La generación de Espinete

(Comienzo este post haciendo públicas mis disculpas por mi prolongada ausencia en el blog. No al sufrido lector, que habrá respirado aliviado, disfrutando de las habilidades literarias de mis compañeros de aventura, sino a quiénes con su esfuerzo impulsan el blog y permiten que otros disfrutemos de los halagos colectivos que no nos corresponden. Sirvan estas palabras de agradecimiento por su generosidad y comprensión.)

Resulta verdaderamente sorprendente como, a medida que cumples años, la sensación inconsciente y no buscada de pertenencia a un colectivo con el que te unen una serie de factores identitarios que han marcado tu infancia, crecimiento y desarrollo personal se hace más perceptible, y cuando aparece, más satisfactoria. Acertaba, sin duda, ORTEGA y GASSET en sus reflexiones sobre el concepto de generación (en su En torno a Galileo) cuando apuntaba que el descubrimiento de que estamos fatalmente adscritos a un cierto grupo de edad y a un estilo de vida es una de las experiencias melancólicas que, antes o después, todo hombre sensible llega a hacer.”

En el marco de estas reflexiones definía ORTEGA el concepto de generación como una caravana dentro de la cual va el hombre prisionero, pero a la vez secretamente voluntario y satisfecho. Va en ella fiel a los poetas de su edad, a las ideas políticas de su tiempo, al tipo de mujer triunfante en su mocedad y hasta al modo de andar usado a los veinticinco años. (…). Cada individuo reconoce misteriosamente a los demás de su colectividad, como las hormigas de cada hormiguero se distinguen por una peculiar adoración.

Es esa percepción subjetiva de pertenencia inconsciente a una colectividad y no una regla objetiva es la que verdaderamente delimita el concepto de generación, al abrigo de unas vivencias especialmente intensas y por qué no cariñosamente recordadas de infancia y juventud. Es difícil explicarlo pero estoy convencido que alguno leyendo estás líneas tendrá la sensación de pertenencia al hormiguero al que me voy a detener y a la que con poca originalidad y siguiendo al afamado monólogo me refiero como la generación de Espinete.

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No se vosotros pero siempre esbozo una sonrisa melancólica y cómplice cuando recuerdo a Mazinger Z, Comando G, Barrio Sésamo, Dartacan, o la Abeja Maya o cuando alguien reconoce en un ataque de sinceridad que lloró Marco y su madre.

En mi equipo están quiénes se acuerdan del gol a Arconada, de los cromos Panini, de los teléfonos fijos, de las chaquetas bomber, de Teresa Rabal, de Fofito y Miliki, de los plumas Ron Neige, de la Atari, de los videojuegis de cartucho, de las pesetas, del Amstrad CPC (del de casette) o del comando “Run Disc”, de las máquinas de marcianos, de las chapas, de las air jordan o las reebok pump, de las Paredes, de las J’hayber, las Stan Smith, del balón de fútbol sala Mikasa, de la Quinta del Buitre, de los dibujos después del Telediario los fines de semana, de EGB, de COU, de las cartas de motos y de coches, de las carpetas forradas, del Gigantes del Basket, de los comics del Jabato, de los cines en la ciudad, del bonobús, de los 5 canales de televisión, de viajar toda la familia en un solo coche el mes de agosto con equipaje incluido y sobrar espacio, de las bicis california o BMX, de la Guerra de las Galaxias, de Querétaro, de estudiar la carrera sin internet, del wordreference, de la conexión a internet vía modem y sus interminable ruidos y sonidos, de hacer trabajos con la enciclopedia Espasa, de estudiar ciencias sociales y ciencias naturales, de repetir un curso llegado el caso, de ser castigados, de cuando el profesor y el maestro mandaban en clase, de las ruedas de prensa de Gil y Gil o del mamporro de éste a Caneda, de cuando las películas o series empezaban justo después del telediario y acababan antes de las 12, del teletexto, de rebobinar cintas con el boli bic, del Cococrash, el Blandiblu o las manos locas, y de tantas y tantas otras cosas…

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Estoy convencido de que las vivencias anteriores y otras muchas que me dejo en el tintero o no he sabido recordar o recoger por mi torpeza son suficientes para poder delimitar una generación, los nacidos a mediados o finales de los años 70, generación post transición, pero pre Logse, pre Bolonia y Pre Redes Sociales. Una generación (perdonadme la 1º persona), que hemos crecido en democracia, pero con la ilusión de quién la estrena, con la presencia cercana y el relato detallado de quiénes lucharon por ella y sin los vicios propios de un sistema que parece haber olvidado de dónde venimos y cuanto cuesta lo logrado.

Me gusta pensar que son los míos los que han tenido que llamar al teléfono fijo –si existían- que nos lo coja el padre y preguntar temblorosos por su hija (no puedo utilizar sino el ejemplo de lo que yo he vivido). Creo que algo tan simple como eso, puede definir alguno de los factores identitarios como colectivo. No sé si es mejor o peor que la interactuación vía mensajes instantáneos o RRSS, pero había que pasar por eso, no quedaba otra. Las cosas costaban más, se conseguían menos veces que ahora, y cuando se conseguía se disfrutaba mucho más.

No es la generación de la que más se hable, ni “Ni-NIS”, “JASP”, ni “Millenials”, tampoco la que más oportunidades ha tenido o la que más títulos acumula, pero sí la que ha tenido una educación más próxima al mérito, a la capacidad y al esfuerzo. Hemos repetido curso si era preciso, e incluso “sufrido” lecciones magistrales, ahora perseguidas en la Universidad (lean la ironía) o vivido en primera línea la dureza de la crisis en pleno crecimiento profesional; pero, sobre todo, hemos tenido muy cerca el ejemplo de quiénes en una época mucho más complicada pelearon por lo que ahora tan poco valoramos. Esa mezcla entre presencia cercana de aquello de dónde venimos, y el disfrute de los derechos y oportunidades de un marco recién estrenado es un equilibro razonable y moderado, alejado de los excesos actuales.

Son los motivos anteriores, muchos de ellos simples vaguedades, o meras sensaciones, los que me empujan a creer que es el momento de esta generación, en todos los ámbitos de la vida profesional y pública. Se trata de continuar el trabajo de nuestros mayores, de reconstruir y reforzar todo lo bueno que nos ha permitido disfrutar hasta fechas no muy lejanas de una de las épocas más prósperas en los últimos siglos. En un mismo hormiguero –siguiendo con el símil orteguiano- hay hormigas de todos los tipos, colores y condición, pero siempre será más fácil entenderse entres quiénes han jugado con un Spectrum que quiénes no lo han hecho, toca dar el paso adelante, y que nos dejen, atisbos de ello hay en los últimos tiempos, pero queda que se confirme.

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