Demos gracias al hacedor…

I

Demos gracias al hacedor…

Parafraseando al ridículo C3-PO cuando le introducen en la bañera de aceite…

Hoy sí. Hoy no me queda otra que ser un tío decente. Cordial y, como se dice ahora, bien de una aplicación informática, bien de una cena… Amigable. Hoy toca transformación de verdad, de la que me haga irreconocible (a mí, a mis textos y a la madre que los parió). Hoy toca escribiros una carta en la que os cuento que, desde hace un año, soy un tío más fuerte. Mucho más de lo que imaginaréis en vuestras vidas (siete o setenta veces siete si sois el protagonista de “Transporter”). Una carta en la que compartir con vosotros que, desde hace un año, lo que escupo lo escupo con cariño (“Échale trigo, que mañana canta” que decía mi padre a quienes se cruzaba por la calle y pillaba con el spittle recién lanzado) y hasta con dulzura. Aunque soy consciente que alguno/a (o como hay que decir para que no os ofendáis esos mismos, “algunos y algunas”) no me creéis, en este último año he vivido, que no sufrido, una verdadera transformación. La mutación que se basa en “cagarme en todo” pero con la armonía que se consigue juntando letras. La conversión al buen Khal Drogo, capaz de zumbarse con fruición a su Khaleesi mientras separa alguna cabeza del cuerpo con la cosa esa curva que llevaba por espada y que más parecía que se había caído de la Plaza Roja.

Eso es este año.

II

Oye, ese tío de la foto

¿También está con vosotros en El Calzador?

Pues sí. No sólo está sino que, cuando se pone a escribir, es una de las personas con más talento que he conocido.

Quizá por gallego, quizá por becario, pero es capaz de insultarte y tú no darte cuenta… Hasta un rato después. Pero claro, no he vivido esa experiencia. O quizá sí y no me he dado cuenta. Lo cierto es que es más correcto que yo como para ponerse a insultar a nadie mientras escribe. O no y lo ha hecho pero no os habéis dado cuenta… Lo cierto es que cada vez que me encuentro con él lo único que me sale decirle es “Pero ¿Qué necesidad?” pero no lo hago por respeto. Creo que se lo diré en el próximo encuentro, aunque si no lo hago, sirva la presente para preguntarte:

  • Luís ¿Qué necesidad?

Y eso que antes de conocerle pensaba yo en voz baja que de dónde habían sacado a alguien que, con la edad que aparentaba en su foto, le llamaban “El Becario”. Bueno, si alguien es capaz de escribir un relato como “Plan” (léelo aquí YA) quizá debas darte cuenta que está por encima de mucho como para que se la resbale que, con la apariencia de la foto, le puedan llamar “El Becario”.

Sabéis de quién hablo ¿No?

Un honor Luís.

Nacho San Martín

@SMNacho

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