Probablemente

“Las musas se han ido a Las Vegas a celebrar la Nochevieja, probablemente, no volverán”

El tiempo pasa y cada uno de vosotros, queridos lectores, sabéis como hace mella en esto que llamamos vida. Dejo para más adelante, y no enredarme en los tópicos de siempre, las aspiraciones personales propias de la fecha.

Como planeta y sociedad avanzada (bendito eufemismo) cerramos un mal año. Puede que este sea un post melancólico, consciente de no presentar la mejor aproximación a la Nochevieja donde debería hablar de fiesta hasta el amanecer y la búsqueda de cuerpos extraños para entrar en el año nuevo acompañados. Será la influencia de un año gris o que ya no tengo edad para plantearme una noche larga o pasar frío en calles repletas de gente que van y vienen o entran y salen de locales donde el perderse es negocio.

Hace exactamente cien años los habitantes de Las Vegas eran treintaimage personas; el año nuevo se celebrará allí con millones de dólares gastados, otros tantos de alcohol y miles de acompañantes pagadas para hacer gala de que lo que ocurre en Las Vegas, se queda en ellas. Puede que un buen colocón fuese la mejor manera de olvidar este año horrible donde el ser humano ha sacado a relucir sus maldades.

No es necesario recordar acontecimientos que en un entorno bélico o no nos habrán hecho llorar o sufrir la rabia y el dolor de la impotencia. Así que espero que para el 2016 no caigamos en los absurdos propósitos de adelgazar, saludar a la vecina borde o ir al gym a ponernos guapos.

Este mundo extraño nos habrá llamado para actuaciones menos altruistas donde el talento puede cambiar el curso de nuestras vidas. Porque no todas las cosas, noticias y acontecimientos tienen que ser malos. Así me lo pareció cuando el otro día descubría un vídeo de esos que se convierten en virales, que se comparte la gente y que provoca un éxtasis similar a las noches de fiesta y las altas horas de la madrugada. Dos desconocidos pueden tener mucha fuerza, basta con que sus talentos fluyan y su interés sea conmover a los demás. Se me ocurrió tuitear, muy entrada la noche, lo siguiente: “Poned pianos en las estaciones, dejad que los artistas compartan locura, que las musas salgan, son tiempos grises…”

https://www.youtube.com/watch?v=4I_NYya-WWg&feature=youtu.be

Ahora pienso que probablemente no haya piano en las calles o estaciones porque los robarían, que los locos y lunáticos, entre los que me incluyo, siguen estando mal vistos a pesar de que cada vez se publiquen más fotos de la Luna. Y ya no diré nada de las musas, escasean y puede que tras la fiesta de Las Vegas decidan quedarse porque cuando están aquí se entregan a la monotonía de la oficina, los niños o contemplar a un marido que hace ya un tiempo se olvidó de ellas.

Me iba a permitir unas líneas aludiendo a lo personal , o sea, las promesas y los propósitos de nuevo año que duran poco y que ponen en evidencia nuestra capacidad de cambio. Vivimos relativamente bien y, probablemente, entendamos con el paso de los días que es mejor no cambiar, que las cosas no van tan mal y que la fortuna, salvo que aspiremos a sacar la Bonoloto, está a nuestro lado.

Podemos no obstante intentarlo, tocar el piano o disfrutar de los sonidos para entender que existe y que podemos generar belleza. Cada uno tiene sus talentos y la lucha está, precisamente, en que estos tiempos grises no los oculten. No soy pesimista y aunque no lo parezca tampoco quiero ser realista. Porque si tuviésemos un corazón de hierro, probablemente no sufriríamos. Y el miocardio y el epicardio se contraen, expanden y palpitan al ritmo que nosotros queramos.

Con el tiempo entendemos mejor las cosas y el corazón late de otra manera. Se cierran las puertas de las discotecas y se abren las del entendimiento. Una Nochevieja en compañía de amigos o tal vez serena con un libro en las manos. Preparados, con el cambio de ciclo –sea solos o acompañados- para entender los misterios de esta vida. Una vez, y para siempre, plasmó Gil De Biedma un pensamiento del que parcialmente difiero “que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde -como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante”.

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La juventud no valoramos la vida sino los días del presente, porque la dimensión del teatro es apenas inexistente. Días que en definitiva son parte de nosotros, que tornan 2016, que nos gobernarán y gobernaremos, que quedarán como algunos versos que tal vez compartía aquel poeta joven durante aquellos paseos de pueblo con su amigo, mi padre, en aquella Mallorca de los años cincuenta. Porque ser poeta es soltar al volar pájaros que nunca desfallecen: “Allò que passa és la mort/i això que queda és la vida”. Dejaba claro que los versos son un ejercicio de condensación: “Aquello que pasa es la muerte/ y esto que queda es la vida”. Traducido a un post de blog diríamos que muere un triste 2015 y vive, con el reto de ser mejor, un 2016. O vivimos nosotros, bendita osadía.

Juan Franch Fluxà

@otramallorca

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Un comentario en “Probablemente

  1. Aunque iniciemos un 2016 con la ilusa esperanza que será mejor.. Me detengo y veo a mi alrededor, sí la juventud ya no es la misma de ayer, pero es mejor que la de mañana?.. No somos nada..
    Saludos mi querido Fran

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