Transiciones

I

En secuencia continua

Como un time-lapse de las estaciones en Alaska en las que vemos el sol, el hielo, el deshielo y la cosecha de heno en un minuto y medio.

De esa forma, aunque no lo creamos, aunque no lo apreciemos van nuestros días… Y hasta nuestras horas.

Cuando toca juntar letras aquí en El Calzador, me siento, a las horas en las que un domingo el resto de la tribu anda aún buscando de forma inconsciente la postura en la que no dejar al aire un centímetro de piel debajo del edredón. Las horas en las que aparece Niobe como un perro de los de Guerra Mundial Z para cambiar la colchoneta por el sofá a tu lado, sabiendo que no vas a decirle nada. Es pronto ¡Para qué decirle que se baje!

Son esas horas de cafés recurrentes en las que las teclas del ordenador suenan demasiado escandalosas.

¡Coño es que es muy pronto!

Pues en estas horas es en las que me da por pensar qué ha pasado y qué viene por delante. Y el qué ha pasado me aparece en ese time-lapse que os decía antes. A velocidad infinita y atropellada como en transiciones de una ppt en las que se ha quedado atascado el cursor derecho.

Pasas de preparar comidas para ti a hacer dos cocidos en dos ollas diferentes porque tienen nueve personas a la mesa.

De despertar sin importarte el ruido a bajar la persiana como si fueras un neurocirujano que mueve las manos acariciando los milímetros que se mueven las lamas mientras van ocultando las luces de la calle. Despacio, para no despertar a los que siguen acariciando las vivencias que, en un rato, difícilmente recordarán.

Pasas de hacerte café tras café sin importarte la hora en la que dejarás de tomarlo a ir preparando esos desayunos a la carta… Uno tostadas, otra galletas, otro tostadas de pan (de pan, pan), otra zumo de naranja, otro galletas de chocolate, uno leche fría sola, otra caliente con mucho cola cao…

De ver los documentales de la Segunda Guerra Mundial y hasta el campeonato noruego de curling, de repente estás viendo un miércoles El Príncipe y a un tío que nos intenta convencer de su parentesco con Boabdil mientras le sale del alma su acento natal cubano.

Pero vamos, que son transiciones… Y no son malas.

II

Transiciones

En una época como esta en la que la palabra Transición no se la quita nadie de la boca, sigo pensando que me cuesta mucho hablar con propiedad de aquéllo que, cuando ocurrió, yo rondaba los ocho, diez o doce años. Un tiempo en el que, como decía hace poco, lo único que me preocupaba era jugar al fútbol en la puerta de la comisaría de mi barrio y ganarme un duro con las ruedas de reconocimiento que cada día se celebraban.

Cada vez debo ser menos cuñado, menos castellano y cada vez tengo menos posibilidades de triunfar porque, por mucho que haya leído de algo, cada vez me cuesta más hablar de lo que sé poco, de lo que no se mucho o incluso, de lo que tengo dudas. Jamás voy a poder ser tertuliano…

Debe ser por eso por lo que tuerzo el morro cuando oigo pontificar a algunos (y algunas) sobre “sus” cruzadas, “sus” intereses camuflados con fines y razonamientos imposibles de no alabar. Pero son “sus” fines y “sus” cruzadas. Esas personas viven “sus” transiciones como yo vivo las mías.

Pero como os he contado, las mías son bastante más prosaicas. Son las de no pensar en la hora a la que comer o tener ya, cuando aún el sol no ha salido, perfectamente estructurado en mi cabeza el múltiple menú de hoy. Más prosaicas y banales, sin duda. Mientras alguno estará ahora pensando en qué va a escribir, decir o bramar para arrancar algún aplauso, yo estoy pensando en que algunos de los macarrones los haré con salchichas y otros con carne picada. Pensando que tengo que bañar a la perra y deshacerle los nudos y que, en realidad, me apetece que mañana sea lunes.

Por eso, a veces, cargamos determinadas palabras de una grandiosidad que, en realidad, sólo se las otorgamos para aumentar nuestra pompa (no se puede decir pompa, sin decir después boato). Miramos transiciones de hace cuarenta años y no disfrutamos de transiciones que vivimos, en carne propia, cada día. Las mías, en las últimas semanas, meses… Son importantes y llamativas aunque a ojos de otros, da igual si ajenos, cercanos o lejanos, caigan en saco roto o no sean muy apreciables.

Mi transición. Mis transiciones. Las del día a día que se van viendo con el paso de las semanas. Las que cambian tus momentos de vida pero no tu esencia que sigue siendo la de un capullo inconformista que se cabrea con las cientos de memeces que se leen cada día…

Iba a decir que no bajo la guardia, que seguiré pensando que las transiciones verdaderamente importantes son las que experimentamos cada día nosotros mismos. Iba a decir que os vigilo… Pero en realidad, me acabo de dar cuenta que el pobre Winston Smith soy yo. Que vais ganando y que también voy a vivir una transición que, seguro, será incómoda para mí. Será aquélla consistente en empezar a preocuparme por sonreír a la cámara… La de la sentir satisfacción cuando se lanzan mensajes vacíos o que ocultan razones diferentes a las que queremos hacer creer. En definitiva, seguro que voy más atrasado que otros muchos y acabaré por hacerlo. Cuando llegue ese momento, por favor avisadme…

 

@SMNacho

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Parlamento con dos puertas malo es de guardar.

“Que por aquel mismo caso

que aquí de mí se guardó,

tengo de seguirle yo;

tras ellos, de paso en paso

tengo de irme rebozado.

Porque si yo, cual sospecho

No le murmuro y acecho,

¿para qué soy su criado?”

 

Calderón de la Barca.

 

A veces, solo a veces, realidad y ficción se unen en una tormenta perfecta. Otras veces la historia es solo una historia. Hoy en día, la realidad supera a la ficción y nos traslada a las historias del teatro que se hacían para entretener a la gente en la España de 1650.

Las historias de las comedias de capa, espada, amor, honor y celos son universales porque es el día de hoy que reflejan una realidad viva de nuestra actualidad de ayer, hoy y siempre.

La idea inicial del relato era mezclar una entretenida e ingeniosa obra de Calderón llamada “Casa con dos puertas, mala es de guardar” con una historia actual usando sus personajes y una ligera línea argumental dejando retazos para que el avezado lector de este blog tuviera un deja vu actual.

Sin embargo, unas décimas de fiebre y la carga de trabajo impiden que, de nuevo, aporte brillantez a mis post. No puedo hacer nada al respecto. C´est la vie!

A pesar de eso, la fiebre y la televisión de viernes por la mañana me lleva a pensar que nuestro Parlamento es una casa con dos puertas difícil de guardar en donde los amores de Félix hacia Laura, amiga de su hermana, solo es una confusión porque en realidad se ha enamorado de Marcela, pero no es Marcela sino Laura porque Marcela es la hermana de Félix.

Es gracioso porque Pedro podría ser Félix, Pablo podría ser Laura, Marcela, podría ser Albert y Lisardo… bueno, Mariano no me cuadra en esta historia pero en su discurso de no investidura hizo tanta referencia al siglo de oro de las letras españolas que había que mencionarlo porque fue un discurso muy ingenioso.

Recordé estas cosas de juventud porque, como diría un moderno, es estos mundo “calderonianos”, las damas son quienes llevan la iniciativa de los cortejos, como Pablo, y la astucia del mismo, permite que toda esta historia adquiera esa esencia de tragedia –o comedia- calderoniana que permite una tensión muy de gusto del ADN español.

¿No me digan que esos enredos de que un grupo de negociación entre por una puerta confundidos con lo que ofrecen y pacta no se asemeja al enredo amoroso de estas comedias?

  • Me dijiste A.
  • No, no. Firmamos B.
  • A
  • B
  • Ya no me quieres.
  • Si
  • No
  • No aguanto seguir así…
  • Venga… no seas así.
  • Te perdono.
  • Y yo a ti.

En Casa con dos puertas, mala es de guardar. Solo hay tres espacios: dos casas y una calle. En tiempo de día y de noche. Breve. No se, ¿cómo una investidura y dos despachos?

Hoy, viernes 4, a las 13:30 hora Canaria. Colgaré este post…

Mañana, cuando lo lean, quizá acierte, quizá no. Quizás tenga gracia, quizás no. Pero la realidad es que España fue, es y será una comedia de capa y espada que girá alrededor del amor, el honor y los celos porque todo, todo, todo… gira sobre estos ejes vitales, anclados en el ADN patrio… o no.

Casa con dos puertas.jpg

 @luisabeledo