Cuestión de talla

Está muy de moda el apelativo “de talla mundial”, con gran parecido a “excelente”, pero tan frecuente que pareciera que lo de world-class es, pese la grandilocuencia, menos exigente. Más barato. Es lo que pasa con las cosas que no tienen definición clara. “De talla mundial”, que queda bien y al carallo.

Excelente suena rancio, casi fascista, pues proviene del latín, donde significaba que algo sobresalía, que estaba “por encima del cielo”. Qué fácil utilizarlo, sabiendo exactamente a qué se refiere. Para los términos tibios hace falta aplicar calor, como hace por ejemplo Sir Alex Ferguson en su último libro. ¿Que qué es world-class? Pues Cristiano Ronaldo, Lionel Messi y nadie más. De entre los miles de jugadores que pueblan el planeta fútbol, sólo dos son intachables en actitud, habilidades y rendimiento. Por si queda alguna duda de lo difícil que es llegar a la cima, el propio Ferguson reduce a cuatro los jugadores excelentes que entrenó en sus veintiséis años como gestor del Manchester United: Cantona, Giggs, Scholes y el de Madeira.

Así se aclaran las dudas. Lo fácil hubiese sido mencionar sus estadios favoritos, los esquemas de juego que mejor fútbol generan, los entrenadores que más problemas le han causado… Algo vacío, que no moleste a nadie. Pero ejemplifica con los cientos de empleados que ha tenido, los tipos que le han dado decenas de títulos durante su carrera. Y destaca únicamente a cuatro. Ser justo tiene una dosis de crudeza que, a ojos del ciudadano moderno, resulta antipático.

Resulta, así, que lo de “talla mundial”, mirado con detenimiento, no anda tan lejos de lo excelente. Que sobresale, que se puede apreciar su brillo desde cualquier del rincón del planeta (sea éste plano o tirando a huevo, que es una cosa con una poesía que no se puede aguantar, dicho en meridional). De hecho, globaliza lo excelente, elevando su listón. No basta que algo destaque en su entorno, tiene que asombrar mucho más allá. Plus ultra.

Máis alá, que tituló su manifiesto vanguardista el mejor poeta gallego de la primera mitad del siglo XX, aun muriendo a los treinta con sólo un libro publicado. Ojo a lo de la talla, que se nos complica. No basta con elevarse entre contemporáneos, nos metemos en la complicada tarea de dejar huellas que perduren. Va a resultar, al final, que lo de world-class no era ninguna carallada.

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Manuel Antonio, poeta galaico (valga la redundancia)

Actitud, habilidades y rendimiento, mencionaba arriba. Querer, saber, poder. Se me hace imposible pensar, por eso, que mis cogeneracionarios -o como carallo se llame a los compañeros de época de uno- no rompamos el molde. Voluntad no puede faltar, con el panorama que nos hemos topado para empezar nuestras vidas profesionales. Una crisis que aún no ha terminado de colear, bastante menos pasta que nuestros predecesores y cierto resquemor de los mayores -que nos ven disolutos, menos disciplinados que en sus tiempos-. La generación de Seseña, Lehman Brothers y otros ingenios. Unos santos. (También la de Apple, Google y el euro, todo sea dicho.)

De saber, aunque no nos sepamos los reyes godos de memoria ni hayamos pasado por cuartel en el que aprender otras materias, nuestra élite ha gastado en aprender más que nadie antes. Nosotros no hemos invertido lo que no teníamos en ladrillos, sino en másteres, maestrías y otros posgrados. Nos hemos endeudado hasta las cejas para despuntar, ahora sólo queda hacerlo. Esos cojones, en Despeñaperros, que dijera el torero a la locomotora que bramaba en el confort de la estación.

El poder se gana echando el balón al pasto, que diría Di Stéfano, don Alfredo. Ahí estará nuestra gran batalla. Los que somos punta de lanza de la generación de la tontería podemita, la idolatría vacía al obama, la queja por la emigración obligada (hay que ser asno), nos hemos topado un mundo nuevo. No sólo la famosa crisis, también maravillas. Toca demostrar que no todos somos tontos. Un folio en blanco: aparatos por todas partes, políglotas por todas las esquinas, billetes de avión a dos duros, compañeros de todos los colores en trabajo, casa y cama.

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Nacidos con todas las comodidades, crecidos con cierta hostilidad, nos ha llegado el momento de llegar más allá. Al mundo, universalizando a Alfonso Guerra, no lo va a reconocer ni la madre que lo parió.

 

Luís Teira
Becario, madridista y millennial

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Aquel patio de Sevilla

¡Vive! Es decir: ama y besa, escucha, mira, toca, embriágate y sueña…

Tengo que reconocer, mal que me pese, que hasta hace no mucho lo único que conocía de Manuel Machado es que era el hermano mayor de Antonio y que se mostró afín al bando nacional durante la Guerra Civil.

Sin embargo, aquella famosa anécdota de Borges —que a mi padre le gusta contar— me despertaba cierta curiosidad por conocerlo mejor. Curiosidad que se avivó al toparme con el poema de Luis Alberto de Cuenca “De y por Manuel Machado” y que me llevó a desenmascarar al desconocido.

Es cierto que la poesía tiene fuerza por sí misma. Pero también lo es que detrás de la poesía hay un poeta. Menuda perogrullada. Quiero decir que detrás del Yo poético casi siempre destilan ecos del autor y que, por lo tanto, conocer al autor no es un capricho, sino una de las claves para captar el tono de sus composiciones. En palabras de Machado: «Poesía es lo que los poetas quieren. Detrás de un libro hay un artista, un hombre, una personalidad, o no hay nada. Cuando lo hay, el libro interesa y no es preciso pedirle más».

La biografía de Manuel, como su obra, está dividida (simplificando, aunque no sé hasta qué punto simplificar una vida sea procedente) en dos. Y el punto divisorio lo marca su matrimonio: en 1910 se casa con su novia “de toda la vida”.

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Manuel Machado y señora, 1910.

Deja atrás, entonces, su inquieta y libertina vida para abrazar un día a día ordenado y de “hombre de bien”. A la vez, se serena su poesía; en ella va difuminándose la espontaneidad y el sarcasmo. Al final de su vida, sus publicaciones se centrarán básicamente en temas políticos y místicos.

Como Antonio, nace en Sevilla (1874) y vive desde niño en Madrid. De padre cercano al krausismo y a Giner de los Ríos, ambos asistirán a la Institución Libre de Enseñanza. Manuel se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla.

Con veinticinco años viaja a París en busca de trabajo: trabajará como traductor para la editorial Garnier Frèdes. Instalado en la capital francesa, se introdujo en los grupos literarios y se adentró en la vida bohemia parisiense. Después de casi dos años, regresa a Madrid donde se dedicará a escribir: publica varios libros y colabora en diferentes revistas. Conoce y trata a Juan Ramón, Darío, Valle-Inclán, los hermanos Sawa, Baroja, Maeztu, Unamuno… Es un artista conocido y respetado.

Manuel era un hombre atractivo. Y además lo sabía. Bohemio y alegre. Bien vestido siempre (aún en las épocas de penuria económica), conjuntado y a la moda (en contraste con su hermano Antonio), seguro de sí mismo, muy culto, dotado de gracia natural andaluza y curtido en París. ¿Un conquistador nato? Tal vez.

Pero, al mismo tiempo, Machado crea un auto-personaje en su poesía; sin duda, con rasgos de su propia biografía y, sin duda también, exagerando ese rol de dandi desvergonzado. Tiene su poética un alto componente de narratividad, donde la vida corriente juega un papel protagonista. Por este motivo, es fácil que perdamos de vista que quién nos habla no es Manuel Machado, sino su Yo poético.

Es un poeta elegante. No sé si lo es porque todo él lo era en su conjunto o, si por el contrario, se trata simplemente de una pose que elige a la hora de escribir. Lo más lógico, por lo menos, es que lo uno le lleve a lo otro. En cualquier caso, la voz dicharachera, ágil, fina, exquisita es una constante en su poética.

Esa finura, no obstante, no puede entenderse, para nada, como una postura ñoña o que se acomoda entre asuntos banales o envueltos en algo parecido al tópico clásico del locus amoenus.

La comedia del arte, el folklore andaluz, la mala vida, los suburbios, los borrachos, las prostitutas, el alcohol… aparecen en los poemas de Manuel con naturalidad. De este modo, se hace patente que los temas que aborda están lejos de cualquier espacio del imaginario modernista más rubendariano.

Sin ser purista ni maniático, es también elegante en el estilo. No son los suyos versos demasiado revisados ni pulidos: se permite, por ejemplo, rimar inquietante con insignificante o forzar la rima de soniquete con calladete y recurre sin reparo al uso de pareados en muchos poemas. «La elegancia de Manuel Machado lo es precisamente porque no está buscada ni rebuscada […]. Su modo de vivir y de escribir es natural» (G.Diego, 1974: 20).

La crítica coincide en que El mal poema (1910) constituye el auge de su creación literaria. Ha ido tanteando en los poemarios anteriores un lenguaje poético que bebe del Romanticismo, el Modernismo, el Decadentismo, de Góngora, Lope, etc. para dar a luz ahora a una poesía original y moderna, muy suya.

Manuel Machado saca a relucir ahí su rol más canalla. Son poemas desenvueltos que evocan la travesura, el juego del chico chulo que desafía la vida, el amor y los límites de “la sociedad de bien”.

Leyendo El mal poema me acordé, inevitablemente, de de Cuenca y comprendí por qué le dedica una de sus poesías. Desde la cotidianidad, ambos poetas presentan cierta locura moral y comparten el tono antitético entre la densidad y la sencillez, el placer y la profundidad, la erudición y el juego.

Se trata de una poesía urbana, de la calle, frívola, cargada de referencias nocturnas, provocadora. Sin embargo, Machado no es en ningún caso grotesco: sabe guardar el decoro en todo momento. Y he aquí donde la ironía adquiere un papel todavía más relevante.

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Manuel Machado, 1932

Bien. Junto a la imagen del hombre cínico y despreocupado, hay también un poeta que se queja (de la crítica, de la condición de los artistas, de la vida) y que aparece harto e incluso, en ocasiones, afligido.

Una de las composiciones clave de esta obra es “¡Paz!” en la que se encierra el tono continuo que acompaña todo el libro: una mezcla de hastío y de alabanza a la mala vida. Ridiculiza el vivir de quienes se someten a “ser buenos” y son incapaces de salir de los moldes establecidos por las convenciones sociales y morales. ¿Puede haber “paz” en experiencias esperables y aburridas? El Yo lírico se encuentra harto de ser un día bueno, bueno, bueno y de amar el agua clara sin sabor ni color; lo ha intentado pero esa constante lucha le produce rechazo.

La noche es otro de los temas estrella de los poetas decadentes. Machado explora, sobre todo, las sensaciones que producen la madrugada y el alba. Lejos de lo que ocurre en la poesía clásica, el alba es un elemento negativo: supone el final de la diversión nocturna. La luz hace evidentes los rostros feos y la resaca comienza a asomar.

Empezaba citando unos versos de su Ars moriendi (1921, ya casado) y termino recurriendo a los que le siguen:

Y ahora suspiro: <¡Muérete!>
Es decir: calla, ciega,
abstente, para, olvida,
resígnate… y espera.

Clara definición del morirse en vida. Me quedo, sin dudar, con el Manuel anterior. Cínico y divertido, fuerte su carácter y ligera su poesía, irónico y elegante. Andaluz, poeta, bohemio, crápula.

Beatriz Jiménez C.

Nací para ser salvaje

La imagen es icónica: Montados sobre las motocicletas Harley Davidson recién compradas, un vistazo a la muñeca muestra que algo sobra, el reloj ¿quién necesita saber qué hora es? Se trata de vivir. Por tanto, el reloj acaba tirado en el suelo. Ponen las motos en marcha y suenan los acordes de una de las canciones más míticas de la historia del rock, cuyo estribillo es conocido por millones de personas: “¡¡Born to be wild!!”

Así comienza el viaje de Peter Fonda y Dennis Hopper en Easy Rider. Peter Fonda, cuyo nombre en la película es Wyatt, pero apodado “Capitán América”, con su casco, moto y cazadora llenos de barras y estrellas; y Dennis Hopper, apodado Billy, como referencia a “Buffalo Bill”, a lo que remite su sombrero y chaqueta de flecos, junto a su pelo largo y collar indio, ponen rumbo desde California a Nueva Orleans para celebrar el Mardi Gras. Para ello, se hacen con dos motocicletas adquiridas con parte del dinero conseguido en un negocio de drogas al sur de la frontera norteamericana.

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La película se convirtió en uno de los grandes éxitos inesperados en la historia del cine, y es considerada una de las precursoras del cine independiente. Escaso presupuesto, actores que no eran entonces grandes estrellas, historia relativamente mínima… Sin embargo, el sello de Easy Rider se ha extendido durante generaciones y muestra como pocas la contracultura norteamericana.

Para entenderlo, debemos situarnos en el contexto histórico. Nos encontramos en 1969, cuando la juventud americana ya es abiertamente contraria a la Guerra de Vietnam, cuando el movimiento hippie se encuentra en su pleno esplendor con comunas a lo largo y ancho del país, con el rock como música catalizadora del descontento juvenil y que llevó a que festivales como Woodstock en 1969 fueran eventos absolutamente históricos, como plasmación de una juventud que quería paz y amor, no guerra. Woodstock, en concreto, tiene una historia curiosa por cuanto fue organizado por unos abogados que tenían en común su amor al rock y decidieron organizar un festival para que tocasen sus grupos favoritos. El evento tuvo tal poder de convocatoria que acudieron cerca de medio millón de personas cuando se esperaba aproximadamente sólo cincuenta o sesenta mil personas.

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Precisamente, el rock tuvo una gran incidencia en el éxito de Easy Rider. En efecto, la película contiene una banda sonora de auténtico lujo, que nadie que se precie de tener sensibilidad auditiva puede decir que hay una sola mala canción. Pero sobre todas ellas, y ojo que estamos hablando de canciones de Jimi Hendrix o Bob Dylan, destaca el tema de Steppenwolf “Born to be wild”, canción que se ha considerado en ocasiones  precursora del Heavy Metal, no porque fuera en sí una novedad en lo que al estilo musical respecta, por cuanto era un tema lleno de guitarrazos de puro hard rock, sino por la inclusión en su letra de la frase “I like smoke and lightnin’, Heavy metal thunder…”

Junto a ellos, el uso abierto y declarado de las drogas: cocaína, con la que que negocian para poder poner rumbo al Mardi Gras; marihuana, presente durante todo el film; o ácidos, con los que tienen un viaje psicodélico en un cementerio acompañados de dos señoritas.

Si hay algo que queda expresamente mostrado es la sensación de libertad. En efecto, se trata de dos –a veces, tres- tipos cruzando la América sureña profunda en sus Harley Davidson, a poca velocidad, disfrutando del paisaje, de la Naturaleza, sin prisas, sin agobios, sin posiblemente saber pero seguramente sin importar qué día de la semana era. No había teléfonos móviles, ni siquiera utilizan cabinas de teléfono. Sólo ellos saben donde están en cada momento, o eso se supone. Ni prácticamente se cruzan con un solo coche o moto en todo el camino. Sólo sol, llanura, carretera y, en ocasiones, montañas a lo lejos y vacas y caballos a los dos lados de la carretera.

Junto a ello aparece el amor libre, las comunas hippies, el vivir fuera de lo establecido. Son encerrados por “desfilar sin permiso”, léase por seguir con sus motos el ritmo de las majorettes, donde se encontrarán con un abogado, George (Jack Nicholson) que se apuntará al viaje con su casco dorado de fútbol americano y con quien tienen curiosas conversaciones, como cuando George habla sobre la existencia de OVNIS, y el uso de la información que los líderes de nuestra sociedad hacían de los OVNIS para que no cundiese el pánico.

La película puede haber envejecido mal, o hacerse lenta a pesar de que su metraje dura alrededor de noventa minutos, pero es un buen reflejo de una época concreta, y sobre todo de algo que aún sigue siendo intemporal. En efecto, los protagonistas entran en el restaurante de un pueblo y, mientras las chicas quieren conocerles, los hombres de la América profunda sureña están deseando que den un paso en falso para ponerles de patitas en la calle, y acabarán provocando que se vayan por sus comentarios sobre su presunta homosexualidad por el pelo largo y la ropa que llevan. Sin embargo, esa noche, en la hoguera bajo las estrellas se produce la conversación más interesante de la película: George les dice que no dan miedo a los del pueblo por su estética, sino por lo que representan para ellos, es decir, la libertad. Porque todos quieren ser libres, pero ellos lo representan y lo muestran, mientras que los otros sólo hablan de la libertad del individuo, y cuando ven a un individuo libre les hace tener miedo. Y ese miedo, a su vez, les hace peligrosos para, precisamente, quienes son libres.

¿Acaso no sigue siendo arriesgado hoy en día pregonar la libertad?

@EnriqueMS_

Las historias de Moulin Rouge, la película

“Hay otros mundos pero están en este”

Paul Elouard

 

De la misma manera, hay otras historias pero están en esta: Moulin Rouge. La excesiva pero también extraordinaria película de Baz Lurhman nos cuenta una historia en la que están contenidas otras historias. Y no menores, sino grandes historias que han conmovido a gente de varios siglos, de muchos lugares y de toda condición.

flashback (1)La historia de la película parte del joven Christian recién llegado al París de finales del XIX. Ese París que durante el Segundo Imperio de la mano de Napoleón III y del Barón Haussmann  se convierte en una ciudad majestuosa, con una concepción de amplios boulevards, de bellos edificios que contribuyen a ensalzar las calles y de servicios modernos. Sin embargo, en el monte, en la zona rural de París, en Montmatre, donde aún sobreviven molinos y viñedos, la población son emigrantes gitanos que llegan desde Bohemia y se van asentando en aquella zona. Más barata, más asequible, alejada del París de Haussmann. Los jóvenes artistas con ganas de crear, con una visión distinta del  arte y de la vida, llegados de todos los lugares del mundo, no pueden permitirse vivir en el centro de la ciudad y se van a vivir donde los gitanos, los “bohémien”, del que adoptarán el nombre. De hecho, Henri Murger escribe “Scenes de la Vie de Bohème” y aunque es una obra menor y limitada resulta inspiradora para toda este movimiento..

Moulin_Rouge-712045490-largeNuestro joven Christian llega a Montmatre y se encuentra con uno de los máximos representantes de aquel movimiento, Toulouse-Lautrec, que le introduce en el ambiente de la bohemia y de la absenta. Allí conoce y se enamora de la bella Satine, “Diamante reluciente”, bailarina del Moulin Rouge y cortesana, pero que no es libre, ni por Ziegler y el teatro, ni por el Duque que la desea y financiará el espectáculo. Y con estos mimbres la historia transcurre como es previsible, los jóvenes Satin y Christian se enamoran a la espalda del Duque, que mientras se entusiasma con poseer a Satin no es consciente del engaño y financia la obra, siempre llevado de la mano del hábil Ziegler. Pero…en las historias de amor siempre hay un pero, Satine está enferma. Dentro de ella, la tuberculosis la debilita cada días más. Además el Duque se entera de la historia de amor y exige tu trofeo, Satine. Ella acepta su destino y se entrega al Duque. O casi. En el último momento su amor por el joven escritor vence y escapa.

Decíamos que en esta historia se encuentran otras muchas. Como no identificar a Orfeo y su bajada a los infiernos en esta obra. Orfeo y Eurídice, su descenso a los infiernos para rescatarla de Hades, donde se encuentra tras morir escapando de Aristeo. El paralelismo con Christian bajando al París sórdido, la Ramera de Babilonia, como la llegan a conocer y que tan fantásticamente describen Flaubert y Sardou. Un París que había conocido sus más bajos niveles de moralidad, ensalzando a prostitutas como personajes relevantes Colette, Liane de Pougy, la Belle Otero… Aquella frivolidad como esencia de la ciudad que tan maravillosamente contaba Balzac. Christian desciende en busca de Satine para redimirla desde el amor, para con su arte, su escritura, como Orfeo con su música, convencer a Zigler, combatir al Duque y salvar a Satine, pero como en el mito griego, no puede escapar a la muerte. Ni Eurídice cuando Orfeo mira hacia atrás, ni Satine que sucumbe la tuberculosis por aquel tiempo, mortal.

movie1454Pero si hablamos de Orfeo, aún más claro encontramos en Moulin Rouge una de las más importantes obras de la literatura: “La dama de las camelias”, de Alejandro Dumas hijo. Margarite Gautier, inspirada en un historia real del escritor, su relación con Marie Duplesiss, es una cortesana entregada a un Duque y un Conde, que se enamora del joven Armand Duval. Este se encamora también y consigue arrancarla de aquella vida pero el padre de Armand, como Zigler en Moulin Rouge, la convence de apartarse de su joven enamorado. La separación, el desamor…Margarite que está ya muy enferma, escribe a Duval y le cuenta el motivo de su abandono. Armand vuelve enseguida a verla porque nunca dejó de amarla pero cuando llega ya ha muerto y se subastan sus pertenencias. Es en ese punto donde verdaderamente empieza la historia y en esa subasta alguien puja por el libro de “Manon Lescaut”, la prohibida novela del Abate Prévost, que es sin duda el origen de la novela romántica ensalzando el amor apasionado y fatal, sin medida y enfrentado a la razón.

Pero si Moulin Rouge nos trae a “La dama de las camelias”, no podemos obviar que por tanto contiene “La Traviata”, que es la obra en la que Verdi se inspira. Violetta, enferma de tuberculosis, recuerda su historia mientras ve a unos operarios retirar sus bienes embargados. Recuerda a Alfredo, que se enamorara de ella y prometa cuidarla siempre. Ella no le cree, es una cortesana, amante del Barón Doupholl y de muchos otros hombres, pero al final se da cuenta de que Alfredo la quiere de verdad. El padre de él, Germont la convence para que abandone a Alfredo. En París de la mano del Barón Doupholl se encuentra con Alfredo y este le paga por sus antiguos servicios como humillación pública de Violetta. Al final, Germont le cuenta a su hijo el sacrificio de Violetta y este acude al lado de ella pero ya es tarde. Ni el amor, ni su compañía salvan a Violetta de la muerte.

Como vemos en esta historia hay muchas otras y también muchos detalles que hacen de ella una película genial. Con una estupenda banda sonora con canciones como la maravillosa “Your song”, de Elton John, la más bonita canción de amor de todos los tiempos. O la fantástica “Sparkling diamods” basada en “Diamonds are a girl best friend”, que interpretó Marilyn Monroe en “Los caballeros las prefieren rubias”. Sin olvidar “Smell like teen spirit” de Nirvana, “Lady Marmalade”, de Cristina Aguilera, “Material Girl” de Madonna o el tango de Roxane, basada en la canción del mismo nombre de The Police.

9-nicole-kidman-moulin-rouge8Pero también las vicisitudes de la película son curiosas como el hecho de que la bellísima Nicole Kidman en la cinta, terminara con dos costillas rotas y la rodilla lastimada. O que se hiciera el collar más caro del cine, un millón de dólares. También que si nos fijamos la pequeña hada al estilo campanilla empieza siendo Kilye Minogue y acaba con un grito de Ozzy Osborne, que era quien originariamente iba a hacer el papel. En definitiva una magnifica cinta que le llevó a ser nominada como mejor película y que nos dejó una escena para recordar, una  preciosa Nicole Kidman apareciendo en un trapecio bañada en una luz azul y tocada con una pequeña chistera.

Emilio Gude

@Emiliogude

Pasaba, pasaré.

¿Te acuerdas aquella tarde en el invierno del dos mil y poco cuando puse el disco de Aute?, ¿ese que nos recordará eternamente al barrio?, a nuestra casa de Lavapiés. Sonaba “pasaba por aquí” y me preguntaste entre risas si yo sería como el “listillo” de la canción o al contrario rompería definitivamente si lo nuestro se fuera al traste, yo sonreí diciéndote “si yo sólo pasaba…”

Luis_Eduardo_Aute_-_AlmaQue va querida, yo en el fondo creo soy de los que me dejaría caer alguna vez…bueno no, sospecho firmemente que de tanto caerme no iba a poder levantarme del dolor. La verdadera putada es que cuando aquel año hicimos el petate y abandonamos la bohemia castiza irrumpimos de lleno en el sórdido universo de las urbanizaciones. Y en este territorio hay portero, con botones, pero que no son gris plateado y suenan cuando los pulsas, le abrochan la camisa. La situación sería muy distinta, con este panorama “pasaría” de entrar en el recinto haciendo mutis por el foro y “repasaría” de tener jaleo con “el puertas” por lanzarte una mirada furtiva…pero vamos a imaginar que te has vuelto a Olmo 27.

Ahí estaría en la calle cuando durmieras, agonizando a vinos en Alfaro que desde allí se ve el portal, o llorándole a Paco en el FM, mi pena mientras me volvía a contar que el ciclismo ya no es lo que es y que aquel bar antes era una casa de putas. La ausencia espabila la imaginación, sin verte te sueño con risas, y te deseo sin poder recuperarte, sólo una noche.

images (15)Porque el amor es como las grandes borracheras donde hay “sonrisas y lágrimas”.  Aunque todo indica que los Von Trapp no abusaban del Jägermeister cuando brincaban por los Alpes hay que reconocer que Froilán María y sus muchachos nos pusieron el título perfecto, además respetando el orden. Con el amor y con la priba, grandes sonrisas y muchas lágrimas.

Ciertamente tanto con el “cuore” como con la “bottiglia” se derraman propósitos, fluyen las emociones intensas y a la vez se logra bajar de la mano de Dante al noveno círculo, al pozo donde están castigados los gigantes. El lugar donde la estulticia y la cátedra de ponencia se dan cita se encuentra inmerso en el etéreo subidón que ofrece el fragor de la “batalla”, habilitado todo esto por la unión de los dos elementos antes mencionados. Donde lo irreal y lo absurdo se convierten en universos palpables. Una vez pasado el “mal trago” de la primera resaca de pasión, repites, amar, desear… Las sensaciones fuertes son como la edad, cuando las acumulas y el tiempo transcurre pesan, para bien y para mal, al final son lo que vuelven a juntar a las personas, en la cama o en el juzgado tramitando la separación.

No dejaría de pasar para recordarte al menos una vez que las horas que pasamos juntos se convirtieron en compañía y esto en vida. La magia existe querida… los susurros al oído y la humedad del pelo revuelto en el dormitorio se convirtieron en las coletas que le hago por las mañanas a la niña cuando va al cole…, y el que llegó después… porque nadie nos dijo que era fácil, porque al final tener que acompañar es lo que aviva el espíritu.

Te volvería a llamar, no desde una cabina como el de la canción, porque eso a día de hoy lo tengo jodido. Te volvería a llamar como fuera y te diría despacito todo lo que te conté aquella tarde en Olmo.

Lo que supone para mí el no ver tu sonrisa y tu mirada. Te contaría otra vez la vida que no quise llevar en el preciso instante que decidí que tú, mi alma acompañante, que tú, la que ríe y llora a mi lado, conmigo y por mi… eres la mujer de mi vida.

Iñaki Laría

@IgnatiusLaria

 

Vivir sin amor, no es vivir

“El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,

no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,

no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

He querido comenzar este artículo recordando un bello poema del apóstol San Pablo, recogido en la primera epístola a los corintios (Corintios 13:4-7), en el cual, se glorifica el amor como la mayor de las virtudes.

Hoy es 14 de febrero, una fecha marcada en el calendario para celebrar la festividad de San Valentín. Aunque muchos de los que ahora celebran este día, recordado de forma insistente por los reclamos publicitarios de marcas y centros comerciales, no saben del verdadero origen de esta efeméride que encuentra en la antigua Roma sus primeras raíces.

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La festividad del 14 de febrero empezó a ser asociada con el amor, a raíz de la historia de San Valentín, quien al no querer renunciar al cristianismo y haber casado a soldados en secreto después de que el matrimonio de soldados profesionales fuera prohibido por el emperador Claudio II, habría sido ejecutado, precisamente, un 14 de febrero. De esta forma, el papa Gelasio I, declaró la festividad de San Valentín, a partir del año 498

Pero sobre lo que hoy escribo, más allá de la festividad o la tradición que se viene realizando en torno a este día, también conocido como “Día de los enamorados”, no está relacionado, únicamente, con un concepto de amor de pareja.

En estas líneas, me gustaría reflejar un concepto amplio de amor, universal. Creo, firmemente, en la necesidad de vivir la vida con amor. Vivir sin amor es una manera muy triste y difícil de vivir.

Cuando nacemos, por lo general, venimos al mundo fruto del amor de nuestros padres. Este amor, es visto como creador del bien en el mundo; es el modo en el que se ve a Dios amar a la humanidad, y es la clase de amor que los cristianos aspiran a tener por sus semejantes. A partir de este momento, transitaremos por la vida, optando entre diferentes formas y maneras de caminar.

Resulta muy ilustrativa la definición que hace la Real Academia sobre el concepto amor, dentro de su primera acepción: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser” Es evidente que los seres humanos necesitamos de la interacción y del afecto de nuestros semejantes.

Lo que no se define en ningún diccionario académico, ni en ningún otro tratado de filosofía o de humanidades es cómo se consigue mantener ese afecto, el amor que ofrecemos o que nos es ofrecido. Esta cuestión, quizá, es más complicada de responder que el hecho de enamorarse por primera vez.

Hace poco leí una frase que expresa bien la importancia de cuidar y mantener vivo el amor, más allá del hecho de haber llegado por primera vez a él. Decía: “En el amor no se trata de quien diga primero Te Amo, sino de quien sostiene este Te Amo hasta el final”

A mi modo de ver, una de las claves para caminar por la vida de forma más completa, cubriendo los propios vacíos de nuestro interior es, sin duda, viviendo con amor y, sobre todo, tratando de mantener ese amor.

Y, aquí, vuelvo a reflejar el concepto amplio de amor al que vengo refiriéndome. No hablo solo del amor de pareja, habló también del amor a nuestra madre, a nuestro padre, a nuestros hermanos, a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestra profesión, a nuestros proyectos, a nuestro mundo y entorno en el que vivimos, a nosotros mismos…

Cuando una persona se encuentra con el amor, casi todo lo demás se relativiza. Viviendo con la pasión que el amor produce en nuestro interior, pocas cosas, muy pocas, son capaces de frenar nuestra ilusión por la vida. Ahora bien, lo difícil, no es enamorarse. Encontrar razones que nos produzcan intensos y apasionados sentimientos por haber encontrado a una persona o por la ilusión de un proyecto de vida, es relativamente sencillo que suceda. Lo más difícil es saber cuidar bien de ese amor que la vida puso en nuestro camino para intentar que se mantenga en el tiempo.

Si logramos vivir con amor, con pasión, con ilusión, conseguiremos una vida más plena y más feliz. Nos haremos un bien a nosotros mismos y, también, a nuestros semejantes. En definitiva, el amor, significa también la virtud que representa todo el afecto, la bondad y la compasión del ser humano.

Pruébenlo, vivan con amor…, verán cómo se van llenando todos los vacíos. Como dijo el poeta “Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama”

Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

Brindar sobre las cicatrices

Me parece que es la primera vez que lo veo antes que él a mí. O puede que no. A veces le gusta simular que no ha detectado mi presencia, quizá para no hacerme sentir mal. El caso es que camino entre los setos que delimitan la urbanización en la que vive y allí está él, sobre la silla, con un pantalón de chándal y camiseta sin mangas, recortada su cabeza afeitada sobre el perfil de la Harley que aguarda a su espalda, en el garaje. Observa a su hijo jugar en la plaza, junto a otros niños; su postura es característica: manos descansando sobre las rodillas, expresión tranquila. Me basta un segundo para comprender que está bien. Esperaba encontrarle peor cuando le llamé esta mañana para decirle que me gustaría verle antes de marchar a casa por Navidad. Para ti siempre tengo tiempo, me miente con su voz grave y canalla. Y luego sonríe, tras el auricular.

ooPor fin estamos sentados, a las puertas de su casa. Dos tipos que, como Quijote y Sancho, con los años se han ido intercambiando los roles. Ahora, cuando estamos juntos, él habla algo más y yo prefiero escuchar. Pone dos vasos sobre una mesita y saca su mejor whisky. No recuerdo la marca, pero por el octanaje intuyo que bastarían tres dedos para tumbarme, así que me lo tomo con calma. Entretanto, cada pocos minutos algún vecino se acerca, haciéndose el encontradizo. No falla. Dos o tres frases de cortesía antes de entrar a matar. Pero no quiere hablar del tema, así que murmura alguna excusa y despide al intruso como mejor sabe hacerlo: agarrando su whisky y mirándome sostener el mío, como si todo lo que apreciara cupiese en la distancia que media entre vaso y vaso.

Sin ánimo de ponerme moñas, con el tiempo he aprendido que es un deber no escatimar ciertos abrazos. Por lo que pueda pasar. Como el que nos dimos hace varias semanas, cuando nos citamos en una cafetería de Valencia, yo camino de Almería para una presentación, él a punto de partir otra vez a Kabul para seguir prestando servicio en la embajada española, sin saber que en pocas semanas su destino sería el que fue. Se presentó como siempre: vestido con ese estilo de montañero huraño cuya mirada marca distancias con el mundo que le rodea. Con su rictus severo y esa forma de ser tan auténtica, a los que me acostumbré durante los años que compartimos destino y furgoneta uipera, y que me inspiraron el personaje del oficial de policía Hugo Bográn en mi novela Hadas con tacones afilados, de la cual, por cierto, trajo dos ejemplares para que se los firmara. Y como dos putas, cuando se juntan, terminan por hablar de putadas, los quince minutos prometidos de café se convirtieron en una hora de anécdotas, recuerdos del pasado y comentarios acerca de lo que es aquello y de lo que nunca llegará a ser.

Luego pasaron los días y, tras una tensa noche, llegó la mañana, que no fue sino la triste resaca de unas horas podridas por la incertidumbre y los peores presagios; donde los mensajes de whatsapp pulverizaban las versiones edulcoradas ofrecidas por los organismos oficiales que a los que conocemos el percal nos costaba tragar. Algo más tarde se derramaron las cifras. Dos muertos en el atentado. O lo que es lo mismo: volvieron a caer los de siempre. Esos cuyo oficio consiste en asumir que un día recibirán la bala o la puñalada que iban destinadas a cualquier ciudadano, esto es, a toda la sociedad, ya sea dentro o fuera de nuestras fronteras. Esos que deciden vivir conforme a un credo que va mucho más allá de las condiciones laborales. Porque ninguna nómina, medalla o punto en el baremo pueden compensar jamás la pérdida de la propia vida.

olPero que nadie se engañe. En esta profesión, el que va a un sitio así sabe a lo que se expone, aunque acabe llegando el momento de tener que prestar su rostro y su nombre a una siniestra lista que para otros no pasará de ser más que una cifra oficial más. Y ahí radica el deber de la corporación, de los sindicatos, de los ciudadanos mismos, de exigir mejores condiciones para que la muerte, si llega, sea algo inevitable, y no una azarosa balanza en la que la desidia, los complejos o la falta de presupuesto pesen más que el valor y la abnegación por el servicio.

En ello pienso cuando vuelvo a caer en la cuenta de que, por suerte, tengo delante a mi amigo. Un tipo que siempre ha estado en la sombra por todos nosotros. Que es alguien precisamente porque su vida es un continuo esfuerzo por aparentar ser nadie. El mismo que, junto a los demás supervivientes, está herido en el alma por la pérdida de los dos compañeros. Triste portador de una cicatriz que solo le aportará dolor cuantas veces intente llenar el hueco de su ausencia. Por delante le queda la difícil tarea de asumir la tristeza salpicada de rabia por haberlos visto morir mientras respira aliviado por poder seguir junto a su familia. Me pregunto cómo demonios se digiere eso.

Los colores de los jardines y las fachadas han ido disminuyendo a la misma velocidad que lo ha hecho el sol tras las montañas. Hora de despedirse, le digo. Al hacer el amago de levantarse le detengo con un gesto y se me queda mirando fijamente. ¿No vas a preguntarme qué pasó?, me suelta. No. Solo vine a ver cómo estabas. Entonces dirige un último vistazo a su hijo, que ahora anda enfrascado en una pelota, luego a su vaso y por fin lo levanta, dudoso. Cuando lo choca con el mío, el gesto parece dolerle. Como solo le duele a quien sabe que desde aquel día siempre faltarán los vasos de dos compañeros con los que nunca podremos volver a brindar.

Rubén Sánchez Fernández

@RudoSafer