Disfrutando el silencio.

La ventaja del funcionamiento del Consejo Asesor de El Calzador es que los acuerdos se adoptan por mayoría; la desventaja es que esos acuerdos pueden ser lesivos para uno. Así me siento yo cuando he resultado ser uno de los primeros en publicar el post. La sensación de ser un conejillo de Indias no me la quita nadie. Aunque Gude me intente tranquilizar diciendo que hoy es el “número cero”, no dejo de sentir la inquietud de quien presenta el “episodio piloto” a una cadena de televisión: si gusta, habrá más episodios; si no gusta, …

Tampoco relaja saber quiénes son los otros dos valientes que me acompañan en la terna para abrir esta plaza. Sabiendo, además, de la publicidad que harán mis compañeros de El Calzador, me siento como el que va a tomar la alternativa y le obligan a recibir a su primer toro, un miura, a porta gayola (para que me entienda Teira). Las posibilidades de revolcón son superiores a las de salir airoso del trance.

No obstante, me lo tomo como un telonero. ¿Quién se acuerda de los teloneros en los conciertos? A muchos ni les ven, porque gran parte del público suele ir directamente a ver a los artistas principales; y quienes van antes a la sala aprovechan para tomar una cerveza. Sólo unos freakies se fijan y les gustan los teloneros.

Además, tengo la ventaja de escribir lo que quiera al no tener un perfil público en redes sociales. Así que, si no os gusta este post, y me criticáis, no lo leeré. No me gustan las redes sociales. A mí, lo que me gusta, es escribir. Sobre cualquier cosa.

Cuando Enrique Moreno nos comentó que le gustaría que las “Lecturas de domingo…” de su blog tuviesen otro acomodo, otro impulso, alguien que se encargara de la gestión y lo potenciara, lo primero en lo que pensé fue en el silencio. Mientras él hablaba, mi cabeza ya estaba dando vueltas a la idea: que los posts fuesen instantes de silencio. De relajación, de momento de aislamiento, descansos, pausas sin ruidos ni sonidos alrededor. Mientras los demás hablaban, la melodía sonaba en mi cabeza, disfrutaba el silencio: todo lo que siempre había querido, todo lo que siempre había necesitado, estaba ahí, al alcance de mi mano.

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¿Cuándo escuché esas melodías por primera vez? Era la primavera del 90. Tengo unos grandes recuerdos de aquellas primaveras de finales de los 80 y primeros 90. En concreto la de 1990 fue muy especial. Recuerdo que hacía muy buen tiempo, desde marzo podía ir en manga corta, y las horas eran interminables jugando partidos en los jardines. En cada partido nos pedíamos el nombre de un jugador diferente, he sido Michel, Butragueño y Martín Vázquez, cientos de veces, y cambiábamos según nos fuese en la pachanga. Con frecuencia me pregunto, ¿en qué momento pasé de joven promesa a vieja gloria? No lo sé. En la vida se toman decisiones que modelan nuestra vida hacia un camino u otro, sin posibilidad de volver atrás. Cierto que se pueden tomar otros caminos antes desechados, pero ya no existe la pureza inicial del descubrimiento, sino que se va llenando de dudas e incertidumbres porque sabes que esa vía no fue la primera opción.

Esa primavera del 90 comenzaba a acentuarse el interés por las chicas. De adultos buscamos continuamente el equilibrio entre la vida de pareja, la profesional y el ocio con los amigos. En aquellos años teníamos ese equilibrio. Nos sentábamos en el césped, o en un banco y hablábamos de ellas o tonteábamos con ellas, y de repente estábamos otra vez jugando partidillos. Subíamos a casa con la ropa manchada de césped, nos daba tiempo a estudiar y sacábamos buenas notas, además de pelearnos en casa con los hermanos. Dichoso equilibrio. No se buscaba. Se tenía.

Cada día era más largo que el anterior como anticipo claro de la llegada del verano, y eso permitía pasar cada vez más tiempo en la calle. Nos relacionábamos con gente mayor, nos contaban aventuras de cuando salían por la noche, y todos nos reíamos. Fue entonces, una noche de éstas, cuando uno de los amigos mayores vino con un vinilo que acababa de ponerse a la venta, nos dijo el nombre pero ninguno lo conocía y nos reímos con la sonrisa inocente e ignorante de quien es pre-adolescente. Él, que ya era mayor de edad, con su pelo de punta, sus gafas que se habían convertido en necesarias al haberse dejado la vista en sus interminables sesiones de estudio de Informática, y su abrigo largo negro, también sonrió, como pensando: “Qué pequeñajos sois todavía”.

Poco a poco, aquella melodía fue sonando más y más. El verano siguiente todos nos hicimos un poco más adultos, pero seguíamos siendo igual de niños. Pasaron los meses, y un día entoné la melodía delante de aquél amigo, que me confirmó que lo que estaba cantando era una canción del disco que se compró en aquella primavera. Ya no se me iba a olvidar jamás.

Con el paso de los años le di un significado a la canción, que puede coincidir o no con el de los autores de la misma. Cuando en la vida profesional o personal trabajamos duramente por conseguir algo, y sorteamos todas las dificultades hasta alcanzar la meta, llega el silencio. Subes a la cúspide de la montaña, llegas a lo más alto, cumples el objetivo. Y no hay nada más que el silencio. Disfrútalo. Pueden ser sólo unos pocos minutos, u horas, y has podido estar meses, años, trabajando en ello. Disfrútalo, porque enseguida tendrás una nueva tarea, habrá ruido y perderás la perspectiva. La culminación del trabajo te permite echar la vista atrás, podrás saborear entonces cada instante, lo que has sufrido, lo que has disfrutado. Más adelante esos detalles se irán haciendo difusos y muchos se perderán.

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Disfruta el silencio. Yo intento hacerlo. Me gusta aislarme aunque sea unos minutos y rememorar ese estribillo que empecé a escuchar en aquella primavera del 90, cuando los días eran largos y soleados, y las ilusiones estaban intactas…

All I ever wanted, all I ever needed, is here in my arms, words are very unnecessary, they can only do harm… Enjoy the silence…

Enzo

PD: En realidad, Gude no ha intentado tranquilizarme con lo del “número cero”. Eso se lo decía a otros. A mí, en particular, no ha dejado de machacarme hasta que no he entregado el post sobre la hora de edición.