La vuelta… De vuelta

I

SOBRE LA VUELTA

Igual me equivoco y hoy no toca escribir sobre “la vuelta del verano”. O igual sí. Ando últimamente despistado entre acantilados, prados verdes intensos e interminables conversaciones telefónicas. Quien me conoce se asombra.

-¿Tú? Si normalmente ni coges el teléfono… Y lo de llamar ya…

-Así son las cosas.

cenicero

Quizá por ese motivo, cuando me he puesto a juntar palabras, bien entrada la noche, con dos paquetes de tabaco, un par de cervezas y un cenicero tan sucio que él mismo ha abandonado la idea de volver a su blanco originario, no tenía del todo claro cómo arrancar palabras de allí donde estén.

En realidad no es ni siquiera un cenicero, sólo una antigua jabonera que da tumbos por diferentes lugares desde que fue jubilada por un dispensador de color naranja con aires art déco. Lo cierto es que parece que es necesario la búsqueda de una especie de atmósfera asfixiante para creerte un escritor maldito. Uno de esos que nadie salvo los culturetas de barba poblada, pero muy arregladita, lee. Uno de esos que no vende una sola novela pero que predica como si estuviera en un púlpito con un único pecado, no suyo, sino de quienes les escuchan y jalean.

Por cierto, no me gustan esas barbas con aire descuidado y con grandes inversiones económicas para su mantenimiento. Mira no.

Como no tengo muy claro cuál es la cuestión y para cubrir todos los frentes, no voy a contarles los recuerdos que me trae la vuelta del verano. No voy a hablarles sobre cómo cambia el aire al cruzar Despeñaperros ni sobre la arena que se queda eternamente en el coche como si quitarla de los asientos significara dar un paso definitivo que no se quiere dar.

No voy a contarles un mal día al final del verano ni uno de los mejores que vives cuando, sin saber cómo, recuperas la fuerza y la ilusión y sin darte cuenta ésta se va extendiendo en el tiempo. No voy a hablarles de personas que parece que conoces de toda la vida cuando apenas llevas un rato hablando con ellas. Ni tampoco sobre cómo revivo la promesa de MacArthur en Filipinas (“Volveré”) cada vez que cruzo el puente de la Bahía de Cádiz, dejo San Fernando a la izquierda y me sorprendo mirando por el retrovisor con la esperanza de no haberme movido de El Palmar.

II

VUELTA A…

Cuando MacArthur efectivamente volvió lo hizo con una maravillosa puesta en escena y con su eterna pipa de mazorca en la boca. Pero los “mortales”, cuando se trata de volver, nunca tienen esa cuidada parafernalia. Generalmente las vueltas son sucias, hoscas y, por lo general, bastante miserables.

Los elementos que te rodean suelen ser sólo los más íntimos, únicamente los que lleva cada uno dentro. Aquéllo que se convierte en gestos que significan algo para cada uno, con independencia de a qué lugar vuelvas. Y por supuesto todo ese conjunto de tics, manías, colores y posturas que conforman a cada persona; algunos que no sabes, otros que arrastras desde zonas escondidas de tu cerebro y otras muchas que rescatas cada vez que te ves en una igual… Y que en algunos casos sabes que se van a repetir periódicamente.

-Es mejor que te mentalices cuanto antes. Eso sí, eres un tío admirable ¡Qué fuerza de voluntad! ¡Qué capacidad de trabajo!

-¿Sirve para algo?

-No, pero es admirable.

Acabo de sustituir la cerveza por un Jack Daniels. Creo que Hemingway o Dos Passos me dejarían entrar en su Lost Generation.

Aunque no te des cuenta vuelves periódicamente. Y no sólo al trabajo.

-¡Qué horror! Debo tener depresión post vacacional.

¡Amos anda! ¡Ya está bien!

Vuelves por necesidad y hasta sin desearlo a un infinito número de lugares de los que, ni tan siquiera, sabes si saldrás.

Repites esas mismas manías, esos mismos gestos y rituales que hablábamos antes y que, para ti, sin duda son los que te han sacado del infierno en anteriores ocasiones. Miras al suelo y crees ver hasta las mismas pelusas y los mismos zapatos gastados que la primera vez. Y la segunda y la tercera y la cuarta y todas aquellas veces que, son tantas que has perdido la cuenta… Y empiezas a explicarte muchas cosas.

A otros vuelves también, aunque añorando encontrar los matices que llevas en tu cabeza. Te enseñan el dibujo y la confianza ya te permite decir si es lo que tenías dentro de ti o no. Si las texturas son tal y como las imaginaste y si las líneas rectas que tiene el dibujo no van a torcerse por efecto de la gravedad… O de la mano de quien sostiene la tinta.

Me he puesto otro Jack. Creo que estoy logrando el punto exacto de atmósfera necesaria para seguir escribiendo. Quizá el mismo Robert Capa se sentiría orgulloso, aunque creo que dejó el listón bastante alto entre foto y foto mientras se bebía todo Cherbourg y luego ya, junto a Hemingway, parte de Mont-Saint-Michel.

robert capa“Me engancharon al cuerpo una máscara antigás, un salvavidas hinchable, una pala y algunos otros artilugios, y yo añadí mi muy caro Burberrys, que llevaba doblado sobre el brazo. Era el invasor más elegante de todos.”

No me digan que si algún día tienen que volver a ese sitio no desearían hacerlo después de haber escrito algo como esto que decía Capa… Aunque vuestra foto mental de ese lugar estuviera movida como las suyas (las pocas que se salvaron).

III

Y LA VUELTA ES PURO HUMO

Vuelvan allá donde vuelvan lo cierto es que lo que verán es, en muchas ocasiones, humo. Generalmente el de los demás porque el propio no somos conscientes ni siquiera de exhalarlo…

Si vuelven de vacaciones se les saltarán las lágrimas no por la vuelta, que a algunos también con esa ridícula manía de ponerle nombre a todo que tenemos ahora, sino, a poco que se parezcan a mí, por los incendios.

No, no. No los incendios que les vienen a la cabeza, sino los incendios de egos que alimentamos a base de aplausos sociales a distancia de un click y unas cuantas palabras de adulación. Esos son los que realmente dan miedo. Y vuelven. Vuelven periódicamente. No cada septiembre, sino cada mañana. Unos en forma de “grandes y maravillosos” abrazos que te pretenden envolver a base de melaza y miel; un estallido digno de tener que recurrir a una inyección de insulina. Otros que buscan el impulso a no se sabe bien qué carrera y por fin los que te inundan “vendiendo su cuerpo” para lograr algo oculto que sólo ellos saben. Una venta obscena que, aunque no quieras, te obliga a pensar si de verdad merece la pena ofrecerse al público a tan bajo precio.

Y todo ello en pos de diferentes motivaciones que, en muchos casos, soy consciente que gran parte de sus acólitos compartirán. Soy consciente que soy el raro. Soy consciente que soy el que gruñe. Soy consciente de ser el díscolo a quien le molesta ver que, quienes hablan de arreglar algo sólo repiten los mismos errores de aquéllos a quienes critican. Pero no. Ni quiero cambiar a nadie ni que ninguno de los que se compadecen ruidosamente por lo que ellos piensan que es un mal día, aplaudan a rabiar con las concatenaciones de frases mezcla de Sun Tzu y una versión edulcorada del Arte Oriental del Amor Consciente.

A pesar de todo voy a daros un empujón (o un empellón que suena mejor) a aquellos que creéis que tenéis un mal día (o una mala vida) por volver a algún sitio.

A pesar de todo voy a daros un empujón (o un empellón que suena mejor) a aquellos que creéis que tenéis un mal día (o una mala vida) por volver a algún sitio.

Mientras tanto, con su permiso, voy a volver mentalmente a aquellos lugares que me arrancan siempre una sonrisa; a enredos de piernas infinitas, a acantilados o a arena fina. Y también voy a volver a esos que me han estremecido y que pensaban que me quitaban la vida. Pero tranquilos. Ustedes no lo sabrán.

Nacho San Martín

@SMNacho

Anuncios

Un comentario en “La vuelta… De vuelta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s