Agosto y las azoteas. Recuerdos veraniegos de Madrid.

Los áticos, las terrazas, los miradores, las solanas. Cuando la canícula del foro aprieta nos lo montamos de aireo, de desahogo, implorando cuartel al sofoco veraniego… ¡Vaya vistas! ¡y mira!, ¡que se ve la telefónica!, ! Y Atenea en el Bellas Artes!.

El “atiquismo” y sus modernidades, el boticario ya decía en su filípica que las ciencias se adelantan que es una barbaridad, y para demostrarlo nos pedimos una “armoniosa y elegante Citadelle Reserve 2010, con una Thomas Henry”. ¡De qué!, el combinado por mucho que le pongamos cardamomo no deja de ser ginebra, lo que junto al Terry lleva soplando toda la vida en los bares mañaneros al alondra que pilla la ruta hacia los andamios para levantar el poco ánimo que le queda … y tirando de Marlboro o Winston, lo que fuman las putas…

azoteasQuerido amigo, en los áticos, para conseguir esa “sensación especiada, fresca y exótica” que buscamos en la arboleda del gintonic debería de haber picadura de tabaco, librillos de papel y botijos (que empiece a entrar en las derramas de la comunidad la compra del artilugio de marras), el alma de agua del Botero español de barro aderezada con un “viva Jesús” o una cortinita del trepador, el anís del mono, para darle un suspiro al gaznate. Lo de los pitillos ya se ha conseguido con la moda del tabaco de liar, no inventamos nada, ni arándanos, ni violetas ni la madre que le parió, se ha sustituido a Doña Concha y el rasgueo de Sabicas por Avicii…

Los abuelos, esos sí que sabían. Quintín y “la Cata” pasaron de ver desde la azotea del 25 de la Calle Delicias a los milicianos que subían por el Paseo en el ocaso de los 30 al sol del año 40, el año del hambre. A vivir los veranos apretados, sudando, pero en paz. Y estos espacios dejaron de ser observatorios de artilleros para volver a abrazar su origen, zona de disfrute y sana utilidad. Para lo que se crearon, lo que deberían ser y lo que fueron, la historia es que ahora son coto vedado y solo nos queda ver las dos estrellas que nos lucen en Madrid pagando.

Se tendía la ropa y ya de paso se soñaba, se miraba Madrid…para bien o para mal, con tristeza o con alegría, con rabia o con esperanza, con desesperación o con buen augurio. Sonaba de fondo Pepe Blanco, Machín, El Niño de Marchena y Valderrama. Las azoteas del foro son prohibidas, desconocidas y la inmensa mayoría sólo se visitan con el google maps. Esos lugares que ofrecen vistas y que a día de hoy disfrutamos con un trago en casa de algún conocido otrora fueron sitio de alegría, diversión, feria de la chiquillería, tendedero y descanso de vecindario. La silla y el mandil, las terrazas eran el complemento del patio con el añadido de la brisa de las vistillas, eran el spa de los abuelos. Existía otro aire, el de la sierra, a Cercedilla iban algunos, a los otros les quedaban las aceras y las azoteas. Eso era y es el Madrid de las alturas, la ciudad que descansa azotada por el silencio agotador de agosto, no la orfandad que deja el veraneante (término inventado con el paso de años), mutis que provoca el cansancio del tajo, fusta del currela, silencio que ni el gachó con pretensiones osaba perturbar. El veraneo era ir al Retiro o a Méndez Álvaro como la mayor hazaña, o a Rafael de Riego a ver la fábrica de hielo. Remembranza de barrio…, los tendederos estaban abiertos y eran visitables, habitables, transitables, libres, dando honor a su condición innata formando parte de la comunidad.

foto aticoLas que ahora son “cool” ayer fueron aliento, recreo y entresijos del Madrid agotador y soñador. Territorio en parte prohibido, oscuridad de gozo, espacio de complicidad, vida, sueño y alegría. Humedad de sábanas y entretelas animada y disipada por el azote del estío. Acompañada de fondo por el transistor, por la copla, por el soniquete del que ronca y del que se pee en el patio con las ventanas abiertas de par en par saludando con alivio a la luna, las persianas y doble ventana eran una ilusión.

El barrio, la calle y la ochava del señor Antonio que seguía fiando hasta fin de mes, y hasta el otro si era necesario. Y “el rana”, el que no merendaba, el que tiraba el acerico y el diábolo a las incautas por la alcantarilla empujado por la rabia acumulada, la rabia que daba el hambre y la soledad, mi madre un día me dijo que le fue bien… acabo conduciendo un pato, de taxista.

No se me quejen, por Dios, no se me quejen, que si no fuera por el ahogo que nos brinda la capital en el veranillo Don Tomás Bretón no hubiera permitido a la casta y a la Susana pasear el palmito del brazo de Hilarión, ni mantón de Manila, ni vestido chiné…

En el foro si te asomas a una azotea estás perdido, te enamoras de Madrid, ese Madrid de calentura, de ahogo. Madrid donde por suerte, como decía mi amiga Mónica, “todavía quedan sitios sin aire acondicionado que obligan a tener las ventanas abiertas apreciando y verificando que la gente por las noches se sigue amando…“, te quiero Madrid, dame áticos, déjame entrar en ellos y verlos, pero sin pagar, dame vistas, donde pueda asomarme al final de la escalera, donde la llave no la tenga el presidente de la comunidad.

Madrid bendito verano, Madrid mi amor, mi farra y mi locura, Madrid mi silencio, Madrid vida mía, Madrid mi rumor. Madrid mi azotea, Madrid, Madrid, Madrid…

“Saza” iba a Antón Martín todos los domingos a la misa, como siempre, a su parroquia, y con calor… Madrid mi réquiem.

Para Isabel, siempre contándonos historias…

Iñaki Laría

@IgnatiusLaria

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Un comentario en “Agosto y las azoteas. Recuerdos veraniegos de Madrid.

  1. Iñaki:simplemente sublime; t cuerpo de chicarrón Por si conocéis a alguien que lo necesite:
    Del 15 al 31 de octubre se harán gafas gratis para los niños que lo necesiten. Edad entre 5-7 años.
    Hay q pedir cita. Difundid por los grupos de whatsapp de padres. Hay q pinchar en este enlace:
    http://www.alainafflelou.es/fundacion/campanas/prevencion-del-fracaso-escolar/, esconde un madrileño caña y noble que ama su ciudad con un corazón que late limpio.

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