Vivir sin amor, no es vivir

“El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,

no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,

no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

He querido comenzar este artículo recordando un bello poema del apóstol San Pablo, recogido en la primera epístola a los corintios (Corintios 13:4-7), en el cual, se glorifica el amor como la mayor de las virtudes.

Hoy es 14 de febrero, una fecha marcada en el calendario para celebrar la festividad de San Valentín. Aunque muchos de los que ahora celebran este día, recordado de forma insistente por los reclamos publicitarios de marcas y centros comerciales, no saben del verdadero origen de esta efeméride que encuentra en la antigua Roma sus primeras raíces.

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La festividad del 14 de febrero empezó a ser asociada con el amor, a raíz de la historia de San Valentín, quien al no querer renunciar al cristianismo y haber casado a soldados en secreto después de que el matrimonio de soldados profesionales fuera prohibido por el emperador Claudio II, habría sido ejecutado, precisamente, un 14 de febrero. De esta forma, el papa Gelasio I, declaró la festividad de San Valentín, a partir del año 498

Pero sobre lo que hoy escribo, más allá de la festividad o la tradición que se viene realizando en torno a este día, también conocido como “Día de los enamorados”, no está relacionado, únicamente, con un concepto de amor de pareja.

En estas líneas, me gustaría reflejar un concepto amplio de amor, universal. Creo, firmemente, en la necesidad de vivir la vida con amor. Vivir sin amor es una manera muy triste y difícil de vivir.

Cuando nacemos, por lo general, venimos al mundo fruto del amor de nuestros padres. Este amor, es visto como creador del bien en el mundo; es el modo en el que se ve a Dios amar a la humanidad, y es la clase de amor que los cristianos aspiran a tener por sus semejantes. A partir de este momento, transitaremos por la vida, optando entre diferentes formas y maneras de caminar.

Resulta muy ilustrativa la definición que hace la Real Academia sobre el concepto amor, dentro de su primera acepción: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” Es evidente que los seres humanos necesitamos de la interacción y del afecto de nuestros semejantes.

Lo que no se define en ningún diccionario académico, ni en ningún otro tratado de filosofía o de humanidades es cómo se consigue mantener ese afecto, el amor que ofrecemos o que nos es ofrecido. Esta cuestión, quizá, es más complicada de responder que el hecho de enamorarse por primera vez.

Hace poco leí una frase que expresa bien la importancia de cuidar y mantener vivo el amor, más allá del hecho de haber llegado por primera vez a él. Decía: “En el amor no se trata de quien diga primero Te Amo, sino de quien sostiene este Te Amo hasta el final”

A mi modo de ver, una de las claves para caminar por la vida de forma más completa, cubriendo los propios vacíos de nuestro interior es, sin duda, viviendo con amor y, sobre todo, tratando de mantener ese amor.

Y, aquí, vuelvo a reflejar el concepto amplio de amor al que vengo refiriéndome. No hablo solo del amor de pareja, habló también del amor a nuestra madre, a nuestro padre, a nuestros hermanos, a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestra profesión, a nuestros proyectos, a nuestro mundo y entorno en el que vivimos, a nosotros mismos…

Cuando una persona se encuentra con el amor, casi todo lo demás se relativiza. Viviendo con la pasión que el amor produce en nuestro interior, pocas cosas, muy pocas, son capaces de frenar nuestra ilusión por la vida. Ahora bien, lo difícil, no es enamorarse. Encontrar razones que nos produzcan intensos y apasionados sentimientos por haber encontrado a una persona o por la ilusión de un proyecto de vida, es relativamente sencillo que suceda. Lo más difícil es saber cuidar bien de ese amor que la vida puso en nuestro camino para intentar que se mantenga en el tiempo.

Si logramos vivir con amor, con pasión, con ilusión, conseguiremos una vida más plena y más feliz. Nos haremos un bien a nosotros mismos y, también, a nuestros semejantes. En definitiva, el amor, significa también la virtud que representa todo el afecto, la bondad y la compasión del ser humano.

Pruébenlo, vivan con amor…, verán cómo se van llenando todos los vacíos. Como dijo el poeta “Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama”

Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

El amor del verano

Escribo sentado en un banco de piedra anclado en una tranquila plaza de pueblo, el silencio sólo queda interrumpo por el quejido de algunas gaviotas que sobrevuelan por encima de mis recuerdos…

Desde el mirador de este pequeño pueblo pesquero observo la silueta de una joven pareja, caminan de la mano, sin prisas, se funden con la bella puesta de sol y sus rostros quedan reflejados bajo un mar en calma. Se miran, sonríen, se besan.

Al llegar la noche miro al cielo y me detengo en la constelación canis maior, la canícula, la más brillante de cuantas estrellas se puedan ver durante los días de verano en el hemisferio norte.  Nuestros antepasados creían que la popular estrella sumaba su calor al procedente del sol, lo que daba lugar al período más cálido del verano.

Puestas de sol, la mar, las estrellas, la canícula,…, el amor…

Amor de verano - Carlos D. Lacaci

¿Cómo no recordar al primer amor del verano? Es cierto, nunca se olvida el sentimiento de una primera caída en la vida, mucho menos cuando nos levantamos por primera vez. No olvido mi primer encuentro con el mar, aún menos los sentimientos primerizos de aquello que creímos amor y sólo era ilusión…

Ilusión, pasión, afirmación, negación, encuentros y desencuentros aferrados en un periodo de nuestra vida que quedaron grabados primero en nuestro corazón y ya, para siempre, en nuestra memoria, aunque no los recordemos, aunque los hayamos querido olvidar.

El Amor (con la ‘a’ mayúscula), es un sentimiento tan intenso y tan lleno de sacrificios y satisfacciones que pocas veces se podrá fotografiar en una tarde o noche de verano.

El amor del estío sucede con más frecuencia.

Cada vez que escucho el quejido de las gaviotas y camino entre la blanca espuma que a mi paso dejan las olas del mar; Cada noche que, mirando al cielo, veo millones de estrellas y entre ellas aquella que brilla con más intensidad; En cada nuevo amanecer, donde el sol refleja las siluetas de jóvenes cogidos de sus manos, veo y siento mucho amor.

No hay nadie en este mundo que haya hecho posible todas estas cosas sin ser capaz de amar. Quien esto hizo, supo amar de verdad.

Cierro mi libreta, me marcho paseando tranquilo y pienso en aquellos sentimientos cuando por entonces caminaba bajo la estrella Sirio, la canícula, la que más brillaba de todas y junto a aquel mar en calma que hoy sigue devolviendo a la orilla todo lo que no es suyo, como los besos robados de aquel amor de verano.

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado