Oh, laica Navidad.

¿Qué queda de la Navidad de nuestra infancia? Aunque no sea tan mayor como Gude (esto por hacerme de nuevo el lío para escribir en este especial), ni siquiera como Cazorla, soy de la generación de la EGB y estoy en el ecuador de los treinta.

Había una Navidad que empezaba allá por el sorteo de la lotería (día tmido porque daban las notas en el colegio y en el primer trimestre nunca salían bien), una fiesta que, como muy pronto, comenzaba a prepararse en los días de la Constitución y la Inmaculada, cuando se aprovechaba para poner el Nacimiento, el arbolito de Navidad y decorar la casa.

ninos_toman_calleRecuerdo navidades de villancicos en familia, con sus panderetas y zambombas. Del día que cada año se dedicaba a visitar los principales belenes de la ciudad, o del día de los santos inocentes donde con los amigos de la infancia salíamos a la calle (no había móviles, nuestros padres no sabían donde estábamos y no pasaba nada) y nos dedicábamos a hacer toda clase de travesuras y trastadas.

Ahora me da la sensación de que apenas se decoran las casas por Navidad, probablemente pocas pongan el Belén, y acaso cuando hay niños la cosa queda reducida al árbol; que los villancicos son una tradición en peligro de extinción y que los niños ya no juegan en la calle.

La Navidad de hoy ni siquiera empieza en días de diciembre sino que, fruto de ese ansia de adelantarlo todo, de unos años a esta parte, para el subconsciente colectivo la Navidad empieza el 27 de noviembre con el irremediablemente impuesto “Black Friday” que viene a coincidir con el encendido del alumbrado en pueblos y ciudades.

Y desde ahí, pistoletazo de salida, todos como locos a la calle que es vorágine, a comprar y comer, porque al final la Navidad viene quedando reducida a eso, comprar y comer. Comer con todos los grupos de amigos o conocidos que uno tenga alrededor, los del colegio, la universidad, la comida del trabajo (la oficial y la oficiosa) y los de cualquier otro entorno, como si no hubiera un mañana ni más fechas después de la Navidad.

Y es que el ritmo de vida de este primer mundo nos lleva a todo trapo, con la lengua fuera, invitando a pensar poco, en una sucesión de fechas marcadas en el calendario, la Navidad entre ellas, en una continua sensación de no haber empezado y ya haber terminado, de no haber llegado y ya habernos ido.

Llegamos a estas fechas con ganas de celebraciones y de encuentros, sin paramos demasiado a meditar qué celebramos. A menudo nos echamos las manos a la cabeza cuando desde el Ayuntamiento de turno se habla de invenciones tales como las fiestas de bautismo o comunión civil, pero, ¿acaso no se ha convertido la Navidad en una fiesta civil más, despojada de verdadero origen y significado? Qué tiene que ver todo con la esencia de la celebración de la Navidad que significa Nacimiento, fiesta cristiana que conmemora la venida al mundo de Jesucristo.

cena_navidena_internet

En fin, aunque no lo parezca por el tono un tanto pesimista de hoy, más bien melancólico por aquello de ir dejando atrás aquellas Navidades del niño que fui, estoy en el lado de los que disfrutan mucho la Navidad y, ¿cómo no?, también soy de los que cae de lleno en la espiral de excesos de estos días pero, eso sí, sigo cantando villancicos aunque sea solo en el coche o en la ducha, y es que como dice el maestro Franco Battiato, “Ci vuole un altra vita”.

Carlos Álvarez Cazenave

@cazenavealvarez

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