribuimos a hacer un mundo más justo y ecuánime. La generosidad, además, no consiste en dar mucho, sino en dar a tiempo.

Por tanto, sugiero que seamos felices ayudando a los demás y practiquemos una forma de vida que, citando a John Wesley (teólogo inglés del siglo XVIII) sería así: “Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, de todas las formas que puedas, en todos los lugares que puedas, todas las veces que puedas, a todas las personas que puedas, todo el tiempo que puedas.

Con mi admiración para todas las personas que, cada día, realizan estos pequeños grandes gestos.

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Síndrome de bondad

Queridos lectores, les pido en esta ocasión una licencia para aprovechar un artículo que en su día escribí con ocasión del Día Internacional del Síndrome de Down para traerlo ahora al blog de El Calzador. La decisión que me ha llevado a reproducir y compartir con todos ustedes estas líneas responde a las siguientes razones:

Por un lado, como ya habrán podido leer los más asiduos a estos “momentos de silencio”, en la pasada publicación del 3 de junio https://elkalzador.wordpress.com/2015/06/03/fiesta-benefica-el-calzador/ los miembros del Consejo que formamos El Calzador, hemos organizado una fiesta benéfica que se llevará a cabo, D.m., el día 4 de julio, con un doble propósito: Agradecer el cariño y el apoyo de todos nuestros lectores y de los colaboradores que han aportado sus excelentes escritos en esta primera temporada. Y, en paralelo, recaudar fondos para una causa tan justa como necesaria, cual es la de ayudar a las personas con capacidades diferentes, a través de la Fundación Garrigou http://fundaciongarrigou.org , para intentar ayudarles en su formación y dotarles de medios para que consigan un presente y un futuro menos difícil.

Por otro lado, aunque cuando se conmemora el Día Internacional de la causa que sea, entendiendo aquélla como justa, se contribuye a concienciar a la sociedad y a apoyarla, no es menos cierto que este tipo de causas no deben ser flor de un día. Las personas con capacidades diferentes, merecen un apoyo, respeto y cariño, todos y cada uno de los días del año.

El artículo que aquí les traigo, fue publicado en Neupic https://neupic.com/articles/sindrome-de-bondad , se titulaba: “Síndrome de Bondad” y decía así:

“La pasada semana se celebró el Día Mundial del Síndrome de Down.

Carlos D. Lacaci

La propia Asamblea General de las Naciones Unidas quiso aumentar la conciencia sobre esta cuestión y para ello fijó la fecha del 21 de marzo en el calendario colectivo para recordar la dignidad inherente y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades.

También se resaltó la importancia de su autonomía e independencia individual, en particular la libertad de tomar sus propias decisiones. Esta iniciativa supone no sólo un gran acierto por parte del organismo internacional sino que, además, significa un necesario y justo paso adelante para la protección de los derechos humanos.

Cualquier país en el mundo que respete los derechos fundamentales se habrá dotado de un conjunto de normas que protejan la igualdad y el derecho a no discriminar a ninguna persona por razón de su nacimiento o cualquier otra condición o circunstancia personal. En la cúspide de esa pirámide normativa, la Constitución, como norma suprema del ordenamiento jurídico, así lo prescribe.

En el caso de nuestra Carta Magna, podemos leer en su Art. 10: “La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social” y en su Art.14: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”

Pues bien, lo más importante, a mi modo de ver, no es tanto estar a lo que dice la ley, que también se debe hacer, sino entender y comprender la mirada, el corazón, los sentimientos y la inteligencia de todas las personas que tienen esta combinación cromosómica natural, denominada como trisomía del par 21 o más habitualmente como Síndrome de Down, por el nombre del científico John Langdon Down, que fue el primero en describir esta alteración genética en 1866.

Cuando observemos y comprendamos a una persona con esta alteración cromosómica nos daremos cuenta de que no son iguales. Efectivamente, son diferentes a muchos de nosotros (los que no tenemos esta combinación cromosómica alterada).

Así es, las personas que he conocido con síndrome de Down son más sensibles y trabajadoras, se esfuerzan por aprender cosas nuevas con más ilusión y entusiasmo, realizan cualquier actividad encomendada con mucho más cuidado del que yo mismo pongo en mis tareas cotidianas…

Cuando observen a un niño o adulto con síndrome de Down mírenle bien, verán como la única diferencia que ahora perciben es que son mejores que muchos de nosotros, sobre todo, por carecer de malicia, por su bondad infinita.

Sirvan estas líneas escritas para expresar mi respeto, admiración y reconocimiento para todas estas personas que me transmiten un infinito Síndrome de… Bondad”

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado