Y decidieron llamarle magia

Porque la magia es eso que todos sabemos que tiene truco y, sin embargo, seguimos deseando creer que es un poder sobrenatural. Porque la magia hace aparecer cosas de forma inesperada, sorprendente. Porque aunque lo veas con tus propios ojos, cuesta creerlo. Porque lo impregna todo y consigue ese momento en el que todo se paraliza y ya nada más parece importar. Porque deja siempre una sombra de duda, de irrealidad.

Esta es la historia de una amistad. Bueno… en realidad, quizás sea una historia de amor; o mejor, aún podría ser la historia más bonita sin etiquetas que, por no tener continuidad, nunca termine.

“Dicen que de la amistad se pasa al amor, del amor al cariño, del cariño a la monotonía y después… nada. Así que mejor la historia más bonita sin etiquetas. Con el final que sea pero la más bonita. Intensa… divertida… ardiente… dulce”.

Cada verano, desde que eran niños sus casas se acercaban durante unos días en que compartían momentos deliciosos, muy cargados de diversión, admiración y atracción. Y se convirtió en algo mítico, idílico, platónico.

Crecieron esperando año tras año la llegada del verano. Bastaba acercarse al destino para empezar a sentir el cosquilleo agridulce de esa búsqueda incansable, por simplemente encontrarse. Propiciar verse, compartir, reír y volver a comprobar que, un año más, saltaban chispas de sus miradas. Algo que debía producirse materialmente, hasta con ruido, porque se notaba, se rumoreaba…

Nueva regresión. Disimular, bajar el ritmo, año tras año sin que ninguno de los dos supiera que eso mismo le sucedía al otro, sin que ninguno diera ni un solo paso más allá que disfrutar de compartir con el otro esos momentos de complicidad. Cada año comprobando que la diferencia de edad entre ambos seguía constantemente siendo la misma. Algo que por aquel entonces parecía tener importancia.

Justo cuando la edad dejó de ser importante, aparecieron las circunstancias. ¿Es posible que esto les haya llevado a ser personas camaleónicas capaces de adaptarse manteniendo algún tipo de base sólida que haga de esa complicidad algo permanente?. No importaba que alguno de ambos tuviera pareja. Complicidad y respeto máximo. Jamás la más mínima muestra de dolor, de posesión o pérdida. No importaba que alguno de ambos algún año no apareciera por ahí ese verano.

Bueno, sí importaban ambas cosas…. un par de días mirando al mar con nostalgia hasta situarse en la tesitura de “la vida sigue para disfrutarla conforme se presenta”. ¿Es posible vivir con el constante recuerdo de sensaciones? Sólo sensaciones de las que nunca jamás llegaron a hablar. ¿Es posible que pasen los años y permanezcan?. Es posible.

De pronto… años en los que un profundo silencio pareció alejarles.

“¿Dónde estabas?” Se dijeron en algún momento como pidiéndole al otro que le cantara muy despacito la canción de todos esos años.

Creciendo. Emprendiendo. Invirtiendo tiempo buscando quien les hiciera reír, descubriendo el éxito y, en ocasiones, también sintiendo el frío calando los huesos, viviendo algunas realidades, algunos sueños, ilusiones, alguna que otra mentira, alguna que otra traición, alguna que otra noche en la que todo parece acabarse.

Magia. Un reencuentro alegre, fortuito, en el que basta un segundo para comprobar que todo sigue ahí, desmedida confianza para dos individuales desconfiados. Un encuentro desconcertante…

Se desata una irremediable necesidad de hablar sin parar. Al detalle, esculpiendo las palabras con gestos. Queda poco tiempo para que acabe el verano, para ponerse al corriente. Buena dosis de distancia y respeto fruto del bagaje vital, de la mutua admiración, o del temor a otro largo silencio. Y una dosis todavía mayor e irresistible a sonreír, al cruce de miradas abrasivas de las que no se es capaz de encontrar ni una sola explicación si se apela a la lógica.

Magia para El CalzadorTodo se convierte en un tono afirmativo, de esos que colocan en posición de descubrir que se es incapaz de decir a nada que no, de los que a la vez enmudecen y limitan dar ningún paso. De esos que hasta hacen dudar. De los más afirmativos, magia sin etiquetas.

De pronto, y trasladados a la más tierna adolescencia se ven en el último día. Son adultos, tienen opciones y más vida tras el verano. Pero allí está la magia, es allí donde siempre se ha situado como si de un paraíso particular se tratara. Y se acaba… Los minutos cuentan…

Un paseo por el mar de madrugada. ¿Qué tendrá el mar y su brisa en la quietud de la noche? Es el más perfecto ladrón de los mejores abrazos posibles, de esos que te hacen “no hacer pie”, porque literalmente, flotas, vuelas…

Y es entonces cuando descubren que la edad ya no importa. Ella es ahora físicamente la pequeña. Él un hombre fuerte, maduro, sensible, infinitamente educado y con millas de recorrido vital. Crecieron. ¿Acaso no merece la pena lo que sea por tanta intensidad?.

El tiempo corre y ellos desayunarían mil veces. Confesiones a corazón abierto sobre sus alegrías y penurias, sobre sus experiencias con sus parejas, descubriendo la cara oculta quizás de lo que han vivido y lo que no quieren volver a vivir. Están dibujando afinidades.

Existe un estado físico y mental en el que dos personas no sabrían decir lo que les sucede exactamente. No es falta de palabras, de lo que han estado sobrados hasta entonces, es que no las hay hasta el punto de que da miedo. Un estado en el que no parecen encontrarse preparados para nada. Prevén un mínimo ante un máximo que, sin más, sucede. Sucede perfecto. Sucede con calma.

Sensaciones. Respiración. Escalofríos. Risas. Inseguridades. Muchas seguridades. Fuerza para creer, para sonreír, para seguir adelante con sus vidas.

Y de pronto … la felicidad llena el momento por completo deseando detener el tiempo… Y también de pronto golpea el dolor porque existe la realidad y surge el miedo. Ningún miedo a no saber avanzar, no hay miedo a la distancia, no hay miedo a la no perfección, no hay miedo a perder la confianza ni la amistad, ni siquiera a una larga temporada de silencio. Muchos años avalan que eso no es posible que suceda por encima de lo que sea.

Todo está ahí, donde quieren que siga estando. Sólo y todo es miedo a que desaparezca la magia, como si avanzar pudiera romper el hechizo. Convertir en normal lo sobrenatural y encontrar un final que nunca pretendieron si quiera iniciar por miedo a que acabara.

Sea como sea, pase lo que pase, un regalo vital de esos que se quedan tatuados en la piel para siempre. Merecido regalo de magia sin etiquetas y sin final. Magia de una canción titulada “Nada que temer”.

Susana González

@SusanaCyZ

Anuncios