Buenos Días y Buena Suerte

La “libertad de expresión” está muy manida. Sobre todo, para quienes no lucharon por obtenerla y se la encontraron ahí puesta, como la sevillana de encima del piano. Tanto como “progresista”, por lo menos. Ambas parecen servir para todo, son como el bálsamo de Fierabrás, que todo lo justifica y lo tapa.

– Oye, que me has llamado gilipollas
– Ya, pero es libertad de expresión.
– ¡Ah, bueno!. ¡Haber empezado por ahí!. Entonces, nada

– Hay que ver lo idiota, sin sustancia y vacío que es ese político.
– Ya, pero es progresista.
– ¡Ah, bueno!. ¡Haber empezado por ahí!. Entonces, nada

Vivimos tiempos turbios y no, no voy a entrar caso por caso, ni en su utilización, ni en las evidentes exageraciones, ni en lo ideal que es que pasen cosas nefastas, para que todos extrememos nuestras posiciones al máximo, con lo que nos gusta eso, para echar unos ratitos en las redes sociales. O escribir columnas, los suertudos que pueden hacerlo.
No. En realidad, a lo que voy es a comentar las múltiples ocasiones en que todo se justifica en base a la palabra-comodín que encaje según el caso, sea libertad de expresión, sea en lo muy, pero que muy progresista que es el autor de la barbarie de turno. ¡Ah, bueno!. Así que, si son progresistas y utilizan la libertad de expresión, hace falta ser fascista (que es otra de esas palabras-comodín) para criticarlo. En fin …
Ahora, que es justo cuando mis compañeros de aventura en El Calzador están a punto de darme collejas pasillo arriba, pasillo abajo, porque ya saben los lectores más expertos que aquí no se habla ni de política ni de Derecho, es cuando aprovecho para comentarles que hubo otro tiempo, sin embargo, en el que la Libertad de Expresión se escribía en mayúsculas, era un logro a veces soñado y tenía otro significado, bastante diferente al de servir de parapeto para ofender, insultar, atacar gratuitamente.
Y para ilustrarlo, como ya me gustaría a mí ver a tanto abrazafarolas enfrentándose a alguien como el Senador McCarthy, se me ha ocurrido el ejemplo de Edward R. “Ed” Murrow, un periodista estadounidense que se hizo famoso como locutor de radio, ni más ni menos que durante (y en) la Segunda Guerra Mundial, retransmitiendo en onda corta desde Europa, para millones de norteamericanos, conectando en directo desde el frente.
Murrow había entrado en la CBS en 1935, dos años después fue nombrado director de la oficina europea en Londres, donde formó un equipo a su medida que, como queda dicho, el estallido de la Guerra convirtió en legendario.
Tras la Paz, volvió a los Estados Unidos y, aunque fue nombrado vicepresidente de la CBS, prefirió retornar a la radio hasta que, en 1951, tras el éxito aplastante de uno de sus programas, lo adaptó para la televisión, medio que entonces aún estaba en sus inicios, y creó el programa ‘See It Now’, que simultaneó con otro de entrevistas, ‘Person To Person’, creando en ambos casos unos nuevos formatos que rompieron moldes en la historia de la televisión.
Murrow aprovechó su enorme prestigio, ganado a pulso, para exigir plena libertad a la CBS, sin interferencias de ningún tipo.NVG9714-03
Y entonces, surgió McCarthy, ese senador republicano y matón que pretendió labrar su fama y fortuna a costa de los demás, y del odio que fue capaz de generar en base a su tristemente famosa lista negra y caza de brujas, elaborada gracias al miedo, a los chivatos, a los delatores y a los cobardes que supo crear a su alrededor, desde el “Comité de Actividades Antiamericanas”, con la excusa de la “lucha frente al Comunismo”.
Eran muy pocos quienes se atrevían contra él. Como pocos años antes había hecho el Nazismo, y como desgraciadamente seguimos viendo en nuestros días, puede cambiar el entorno, las víctimas y la dimensión, pero la teoría es siempre la misma: “O conmigo o contra mí”.250px-Joseph_McCarthy
Hay que saber utilizar el Derecho a la Libertad de Expresión y hay que tener mucho valor para enfrentarse a alguien así. Y Edward R. Murrow, que en realidad se llamaba Egbert Roscoe Murrow, lo tuvo.
Entre 1953 y 1954, pese a las presiones de los patrocinadores de su programa, y en consecuencia de la CBS, tras llegar indirectamente a él a través de la investigación de la historia de un soldado, Milo Radulovic, que había sido injustamente considerado culpable y expulsado del Ejército sin juicio alguno, Murrow dedicó una serie de programas a desacreditar a McCarthy, desenmascararle, ridiculizar todas y cada una de sus tácticas y convertirle en un clown peligroso para los seguidores del programa, que llegaron a ser muchos millones, por lo que se erigió oficialmente en enemigo del senador (in)justiciero.
A Dios gracias, calaron los discursos inmortales de Murrow: “No debemos confundir disenso con deslealtad. Debemos recordar siempre que una acusación no es una prueba y que una condena depende de la evidencia y del debido proceso de la ley. No caminaremos con miedo, el uno del otro. Este no es el tiempo para que los hombres que se oponen a los métodos del senador McCarthy se mantengan en silencio, o para aquellos que los aprueban”.
Por ello, preocupado McCarthy al fin, porque alguien osaba enfrentarse a él, llegó a aceptar el guante que le había tirado nuestro héroe, protagonizando un programa completo en el cual, al utilizar su derecho a réplica para tratar de desacreditar y acusar a Morrow, fracasó y comenzó a cavar su propia fosa, sumergido en el ridículo más absoluto.
Aquél programa marcó el punto de inflexión en la campaña del Senador contra quienes eran acusados de ser simpatizantes del comunismo y, además, lo marcó también en la historia de la televisión.
Había destrozado las vidas y las carreras de mucha gente, con especial saña dentro del mundo del cine y del espectáculo, pero Joseph McCarthy no salió vivo de su enfrentamiento con Murrow. Murió primero como líder influyente con ínfulas presidenciales, en 1954, al no superar una moción de censura … Y falleció sólo tres años más tarde, a la temprana edad de 48 años, víctima del alcoholismo.
Edward R. Murrow, en cambio, continuó impartiendo clases magistrales desde la CBS, con esa pose tan suya, reclinado y con un cigarrillo sostenido en alto, con su mano izquierda hasta que dejó la Cadena en 1961, cuando el presidente John F. Kennedy, al iniciar su ilusionante (y desgraciadamente corta) etapa como Presidente, le nombró jefe de la Agencia de Información de EEUU, un cargo que mantuvo hasta 1964. Murió meses después.
Uno de los grandes directores de cine de nuestra época, George Clooney, le ha inmortalizado con su magistral película “Buenas Noches y Buena Suerte”, aludiendo a la sempiterna fórmula de despedida de Murrow, ejemplarmente interpretado por David Strathairn, en el papel de su vida. Pudieron ganar hasta seis Oscars, de no haber sido 2005 un año especialmente brillante, en el que coincidieron con joyas como Crash, Capote o Memorias de una Geisha, y alguna otra de éxito puntual y legado corto, como Brokeback Mountain, siendo la única de todas ellas que se quedó en blanco.Oscar2016Buenasnochesybuenasuerte
Murrow ha pasado a la historia como un defensor de la libertad de expresión, entendida como un ejercicio de sinceridad, con uno mismo y con los demás, de profundidad en la investigación, de firmeza en las propias convicciones y de valor para enfrentarse a quien haga falta, con tal de que la verdad salga a la luz y las personas tengamos elementos a nuestra disposición, para abrir los ojos.
Cincuenta años después de su marcha, existe el Legado. Y el actual, tampoco es “tiempo para que los hombres se mantengan en silencio”. ¿Dónde están los legatarios?. ¿Existen? ¿Están escondidos?. ¿Es la libertad de expresión y el progresismo una cuestión ideológica o patrimonial de unos pocos, que pueden ejercitar a la ligera?. Yo opino que no. ¿Y ustedes?.
Buenos días … Y buena suerte, amigos.

Fran Estévez
@FranOmega Ω

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Un comentario en “Buenos Días y Buena Suerte

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