Canarias, capital Caldas de Reyes

En la novela cunqueiriana Si o vello Sinbad volvese ás illas…, protagonizada por la versión morriñenta del viejo marinero de Las mil y una noches, se deslizan las páginas entre planes de volver a visitar todas aquellas islas que navegó, o soñó, Simbad.

Ninguna similitud con el ilustre Luis Abeledo, jurista, tuitero y persona, en su disfrute de la vida desde su particular ínsula Barataria. Desde su cercana distancia canaria, él pensó un día en reclutar a siete cabos sueltos, tan prestigiosos y disolutos juristas (valga la redundancia), para romper algún que otro esquema. Y da la impresión de que el tal Abeledo consigue todo lo que se le pasa por la cabeza.

En ésas hemos llegado al primer cumpleaños de El Calzador. Más de ciento cuarenta textos después, incluyendo los de multitud de colaboradores que han dado color y lustre al lugar, las entregas del incierto Abeledo han venido divirtiendo sin excepción a la fiel parroquia calzadoreña. El abeledismo es un movimiento que lleva tiempo sacudiendo tuiter, y en campo grande no ha decepcionado. Su visión irónica de las cosas, de su genética galaica, junto con su aparente parsimonia, adquisición islera, nos han regalado piezas cargadas de retranca, con un ritmo que parece pausado pero lleva una velocidad endiablada. De eso trata el abeledismo.

Para muestra, su crónica de la divertida fiesta benéfica organizada un caluroso sábado del pasado julio, en ese Madrid que Abeledo gobierna desde su ínsula.

Crónica de la Fiesta de El Calzador. Crónica de un éxito anunciado, por Luis Abeledo Iglesias.

Luís M. Teira
Becario (renovado)

¿Dónde estabas cuando Iniesta marcó el gol del mundial?

¿Dónde estabas cuando Iniesta marcó el gol del mundial?

El tópico de los tópicos. El fútbol. Si los tópicos tienen una cosa es que casi siempre tienen algo de verdad. ¿No creéis que la personas con las que vimos la final de aquel mundial podrían definirnos como personas? ¿ser nuestro propio tópico?

Ese momento fue un momento especial por lo menos a quien le guste el fútbol.

Yo estaba en mi casa. Bueno, la casa de mis padres que voy teniendo una edad. No alcanzo a recordar el porqué estaba allí. No eran unas fechas normales de vacaciones. No lo puedo recordar. Pero estaba en casa de mis padres. Un momentos y un destino claudiocoelliano. Estaba con mi padre.

Recuerdo hablar con alguno de mis amigos para saber si iban a ver el partido en casa de alguien, en la suya, en un bar… Hablé con Fernando, se quedaba en casa. Otros amigos se iban a verlo a un bar (allí fuimos después del partido). A mi me apetecía, quería ver el partido con mi padre. ¿Y si ganaban? Siempre podría recordar un momento padre e hijo grandioso. Me quedé. A Luis, mi hijo, le quedaba todavía un mes y pico para nacer. Físicamente estuvo varios minutos viéndolo con nosotros. Tres generaciones de Luis Abeledo sentadas en un sofá viendo una final de un mundial de fútbol. (Luisito breves minutos a través de los ojos verdes de su madre)

Aquél día fue raro. Mi padre estaba nervioso. Es uno de los dos días que recuerdo haber notado sus nervios. El primero fue el día que lo llamé para decirle que había acabado la carrera –este día no acierto a saber qué tipo de nervios eran: por haber acabado la carrera, porque empezaba la vida real o por lo contento que estaba por la libertad que era decir: ahora, hijo mío, a trabajar que está bien de vivir de tus padres- (mi sueño de vivir del cuento y ser como un conde mediático de la época se acabó de golpe y porrazo).

La otra vez fue en el momento del partido. Coca cola y aceitunas. Muy de mi padre. Un austero refrigerio para un partido con prórroga (hubo prórroga, ¿no?). Recuerdo haber echado a mi abuela, a mi madre y a mi mujer un par de veces del salón. Eso no es raro. A medida que cumplo años mi carácter empeora por momentos y, como los gráficos de paro en plena crisis, va en una línea hacia arriba que, casi seguro, acabaré siendo un señor mayor como un Umbral cabreado. Recuerdo que mi padre también las echó. Es la única vez en mi vida que escuché a mi padre decir “dejad ya de molestar”. Un exceso. Hoy todavía estoy sorprendido de aquellas palabras. Recuerdo haber insultado al árbitro con la patada a Xabi Alonso. Recuerdo que mi padre insultó al árbitro con la patada a Xabi Alonso. Hasta aquel momento no tenía  consciencia de haber escuchado escuchar a mi padre insultar a nadie. Seguro que lo hacía cuando era entrenador de fútbol pero no está en mi acervo paterno-filial.

Gol de iniesta

Mi padre grito gol. Yo estaba allí. Pude abrazar a mi padre en aquel momento. Él me pudo abrazar.

¿Dónde y con quién estabas tú?

@luisabeledo

De aquella manera.

Hablar del Santiago Apóstol o Apóstol Santiago es lo más difícil que me han encargado en este blog. En primer lugar, porque es un tema de una extensión inabarcable. En segundo lugar, ¿de qué hablas? ¿De la figura histórica, de la catedral, del abrazo, de la fiesta, de los pulpeiros en la Herradura, de la mítica Noria de la Alameda, de la seguridad que sentimos al vivir y estudiar en una ciudad en donde te sabes cuidado por una de los mayores figuras de la cristiandad? Muy difícil.

Podría hablar del Códice Calixtino tan bien resguardado de los ojos de los estudiosos y eruditos que buscan criticar al Camino de Santiago como Patrimonio de la Humanidad por un operario de la Catedral durante unos años. Por desgracia, un avezado juez de instrucción, encontró el libro y hasta escribió una novela que nada tiene que ver con las Diligencias Previas. Menos mal.

Podría hablar de la vinculación de los gallegos en general con el Apóstol. El Reyno Galaico, abundantemente poblado por Santiagos, Jacobos o Iagos (como mi hermano al que debo felicitar por su santo en el día de hoy).

Podría hablar de los estudiantes, de su Universidad de Santiago, de su propiedad intelectual que pertenece a Santiago, en donde su Paraninfo limita al Norte con la Plaza de la Quintana que es un espacio de transición hasta el Pórtico de la Gloria que es el mejor y más digno portal de la casa de todos los gallegos.

Podría hablar de cómo los turistas es esfuerzan esperando afanosamente la cola para subir a dar el abrazo a la imagen del Apóstol pero olvidan temerariamente no bajar a la cripta a presentar los debidos respetos, rezar un Padre Nuestro y dejar un razonable detalle para mantener esa urna en donde descansa el Patrón de España; o como van a pedir los deseos al árbol de la vida y luego no dan la vuelta para dar los “croques” en el sitio correcto.

También podría hablar de cómo pasa desapercibido una de las imágenes históricas que por eso de las alianzas de civilizaciones se quiso hurtar. ¿Qué niño gallego no aprendió de que color era el caballo de Santiago con el infantil juego de palabras que nos hacían? A ver meniño: ¿de qué color es el caballo blanco de Santiago?

Podría hablar de los famosos fuegos de las fiestas del Apóstol que han traído con las nuevas tecnologías unos juegos de luces, formas, imágenes plasmadas en el mejor lienzo posible, la fachada del Obradoiro de Casas Novoa, hoy un imposible. No me imagino a nadie diciendo: oye, fulano, vamos a hacer un proyecto para mejorar esta obra. ¿mejorar? ¿Has vuelto a beber entre semana?

Podría hablar de cómo en todas y en cada una de las numerosas visitas que hago a Galicia un día está reservado a Santiago, como ciudad y como elemento de regeneración espiritual. Podría hablar, como orgulloso padre, de como mi hijo, cuando llega a Galicia, me pregunta ¿cuándo vamos dar un abrazo al Apóstol? Y, al llegar, se sube, entrega su cariñoso abrazo y continúa el camino directo a la cripta con la naturalidad de quien visita habitualmente a un pariente querido. Pero esa es otra historia.

Podría hablar de muchos recuerdos y experiencias pero creo que es mejor que os invite a vivir las vuestras propias y pedir Su protección, que seguro os lo concederá. Luisito lo hace.

Luis Abeledo Iglesias

@luisabeledo

Crónica de la Fiesta de El Calzador. Crónica de un éxito anunciado.

Crónica de la Fiesta de El Calzador. Crónica de un éxito anunciado

Me han pedido que haga una crónica de la fiesta y he prometido no hablar de las zapatillas rosa salmón de Emilio Gude.

Creo que se han creído que soy una especie de Jorge Javier Vázquez o algo así. (JJ estaba invitado y confirmado pero creo que su taxi quedó bloqueado en el centro de Madrid. No tengo muy claro el motivo).

La fiesta se celebro en el http://quioscodelareina.es/node/1 en Madrid. En un parque. ¿por qué?

No lo se. Creo que alguno de los organizadores tenía morriña de hacer un botellón y no se le ocurrió mejor idea. El lugar no era malo del todo. Tenía árboles, mesas, sillas y una terraza en el exterior, sin climatizador. ¿para qué? Los 35 grados de noche fueron fácilmente soportables.

Los tickets sellados para pedir las bebidas fueron un detallazo. Una vuelta a la adolescencia. Rejuvenecer veinte años (eso yo, otros bastantes más). Un detalle muy agradecido.

La fiesta estaba preparada para las 21:00 hora zulú. Con la llegada de las primera mujeres a la fiesta hubo algún miembro del consejo que se bloqueó. No lo entiendan mal. Fue de la emoción de ver que realmente no eramos un grupo como los que salen en las películas americanas que se reúnen por internet. Un alivio. Aquellos que en la próxima edición vengan para poder ligar le confirmamos el gran nivel de las asistentes.

Fueron llegando más personas hasta poco más de cien. Después del bloqueo de la página en blanco, de la primera invitada, asumimos el éxito como lógico y normal. El poder de convocatoria es lo que tiene. Además, alguien había filtrado que venía Vargas Llosa con una novia nueva que tiene.

Una vez reunidos, el primer momento estelar fueron los discursos. El evento, minuciosamente planeado hasta el detalle, comenzaba.

@EstefaniaNussio , espectacular, daba comienzo a los fastos. El calzador había organizado una gala a la altura de ¡Murcia, qué hermosa eres! y daba paso a Carlos Lacaci, el calzador más activo en estos particulares. Carlos comenzó con un brillante discurso, como no podía ser de otra manera, enervando el espíritu que nos llevó hasta aquél grandioso momento. Luego Leopoldo, representante de la Fundación Garrigou, colaborador de El Calzador, se arrancó con un discurso que se veía preparado a conciencia, recordando a todos y de todo. No llevaba ningún papel en la mano, como el mejor Castelar.

Una vez acabaron los agradecimientos comenzó el ágape. Las dudas de los días previos se despejaron. El cocinero había preparado un trampantojo de barbacoa urbana. Los recelos de que la panceta era insuficiente causó no pocos daños en la moral de la gente que se abalanzó sobre los chorizos (que no eran chorizos sino una menestra de verduras aromatizadas con espuma de aire de chorizo parrillero). La aceptación fue tal que las masas enfurecidas gritaban: “¡Queremos más chorizos, queremos más chorizos!” Este pequeño incidente fue solucionado con una mus de chocolate en cama de arroz al aroma de morcilla de Burgos de toda la vida. No llegó la sangre al río.

Por último, llegó el momento de las fotos. Los calzadores, todo su consejo asesor al completo, posaron en el roll up de la fundación como seis estrellas de fútbol y dos jugadores del Atlético de Madrid. Las cuotas son lo que tienen. La totalidad del consejo se desvelaba.

En ese momento surgieron varias dudas bajo los flases:

  • ¿Cómo sostiene el flequillo el becario de El Calzador?
  • ¿Es verdad que uno de los miembros del consejo llevaba seis días seguidos de fiesta y agotó las existencias de leche de pantera de Madrid capital?
  • ¿Quién del consejo es el famoso empotrador?
  • ¿Es cierto que el verdadero origen del nombre de El Calzador es un secreto que afecta a un Ministerio?
  • ¿Quiénes son del Atlético de Madrid y por qué los aceptan?
  • ¿Abeledo existe de verdad?
  • Who the fuck is Enzo?

La historia del móvil y el notario

La realidad es que he tenido problemas con la justicia.

Mis problemas con la justicia van más allá de lo razonable y poco tienen que ver con bandas organizadas como las de Danny Ocean que van delinquiendo por aquí y por allí con glamour, estilo, white collar o como lo queráis denominar. Bueno, la verdad es que si pero esa no es la historia de hoy.

La historia de hoy comienza en mi gimnasio. Mi gimnasio no es uno de esos gym zen con luz natural, miles de cintas de correr correctamente alineadas, señoras haciendo pilates y actrices y modelos estirando mientras nadie les presta atención porque allí son consideradas, bah, pues eso… titiriteras del estilo de la Bella Otero pero sin el mérito del espionaje.

A mi gimnasio se entra por un túnel, una galería de centro comercial donde por un lado hay una tienda de unos chinos ofreciendo tatoos a 10 euros y por el otro un cubículo de armenias que te arreglan los vueltos de los pantalones. También hay un local en donde hacen fotocopias baratas que siempre está abierto pero que allí nunca he visto una máquina de fotocopiar. Un sitio donde entran y salen señores con pintas algo extrañas y hay luces rojas.

gimnasiosComo podréis comprender en mi gimnasio el monitor mide 1,80 con 150 kg de puro músculo. Un monitor de esos que de jueves a domingo está pluriempleado como gorila en una discoteca de polígono. Una suerte de Stalone de joven, en feo y con mal humor.

Pues el otro día desapareció de mi taquilla mi nuevo y brillante iphone 6.

¿Cómo llevas un iphone 6 a un sitio así? La respuesta es sencilla, del mismo modo que Sicilia, en su esplendor, tenía mala fama pero era el sitio más seguro de la Tierra. En mi gimnasio hay gente de honor. No respetamos el código penal ni esa birria de norma administrativa sancionadora. Hay una norma superior: el honor. Silba al himno español y no te pasará nada pero tú critica a Poli Díaz y estás condenado.

Quise recuperar el teléfono. Monté en cólera. Llamé a Yasaman, la gerente. No le partí la cabeza con una pesa porque me agarró Ardakan, el monitor. Allí no andamos con delicadezas ni te aceptarían si lo hicieras. Había contratado a un chico nuevo para las toallas (somos escrupulosos con la higiene personal), un universitario que le hacía falta el dinero. ¡Un universitario!¿Estamos locos o qué? Esos no saben lo que es el honor. Me dijo que no podía hacer nada porque el teléfono estaba apagado, no daba señal.

-Mañana volveré. Si no está mi teléfono llamaré a un amigo de la infancia que es notario y levantará un acta. ¡Tú verás lo que haces!, dije a gritos, creo.

Volví al día siguiente con muy mal humor. No se vulnera el honor en aquel local. Había llamado por teléfono antes. No daba línea. No había sido un error. Me habían robado el iphone 6. Solo podía ser el universitario.

Llamé a mi amigo de la tierna infancia. El notario. Era notario no por profesión ni por estudios. Era notario porque si te daba un guantazo dabas fe de que Dios existía. Teníamos una amistad a prueba de todo. Yo le ayudé a acabar el EGB, lo libre tres veces de la cárcel. Una de ellas había sido un asunto muy feo que me obligó a tirar de trucos sucios. El notario se lo merecía. Nunca me había dejado tirado (ni yo a él). No preguntaba. Me ayudaba en mis cosillas.

Llegamos al gimnasio. Cogimos al de las toallas y levantamos acta. El notario dio fe. Aquello estaba tan feo que la tienda de las fotocopias tuvo que echar el cierre un pequeño rato. Nada importante. El universitario acabó su primer curso de la universidad de la vida con sobresaliente. No perdió ningún diente. Tuvo suerte. Le dejamos claro que primero el honor y luego el dinero. Creo que lo entendió. No dije nada. Las cosas que se arreglan así deben tener un halo de gloria que merece discreción.

Yasaman me llamó al día siguiente. Había llamado al teléfono y daba línea. ¿Línea?, línea mis cojones. El asunto se había solucionado. El iphone 6 apareció entre las toallas. No dije nada. El universitario ya ha vuelto de una pequeña baja. El pobre tuvo un accidente en moto. Lo arrolló un conductor desaprensivo que se dio a la fuga.

Buenas tardes.

Buenas tardes. Le veo mejor del accidente.

Si, muchas gracias. Mucho mejor.

Me alegro. Espero que sigas con la mejoría.

Gracias, señor.