Vivir sin amor, no es vivir

“El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,

no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,

no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

He querido comenzar este artículo recordando un bello poema del apóstol San Pablo, recogido en la primera epístola a los corintios (Corintios 13:4-7), en el cual, se glorifica el amor como la mayor de las virtudes.

Hoy es 14 de febrero, una fecha marcada en el calendario para celebrar la festividad de San Valentín. Aunque muchos de los que ahora celebran este día, recordado de forma insistente por los reclamos publicitarios de marcas y centros comerciales, no saben del verdadero origen de esta efeméride que encuentra en la antigua Roma sus primeras raíces.

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La festividad del 14 de febrero empezó a ser asociada con el amor, a raíz de la historia de San Valentín, quien al no querer renunciar al cristianismo y haber casado a soldados en secreto después de que el matrimonio de soldados profesionales fuera prohibido por el emperador Claudio II, habría sido ejecutado, precisamente, un 14 de febrero. De esta forma, el papa Gelasio I, declaró la festividad de San Valentín, a partir del año 498

Pero sobre lo que hoy escribo, más allá de la festividad o la tradición que se viene realizando en torno a este día, también conocido como “Día de los enamorados”, no está relacionado, únicamente, con un concepto de amor de pareja.

En estas líneas, me gustaría reflejar un concepto amplio de amor, universal. Creo, firmemente, en la necesidad de vivir la vida con amor. Vivir sin amor es una manera muy triste y difícil de vivir.

Cuando nacemos, por lo general, venimos al mundo fruto del amor de nuestros padres. Este amor, es visto como creador del bien en el mundo; es el modo en el que se ve a Dios amar a la humanidad, y es la clase de amor que los cristianos aspiran a tener por sus semejantes. A partir de este momento, transitaremos por la vida, optando entre diferentes formas y maneras de caminar.

Resulta muy ilustrativa la definición que hace la Real Academia sobre el concepto amor, dentro de su primera acepción: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” Es evidente que los seres humanos necesitamos de la interacción y del afecto de nuestros semejantes.

Lo que no se define en ningún diccionario académico, ni en ningún otro tratado de filosofía o de humanidades es cómo se consigue mantener ese afecto, el amor que ofrecemos o que nos es ofrecido. Esta cuestión, quizá, es más complicada de responder que el hecho de enamorarse por primera vez.

Hace poco leí una frase que expresa bien la importancia de cuidar y mantener vivo el amor, más allá del hecho de haber llegado por primera vez a él. Decía: “En el amor no se trata de quien diga primero Te Amo, sino de quien sostiene este Te Amo hasta el final”

A mi modo de ver, una de las claves para caminar por la vida de forma más completa, cubriendo los propios vacíos de nuestro interior es, sin duda, viviendo con amor y, sobre todo, tratando de mantener ese amor.

Y, aquí, vuelvo a reflejar el concepto amplio de amor al que vengo refiriéndome. No hablo solo del amor de pareja, habló también del amor a nuestra madre, a nuestro padre, a nuestros hermanos, a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestra profesión, a nuestros proyectos, a nuestro mundo y entorno en el que vivimos, a nosotros mismos…

Cuando una persona se encuentra con el amor, casi todo lo demás se relativiza. Viviendo con la pasión que el amor produce en nuestro interior, pocas cosas, muy pocas, son capaces de frenar nuestra ilusión por la vida. Ahora bien, lo difícil, no es enamorarse. Encontrar razones que nos produzcan intensos y apasionados sentimientos por haber encontrado a una persona o por la ilusión de un proyecto de vida, es relativamente sencillo que suceda. Lo más difícil es saber cuidar bien de ese amor que la vida puso en nuestro camino para intentar que se mantenga en el tiempo.

Si logramos vivir con amor, con pasión, con ilusión, conseguiremos una vida más plena y más feliz. Nos haremos un bien a nosotros mismos y, también, a nuestros semejantes. En definitiva, el amor, significa también la virtud que representa todo el afecto, la bondad y la compasión del ser humano.

Pruébenlo, vivan con amor…, verán cómo se van llenando todos los vacíos. Como dijo el poeta “Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama”

Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Primer año de vida de El Calzador

Quizá pocos de los lectores de este blog sepan de su origen y de la forma y modo en que fue concebido. Qué mejor momento, cual hoy, con motivo de la celebración por el primer aniversario de la creación de El Calzador, para descubrir este secreto tan bien guardado por quienes en su día prometimos y firmamos aquel pacto de confidencialidad.

El origen del blog de El Calzador se gestó en una mesa redonda, aunque bien podría haber sido cuadrada o rectangular, pues las formas nunca fueron lo importante. Para los siete magníficos y un humilde servidor, lo más importante era y sigue siendo el fondo. Y, así, con el mejor fondo que cada uno de los firmantes pudo sacar de sus adentros quedó sellado un papel en blanco para que, cada semana, en él, se fueran dibujando los sentimientos de los escritores colaboradores que quisieran ir dejando un trocito de su persona, un esbozo de su saber, de su caminar, de su vivir…

Lamento si les he defraudado. Siento si esperaban un secreto mucho más sorpresivo al desmedido suspense que ahora se les desvanece. El Calzador acaba de cumplir un año y sigue ofreciendo lo mismo que cuando nació: Breves instantes de silencio. Ni más, ni menos.

Dentro de estos breves momentos de silencio les podría recordar, ahora, muchos buenos y profundos relatos. Tanto los de mis colegas del Consejo, como los de nuestros colaboradores que por aquí también desnudaron sus sentimientos.

Hoy, les traigo el relato de Enrique Moreno, titulado: “Segunda Vida” ( https://elkalzador.wordpress.com/2015/09/12/segunda-vida/ ) y lo hago, principalmente, porque conozco al Dr. Moreno y sé que, allí, él, también se desnudó. Nos mostró sus sentimientos y soñó para que soñáramos. Enrique Moreno bajó de su estrado y nos puso en suerte una gran ilusión: Despojarnos de todas las cadenas en busca de un nuevo camino, aquél que todos deseamos: El de la felicidad.

Y, precisamente, lo mismo que apuntó Enrique en “Segunda Vida” es lo que ahora deseo a todos ustedes. Busquen y encuentren su felicidad.

Feliz primer aniversario de El Calzador

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Carlos D. Lacaci
@Lacaciabogado

Deseos para el Fin de Año

Tengo el placer y el gran honor de escribir mi último artículo del año para todos nuestros lectores de ‘El Calzador’. Me encomiendo a esta tarea con el máximo cariño para vosotros, deseándoos los mejores deseos para el año que hoy termina y también un feliz Año Nuevo con salud para todos.

Tras haber transitado por los 364 días de este 2015 me doy cuenta de que ningún año es como el anterior, como tampoco hay dos meses o dos días iguales. Esto forma parte de la grandeza de la vida, para los que tenemos la suerte de haber vivido y seguir viviendo en ella. No imagino cosa más apasionante e imprevisible que el hecho de vivir.

Permítanme que detenga los recuerdos de este fin de año para concentrarme tan solo en los deseos del presente, en todo aquello que me gustaría que sucediera aquí y ahora.

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Hoy, 31 de diciembre de 2015, quiero comenzar el día felicitando a mi madre, porque tal día como hoy hubiéramos apagado junto a ella las velas por su cumpleaños, una celebración que, por desgracia, dejó de repetirse hace ya 20 años, por culpa de aquel maldito ictus que se la llevó para siempre. No obstante, un año más, aquí seguimos encendiendo tus velas para que continúes cumpliendo todos tus deseos desde el cielo, que también son y seguirán siendo los míos, los nuestros. Este primer deseo, me gustaría hacerlo extensivo a todas y cada una de las personas que, como vosotros, también echáis de menos a algún familiar querido. A todos los que se fueron y, como mi madre, nos siguen velando desde el cielo, para que sus almas sigan descansando en paz.

Lo segundo que me gustaría que sucediera hoy es no ver a ninguna persona en el mundo sola ni desamparada. Hoy, es la continuación del ayer y el preludio del mañana. En este fugaz tránsito por la vida se vive de muchas maneras. Hay circunstancias que nos llenan de felicidad, otras veces nos resulta complicado avanzar. Alegrías, penas, tristeza, felicidad, todo ello forma parte del transitar. Pero, hoy, quiero concentrar todas mis fuerzas y las de todos vosotros para hacer posible que nadie se sienta solo ni desamparado, para dar a todo el mundo la oportunidad de poner a cero sus marcadores de tristeza y puedan terminar el año, si quiera con una sonrisa en sus rostros, al menos con un buen puñado de posibles sueños por cumplir para el Nuevo Año.

El tercer deseo que me gustaría se cumpliera es que todos los que estén pasando por una enfermedad, como el cáncer u otras graves dolencias físicas o psíquicas, especialmente todas las niñas y niños que están pasando por esta dura experiencia en la vida, se recuperen y terminen el año lo mejor posible, afrontando un 2016 con esperanzas, cargado de fuerzas y energías para superar muy pronto sus enfermedades.

Mi cuarto deseo para este casi agotado 2015 es que no volvamos a lamentar, en ningún rincón del mundo, un acto de terrorismo ni de violencia frente a víctimas inocentes. Pido con toda firmeza que se acabe el odio en el mundo. Grito con fuerza que ningún hombre, mujer o niño inocentes, sean oprimidos, perseguidos ni asesinados. Deseo ver un final de año y continuidad de vida, posterior a este día, limpios de cualquier gota de sangre derramada, no quiero volver a ver ni un solo acto de crueldad más.

Por último, y con el fin de no abarcar demasiados deseos que pudieran dificultar el cumplimiento de aquéllos, mi quinto deseo es para que todos los nuevos amigos que han llegado a nuestras vidas se mantengan en ellas, igual que aquellos que ya se encontraban a nuestro lado, ojalá sepamos darles lo mejor de nosotros para que así sea. Y, por supuesto, deseo que otro de los pilares fundamentales de esta vida, nuestras familias, sepamos también cuidarlas con respeto, amor y generosidad, puesto que, tal y como dijo el ensayista André Maurois: “Sin una familia, el hombre, solo en el mundo, tiembla de frío”

Estos son los cinco deseos que hoy comparto con los lectores de El Calzador, me encantaría que se cumplieran. Mientras tanto, deseo para todas las personas de bien, para todos ustedes, un muy feliz Fin de Año y un próspero 2016.

Autor: Carlos D. Lacaci
@Lacaciabogado

Ocho apellidos españoles

El 14 de marzo de 2014 se estrenó en España la película “ocho apellidos vascos” que, a la postre, se convertiría en la más vista de la historia en nuestro país. A finales de ese año, la cinta cerró con casi diez millones de espectadores y cerca de 60 millones de euros recaudados, cifras de auténtico récord, que desbordaron con mucho los mejores augurios por parte de sus productores.

Seguramente también muchos de los lectores de El Calzador hayan visto esta película que muestra una caricatura de los típicos tópicos de la sociedad vasca dentro de un contexto temporal concreto.

Las claves del gran éxito cosechado por esta película podrían apuntar, además de al tono de comedia y de exageración con los que narran la historia y que siempre son valores seguros para la mayoría de los españoles, al hecho de que también intentan desdramatizar y humanizar una realidad, por desgracia nada humana y mucho menos cómica, representada por los innumerables actos de terrorismo que durante tantos años se han cometido en España.

Lo cierto es que la película del director Emilio Martínez-Lázaro, con un presupuesto de 3 millones de euros ha conseguido multiplicar por 20 esa cifra, arrasando en la taquilla de los cines y en la pequeña pantalla de televisión. La cinta rompió todas las expectativas, convirtiéndose también en la tercera película más vista desde 1992.

Con todos estos mimbres, los productores decidieron hacer una segunda parte, denominada “ocho apellidos catalanes”, aunque, según me cuentan los que la han visto es bastante más floja que la primera y los números de taquilla también quedan muy lejos de los alcanzados por los “ocho apellidos vascos”.

Reconozco que me reí viendo algunos de esos tópicos que caricaturizan a los vascos, aunque desde el mismo día que vi la película pensé que, quizá, hubiera sido mejor la idea de haber realizado la versión de “ocho apellidos españoles”. Si algún día se decidiera llevar al cine esta versión propongo que se representen no solo los rasgos caricaturescos del carácter de los españoles, sino también los valores y la impronta de aquéllos a lo largo de su historia.

Así es, los Rodríguez-López-Pérez-García-González-Fernández-Hernández-Martínez, son mucho más que ocho típicos apellidos españoles. Convendría destacar que, dentro de estos apelativos, antes que un puñado de estereotipos fácilmente caricaturizables, existe todo un conjunto de enormes valores difícilmente repetibles por otras culturas y sociedades.

El texto para la posible película de “ocho apellidos españoles” dejaría margen para ambas cosas.

Para el tono cómico, más o menos costumbrista, podrían escribirse alguno de los siguientes tópicos:

  • Los españoles hablan muy alto. Cuando un español cruza las fronteras de su país, se entera hasta el apuntador que estamos en territorio ajeno. Nos gusta expresarnos así, quizá es por no esconder secretos o por habernos perdido las clases de urbanidad y buenas costumbres…
  • Los españoles son muy impuntuales. Realmente no sé si este tópico es un hecho constatable y si, verdaderamente, somos más o menos impuntuales que los alemanes, los belgas, los franceses o los ingleses. Lo que intuyo es que si, por ejemplo, una mujer española llega puntual a una cita con su novio, eso sería casi un milagro. Y si es el chico el que llega tarde a esa cita y hace esperar a la novia, además de impuntual, sería poco caballero…
  • A los españoles les encanta la fiesta, los bares y la siesta. Quizá sea cierto, pero ¿a quién amarga un dulce? De todos modos, hace mucho tiempo que, gracias a nuestras fiestas y a nuestros bares el turismo, con las personas que visitan nuestro país no deja de crecer. Lo de la siesta…bueno, no creo que estemos ya para siestas.
  • A los españoles les encanta el fútbol. Claro que sí, porque también el fútbol nos ha dado muchas alegrías. Y el tenis, y el baloncesto, y el motociclismo, y el automovilismo, y el golf, y el balonmano, y el waterpolo…, caray, y hasta el bádminton. En prácticamente todos los deportes, los españoles hemos sido y somos grandes campeones, otro gran orgullo.

El listado de arriba, no es sino un pequeño botón de muestra de entre los muchos típicos tópicos que se podrían apuntar del carácter español. Sin duda, en torno a los estereotipos de los españoles podría girar el argumento no de una, sino de varias películas que se quisieran llevar a la gran pantalla bajo el título de los ocho apellidos españoles.

Pero más importante que esos lugares comunes en los que se representa el tópico español están los principios y valores impregnados en la cultura de los españoles con los que se podría escribir la otra parte de esta película, la más humana. A modo de ejemplo, destacaría los siguientes:

Valores - Einstein

  • Los españoles son muy generosos y solidarios. Y este hecho ha quedado demostrado no solo con la crisis económica, donde se ha podido ver una vez más a la sociedad de a pie volcada en prestar toda su ayuda posible y desinteresada a aquellos que han pasado y siguen pasando por graves apuros económicos. También lo demuestra, entre otros hechos, que nuestro país sea el número uno en donación de órganos de todo el mundo.
  • Los españoles dan mucha importancia a la familia. Este es uno de los valores principales de nuestra cultura. No sólo amamos a nuestros padres, hijos o abuelos, sino que tenemos un profundo sentimiento de protección y unidad de la familia como eje fundamental de nuestra sociedad. Gracias al importante apoyo dentro de las propias redes familiares también hemos podido avanzar y prosperar como país.
  • Los españoles, por lo general, son personas positivas y alegres. La sociedad española ha pasado a lo largo de su historia por momentos muy complicados pero sus gentes han sabido levantarse una y mil veces de la adversidad. Sin duda alguna, la forma de ser de los españoles ha ayudado mucho a este fin.
  • Los españoles son personas con gran talento y creatividad. España es un país puntero en muchos de los grandes avances tecnológicos o de investigación que se producen en el mundo. Pese a que debido a la crisis económica y a la no siempre buena gestión política muchos de estos españoles con talento tienen que salir fuera de nuestro país, es otro gran valor que nos pertenece y con el que tenemos que estar muy orgullosos. Tenemos grandísimos profesionales en todos los sectores.

Así que, ya saben, si alguna vez quisieran llevar a la gran pantalla una película que trate sobre los Rodríguez, López, Pérez, García, González, Fernández, Hernández, Martínez…, o sobre cualquier otro ciudadano español, sepan que más allá de sus posibles caricaturas, existen grandísimos valores en todos ellos.

Y, en cuestión de valores, recuerden también que los valores definen quien eres realmente y que la identidad real es la suma total de los valores.

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Para mayores de 18 años

Queridos lectores de El Calzador, antes de que comiencen a leer estas líneas, debo hacerles una advertencia con carácter previo. Lo que a continuación me dispongo a narrarles no es apto para menores de 18 años y, para los mayores de esta edad, tampoco será de muy agradable lectura.

Con esta salvedad y, siendo consciente de que con dicha advertencia algunos podrían desistir de la lectura de este artículo, trataré de exponer el relato de esta historia, por desgracia, muy real.

Esta historia comenzó a escribirse cuando Occidente y buena parte de las democracias de los países más desarrollados miraban únicamente hacia sus ombligos sin importarles lo que sucedía en otros lugares donde se violaban y siguen violando a miles de mujeres, donde se las azota y lapida si osan maquillarse o mirar a un hombre que no sea su esposo, donde se las esconde bajo un largo velo de humillación y vergüenza…

Esta es la historia de unos fundamentalistas que empezaron a perseguir a cientos de miles de personas que conformaban y conforman una pequeña gran minoría de cristianos que sobreviven en países como Irán, Irak, Siria, Pakistán, Corea del Norte, Sudán, Eritrea, Nigeria, etc., frente a aquellos verdugos que no están dispuestos a respetar creencias y culturas diferentes a las suyas.

Esta es la historia de cientos de miles de niños y de niñas a los que no se les permitía ni permite ir a la escuela ni recibir una educación diferente a aquellos principios basados en el mismo  fundamentalismo radical y excluyente.

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Esta es la historia donde a los hombres que no comulgaban ni comulgan con el extremismo ideológico se les corta la cabeza, antes de que puedan utilizar las palabras como arma de libre opinión. Donde se mutila a machetazos hombres y mujeres. Donde se asesina a los homosexuales, lanzándolos hasta la muerte desde cualquier precipicio improvisado.

Esta es la historia de decenas de países en los que hace tiempo vivir es, sencillamente, una misión  imposible y, por ello, millones de personas se han convertido en nómadas involuntarios, porteadores de visados con nombre de Refugiados y apellidos de perseguidos en país de origen y nada bien recibidos en países de ¿acogida?

Esta es la historia, en definitiva, de una película tan cruel como real que desborda desesperación, sangre y llanto por parte de los involuntarios e inocentes figurantes. Una película no apta para menores de dieciocho años cuyo único guión está basado en la más burda, soez y execrable brutalidad de los que pretenden seguir produciéndola, dirigiéndola e, incluso, protagonizándola.

Si me han hecho caso, los menores que ahora les acompañen en sus hogares, no se habrán visto afectados por esta historia que excede, con mucho, al género más ‘gore’ o pornografico que podamos imaginar. Pero, mucho me temo que, aunque tapemos los ojos y oídos de niños y jóvenes de esta parte del mundo que protege la Libertad, tarde o temprano, también a ellos, como a nosotros, les acabará encontrando la brutalidad de los que siguen empeñados en enterrar los valores de la Democracia, sembrando el terror a su paso.

Para seguir viviendo en paz, necesitamos abrir los ojos, todos los posibles, incluyendo a niños, mujeres y hombres. A los de aquí y, mejor aún, primero, a los de allá.

Como sucede en toda representación, siempre hay tres instantes viene marcados: Inicio, nudo y desenlace. Parece que ya no estamos a tiempo de modificar el inicio de esta macabra película basada en unos hechos tan crueles como reales.

Para ello, tendríamos que haber quitado nuestro propio velo. Si Occidente, si cada una de los países desarrollados de la vieja Europa, si otros países de Oriente no hubieran cerrado los ojos de sus teóricas Democracias, si el mundo libre no hubiera mirado para otro lado, es probable que ahora no tuviéramos que pensar cómo resolver este nudo gordiano que supone la encrucijada del chantaje y el terror.

Abramos pues los ojos y animemos a todos los demócratas del mundo a actuar desde el origen para prevenir y frenar cualquier violación de los derechos humanos.

Hace unos meses, escribí un artículo titulado: “Gracias Malala” http://theobjective.com/elsubjetivo/gracias-malala/ para mostrar mis respetos y aplaudir la actitud y la acción de una menor de 18 años. Se llama Malala, recientemente galardonada con el Premio Nobel de La Paz, ella jamás cerró sus ojos ante la tiranía del terror y, probablemente, ella solita, haya conseguido cambiar el destino de muchos otros niños y jóvenes que estaban abocados a un nudo y a un desenlace mucho más dramático del que ahora les contempla. Malala denunció desde niña los abusos y las violaciones cometidas por los terroristas y, utilizando su única arma, la palabra, gritó al mundo entero para que respetasen los derechos civiles de su comunidad.

Unamos nuestra fuerzas y hagamos como Malala. Al fin y al cabo, aún estamos a tiempo de cambiar el guión de esta película escrita por los asesinos y volver a recodar alto y claro, que “la Democracia lleva el más bello nombre que existe…, Igualdad” y que, como aseveraba Albert Einstein: “Nuestro ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado”

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Pérdida de nostalgia

Hoy escribo para nuestros queridos lectores de El Calzador sobre un sentimiento sobre el cual no siempre reparamos y, sin embargo, puede darnos algunas claves no sólo de nuestro estado de ánimo sino del punto de inflexión vital en el que nos hallamos.

La nostalgia.

Carlos D. Lacaci - Pérdida de nostalgia

Parto de una idea: Para sentir nostalgia en la vida, primero hay que vivir un rato y, además, esas vivencias hay que vivirlas con intensidad, con pasión, con ilusión.

Ateniéndonos a la segunda acepción con la que la Real Academia define el término nostalgia, estamos ante un sentimiento de tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida. Según esta definición parece que la nostalgia llega después de haber vivido y perdido algo que causaba alegría y nos hacía sentir felices.

Sin embargo, pensando en algunos momentos nostálgicos de mi propia experiencia vital, no los veo totalmente ajustados a dicha definición. Por un lado, he sentido y siento nostalgia incluso por algunos sucesos que, a priori, no se podrían catalogar de dichosos. He recordado con nostalgia la desaparición de mis seres queridos, algún fracaso profesional y hasta algún que otro desengaño personal. Por supuesto, también he sentido nostalgia por otros tantos momentos felices del pasado. Incluso, en ocasiones, he creído sentir nostalgia por cosas aún no vividas.

En muchas ocasiones, he sentido alegría y no tristeza melancólica, pensando en todos aquellos recuerdos del pasado o de los que pudieran estar por llegar (lo que yo denomino nostalgia del futuro).

Pero llega un momento en el que todos estos sentimientos empiezan a difuminarse, a confundirse…

Hace unos días, paseando por el madrileño y bello Parque del Buen Retiro, me puse a pensar, sentí confusión y algo de tristeza. Dentro de ese parque se acumulan un buen puñado de los recuerdos de mi niñez y de mi adolescencia. Innumerables juegos y paseos de la mano de mis padres, de mis abuelos, de mi hermana. Algún que otro beso robado y también regalado por aquellos primeros ‘amores’ de la ya lejana adolescencia. Y, tras la valla, aún más vivencias. Recuerdos escolares, recuerdos de amistades, recuerdos de juventud, recuerdos…

Allí, quieto, con la mirada perdida en el recuerdo, desde el mismo lugar en el que siendo un niño recibía los sabios consejos de mi abuelo, presentí, con cierta tristeza, que algo se había ido en mi interior. Ya no recordaba ni con tristeza, ni con alegría, las cosas vividas del pasado. Supe que había llegado el momento. Me sentí mayor.

Seguí caminando entre las hojas secas de otoño y contuve la emoción. Pasado un tiempo, volví a pensar en ello y supe que ese punto de inflexión significa una nueva e ilusionante etapa en la que, seguro, en un futuro, volveré a sentir nostalgia.

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Unidos por la Hispanidad

Pasado mañana, día 12 de octubre, celebraremos la fiesta de la Hispanidad.

En estos revueltos y convulsos tiempos, parece primar la ruptura y las tensiones entre los pueblos. La diversidad se antepone a la identidad; La riqueza y variedad cultural, política o religiosa es utilizada, en muchas ocasiones, no como forma de enriquecimiento, sino como peligrosas armas arrojadizas frente a quienes piensan y sienten de diferente forma.

Esta festividad, además de servir para conmemorar la histórica fecha del 12 de octubre de 1492, donde aquellos aventureros y audaces españoles, conducidos y dirigidos por Cristóbal Colón, descubrieron América, debería poner en valor todos los hechos y realidades que nos unen como pueblos hermanos, en lugar de poner el acento en la separación y ruptura de los mismos.

Esto es lo que hoy, en nuestro y vuestro, cada vez más leído blog de El Calzador, me gustaría reseñar: Las muestras de identidad de una rica y enriquecedora cultura común, que denominamos con el nombre de Hispanidad.

Una estirpe, una lengua y un destino

Si nos centramos en la etimología del término, hispanidad deriva de “Hispania”, y era el nombre que los romanos daban a la provincia que abarcaba la Península Ibérica y el archipiélago Balear, así como a la zona norte del actual Marruecos.

Desde su primer origen hasta hoy, pasando por el citado hecho histórico del descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492 y la destacada etapa en la que la Corona de Castilla logró extender su territorio a otros continentes, el término de Hispanidad ha servido para referirnos a un sentimiento de pertenencia a una cultura común, a una inmensa comunidad formada por cerca de 400 millones de personas. La propia Real Academia, define hoy el término Hispanidad como: “Carácter genérico de todos los pueblos de lengua y cultura españolas”

Los datos avalan también esta riqueza cultural e identidad común. El español como lengua materna es hablada por más de 335 millones de personas (sólo superado por el chino).

José Hipólito Raposo, un abogado e historiador portugués, dijo que bajo el nombre de Hispanidad, se debería identificar el resultado del esfuerzo paralelo con que los españoles y portugueses alcanzaron y ejercitaron la capacidad de expansión ultramarina, sembrando de naciones nuevas el Nuevo Mundo. Españoles y Portugueses implantaron en América la civilización hispánica, por ello, el término de Hispanidad, debería incluir en la lengua, la religión, las costumbres, el derecho y el arte, como común patrimonio, en la herencia de Roma.

Evidentemente, como ocurre en todo lugar y en toda comunidad (hasta en una pequeña comunidad de vecinos) no siempre la convivencia es sencilla. No todos pensamos del mismo modo. Existen tantas personas como personalidades y formas de carácter diferentes. La riqueza de la diversidad no sólo no es mala, sino que también enriquece a los pueblos, precisamente por el hecho de aportar y sumar nuevas realidades culturales.

Para formar aquella vasta y rica cultura que hizo florecer y crecer a muchas sociedades en el pasado y que. hoy permite hermanar bajo una misma lengua y patrimonio común a cientos de millones de personas por los 5 continentes, muchos tuvieron que sacrificarse. Es sabido que también se cometieron errores y abusos, todo proceso colonizador suele conllevar el sometimiento de los pueblos colonizadores. Esta realidad no se debe dejar a un lado tampoco.

Hoy, en pleno siglo XXI, a dos días de celebrarse otro 12 de octubre, en la fiesta de la Hispanidad, me gustaría destacar esta realidad que ha unido y sigue uniendo a pueblos tan diferentes y tan parecidos, tan lejanos y cercanos: Argentina, México, Perú, Colombia, Bolivia, Venezuela, Chile, Paraguay, Uruguay, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Cuba,

Fiesta de la Hispanidad

Fiesta de la Hispanidad

Guatemala, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, Guinea Ecuatorial, El Salvador, Puerto Rico, EE.UU, Filipinas, Marruecos, Sáhara Occidental…, y, por supuesto, España.

Potenciemos la riqueza de lo diverso, conservando la identidad cultural de los pueblos. En palabras de Isaac Newton: “La unidad en la variedad, y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo”

Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

El amor del verano

Escribo sentado en un banco de piedra anclado en una tranquila plaza de pueblo, el silencio sólo queda interrumpo por el quejido de algunas gaviotas que sobrevuelan por encima de mis recuerdos…

Desde el mirador de este pequeño pueblo pesquero observo la silueta de una joven pareja, caminan de la mano, sin prisas, se funden con la bella puesta de sol y sus rostros quedan reflejados bajo un mar en calma. Se miran, sonríen, se besan.

Al llegar la noche miro al cielo y me detengo en la constelación canis maior, la canícula, la más brillante de cuantas estrellas se puedan ver durante los días de verano en el hemisferio norte.  Nuestros antepasados creían que la popular estrella sumaba su calor al procedente del sol, lo que daba lugar al período más cálido del verano.

Puestas de sol, la mar, las estrellas, la canícula,…, el amor…

Amor de verano - Carlos D. Lacaci

¿Cómo no recordar al primer amor del verano? Es cierto, nunca se olvida el sentimiento de una primera caída en la vida, mucho menos cuando nos levantamos por primera vez. No olvido mi primer encuentro con el mar, aún menos los sentimientos primerizos de aquello que creímos amor y sólo era ilusión…

Ilusión, pasión, afirmación, negación, encuentros y desencuentros aferrados en un periodo de nuestra vida que quedaron grabados primero en nuestro corazón y ya, para siempre, en nuestra memoria, aunque no los recordemos, aunque los hayamos querido olvidar.

El Amor (con la ‘a’ mayúscula), es un sentimiento tan intenso y tan lleno de sacrificios y satisfacciones que pocas veces se podrá fotografiar en una tarde o noche de verano.

El amor del estío sucede con más frecuencia.

Cada vez que escucho el quejido de las gaviotas y camino entre la blanca espuma que a mi paso dejan las olas del mar; Cada noche que, mirando al cielo, veo millones de estrellas y entre ellas aquella que brilla con más intensidad; En cada nuevo amanecer, donde el sol refleja las siluetas de jóvenes cogidos de sus manos, veo y siento mucho amor.

No hay nadie en este mundo que haya hecho posible todas estas cosas sin ser capaz de amar. Quien esto hizo, supo amar de verdad.

Cierro mi libreta, me marcho paseando tranquilo y pienso en aquellos sentimientos cuando por entonces caminaba bajo la estrella Sirio, la canícula, la que más brillaba de todas y junto a aquel mar en calma que hoy sigue devolviendo a la orilla todo lo que no es suyo, como los besos robados de aquel amor de verano.

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Cuatro letras de amor infinito

Kahil Gibran fue un ensayista y poeta de origen libanés, quien escribió: “Mamá: la palabra más bella pronunciada por el ser humano”.

Foto día Madre - LacaciCon ocasión de la celebración del Día de la Madre intentaré transmitir a los lectores de El Calzador mi particular sentimiento sobre estas excepcionales mujeres, únicas e insustituibles, a quienes hoy dedico estas líneas.

Una madre siempre es imprescindible. Incluso, cuando deja de estar. Ningún hijo podría, querría o debería abstraerse de su presencia. Las madres, siempre están presentes. Nunca nos abandonan.  Desde que nos traen a la vida no dejan de abrirnos puertas aunque se presenten cerradas, guiándonos en la vida para que podamos caminar.

Dentro de cada madre vemos sentimientos de debilidad y de fortaleza. Un generoso y formidable eclecticismo emocional que solo ellas pueden ofrecer.

Vosotras, admiradas y respetadas madres, sois capaces de aclarar la oscuridad de unos hijos asustados en la soledad de sus noches, allanáis las inquietudes de los retoños con solo mostrar vuestra ternura y comprensión para con ellos. Vosotras, hicisteis posible que viniéramos al mundo y ya desde la vida no dejáis un solo momento de cuidarnos y enseñarnos el camino…

Pocas cosas son tan de verdad como el amor, el dolor o la ilusión que una madre siente por su hijo. Las he visto hacer y no hacer cosas inimaginables. He visto a madres frágiles y menudas traer a la vida a mellizos y trillizos. He visto a madres sin apenas posibles ofrecerles un porvenir con mucho esfuerzo, incluso con aquello que no disponían. He visto a madres luchar y pelear por sus hijos como a nadie más he visto hacerlo por otro semejante.

¿Cómo no voy a rendir hoy un homenaje a estas mujeres? Hoy, y siempre. Igual que una madre lo es a perpetuidad, nosotros, los hijos, debemos corresponderlas todos los días de la vida. Cuando ellas se vayan, como cuando la mía se fue, recordad que tampoco os abandonarán. Nunca  caminaréis solos, ellas os seguirán acompañando en vuestras alegrías, en vuestras decepciones, en todos y cada uno de los momentos y etapas decisivas de vuestras vidas.

Foto día Madre - Lacaci IIDisfruten al máximo de su inmenso cariño. Procuren no disgustarlas demasiado. Sean generosos, como hija o como hijo suyo. No olviden decir que la quieren. Aprendan a darle las gracias por tantos sacrificios que lleva haciendo desde que nacieron. Sean capaces de apreciar los valores que les transmiten y enséñenlas lo que hayan podido aprender gracias a su generosidad.

Puede haber una cosa más triste que el hecho mismo de que un hijo se distancie de su madre en vida: Sentirse distanciados de ellas cuando falten. Ese sentimiento de culpa, aunque también será perdonado por una madre, no debería llegar a producirse nunca.

Ámenlas siempre, no esperen a su vejez para reconocerlas su enorme valor. Cuando ustedes pronuncien las cuatro letras que conforman la palabra más bella de cuantas puedan pronunciar, entenderán por qué nunca debieron dejar de decir: Te quiero, Mamá

A todas las madres, especialmente, a mi madre, Teresa (Q.E.P.D.)

Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Éxito

Queridos lectores, hoy escribo mi segundo artículo en este blog al que, como saben, tengo un cariño especial. Como miembro de su Consejo, quiero aprovechar esta ocasión para agradecer la gran acogida que está teniendo en las primeras semanas desde que echó a andar. Nos llegan críticas muy positivas, cada día sumamos nuevos lectores y excelentes articulistas dispuestos a leer o escribir en éste, su Calzador. Esto ya supone un éxito a celebrar junto a todos ustedes.

Lo anterior me sirve también para introducir el cuerpo de las líneas sobre las que enfocaré este artículo.

El éxito puede tener, como la felicidad, la pasión o el amor, dos vertientes diferentes. En su aspecto objetivo, sería el resultado positivo en la consecución de un plan previamente establecido.

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Por ejemplo, si nos fijamos en este blog, para medir o hablar de su éxito en la vertiente más objetiva tendríamos que ponerlo bajo la lupa de los medidores y, con los datos analizados, comprobar si el resultado del número de visitas semanales, mensuales, etc., es elevado o sobrepasa los umbrales medidos en otros blogs similares.

Sin embargo, las propias experiencias en la vida nos indican que el éxito aunque pueda tener unos parámetros medibles, en muchas ocasiones, la vertiente subjetiva de aquél, tiene también una importancia notable, si no a ojos de terceros, sí en el sentir propio e individual de cada uno de nosotros.

A ojos de la sociedad están muy bien vistas y mejor valoradas las personas o empresas que triunfan, sea en el ámbito que sea. Esto no debe extrañar pues ser exitoso a nivel personal o profesional nunca estará asociado a hechos negativos, antes al contrario, ser una persona de éxito suele implicar un plus de ‘caché’, con implicaciones de ejemplaridad.

Ahora bien, si abordamos el éxito desde su aspecto subjetivo, dentro de las connotaciones que para uno mismo tiene el hecho de verse como un triunfador ante la vida más allá de cualquier proyecto o reto planteado, la realidad puede alejarse un tanto de los medidores que objetiven este concepto.

A lo largo de mi vida he compartido momentos junto a personas y empresas que han obtenido importantes logros personales y colectivos, medidos por exigentes parámetros que escrutaban y auditaban sus resultados.

Ahora bien, en alguno de estos casos he visto a esas mismas personas llegando abatidas a sus casas, caminando por la vida sin brillo ni color en el gesto de sus caras, he comprobado la tristeza y soledad de muchos de esos supuestos triunfadores…

Sin mencionar aquí los casos particulares que podría citarles y que seguro les sorprendería descubrir, sí les revelaré la carencia principal que creo haber encontrado en todos estos casos de éxitos malogrados. La clave está en una aparente contradicción: Esas personas ponen el máximo empeño en esforzarse, incluso de manera obsesiva, por cumplir con los objetivos que marcan el supuesto camino hacia el éxito profesional, sin embargo, descuidan otros objetivos del ámbito personal o familiar. Para conseguir el triunfo, algunas personas apartan de su camino cualquier otra cosa que no sirva para ese fin propuesto. Estamos ante un evidente supuesto de ‘el fin, justifica los medios’. Y, aquí, radica el principal problema: Si para alcanzar el éxito profesional se utilizan medios que puedan mermar o poner en peligro otro tipo de principios y valores de ámbito personal o familiar, el éxito, nunca será completo. Es decir, de cara al exterior se nos verá como triunfadores pero, internamente, podremos sentirnos perdedores.

imageEl éxito de cualquier proyecto se traduce en la consecución positiva del resultado obtenido. Pero para un triunfo completo también hay que aportar en ese camino la inteligencia y la prudencia necesarias para saber equilibrar entre el fin perseguido y los medios utilizados.

En mi humilde opinión, la verdadera clave del éxito, por encima del éxito profesional, consiste en que podamos ir a dormir, cada día, con el alma en paz.

Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado