Los días de duelo no son días de fiesta.

Los días de duelo no son días de fiesta.

Es duro decirlo, es duro asumirlo pero el llanto y la risa van de la mano. El dolor y la alegría son polos opuestos que se atraen, se entrelazan como las cepas de la vid en su base que se unen sobre la parra creando esa maravillosa sombra en aquellos veranos gallegos que hace sol y calor, los menos.

El dolor de lo que se va. La alegría de lo que se queda. Yo he visto llorar en muchos duelos pero también he visto reír, incluso he visto duelos en donde se acaba con el difunto en un lado y el duelo en pleno comiendo y bebiendo hasta límites poco apropiados para la salud e incluso para la seguridad vial. Según algunas culturas un duelo no tiene porque ser necesariamente triste pero hay que vivirlo, pasarlo, superarlo y dejarlo atrás para poder iniciar un camino nuevo, diferente, ilusionante, alegre, brillante…

duelo 2

No se si ahora se llevan plañideras como en las casas de bien que venían seis o siete curas para hablar de los honores de los difuntos en los duelos. Hay duelos de De Cuius pero también hay duelos menores: amigos que se van, novias que nos abandonan (sin sentido, lógica pero con acougo), animales de compañía. En estas fechas estamos viviendo duelos y duelos, no duelos de espadas, con mosqueteros en la Francia de Richelieu, sino duelos políticos (pero a estos efectos nos da igual)

En mi caso estoy viviendo el duelo de mi coche. Mi, nuestro, coche ha muerto, viva el coche nuevo. La suerte que tengo es que no me gustan los coches. No les tengo mayor aprecio que la consideración de un compañero que me lleva y me trae los sitios. En ese sentido soy una persona práctica que se fija más en el consumo medio mixto y las comodidades básicas que “¿voy a lucir palmito dentro del coche?” (aunque os sorprenda hay gente que compra los coches para lucirse).

coche estropeado

Cuesta cambiar de coche. Da pereza. Uno nuevo: marca, modelo, precio, en stock o previo encargo, color, equipamiento… ¿Sigo con mi marca o la cambio?¿Cómo lo pago? Préstamo o dinero B que tengo en el colchón, cocina, garaje, paredes de la casa, suiza, islas caimán, linchestein (no se escribe así pero debían haber tenido la prudencia de hacerlo fácil).

Pero no hay duelo sin dolor hasta para las máquinas. El coche que pretendo despedir esta semana me lo dieron 2 días antes de que naciera mi hijo. El primer viaje que hice con él fue al hospital con mi mujer y casi sin enterarme el segundo viaje fue el de llevar a nuestro hijo a casa. Eso no se hace. Un coche, una máquina, no debe tener carga emocional. No la tiene. Son cosas materiales prescindibles. Son sombras en una caverna.

Sin embargo, ni los problemas de motor, de aceite, de calentadores, filtro de partículas, cambio de neumáticos, revisión de aceite, revisión de aceite y más de aceite, partículas, motor, ruedas, luces fundidas son suficiente para recordar que con ese coche llegó mi hijo a su casa cual cigüeña otoñal o invernal o primaveral (con esto del cambio climático no se sabe).

Espero que sepáis llevar el duelo como lo llevo yo. Las penas con pan son menos así que me compraré un par de piezas de pan de Cea, un chorizo casero y un poco de aceite por aquello de la diversidad geográfica.

 pan de cea

Luis Abeledo

@luisabeledo

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Fin de partida

El embarazo humano dura unas cuarenta semanas desde la última menstruación, treinta y ocho desde la fecundación. Cuarenta exactas han transcurrido desde el pequeño resbalón que me tuvo un par de meses encorsetado, una desde el último intento por retirarme de una carrera de ultra-distancia. Yendo más allá del espacio y  fracasando, con la habitual parsimonia, en tan sencillo objetivo.

Allá por los finales del año pasado, los comienzos del presente, aproveché mi temporada entre corchetes para buscar metas absurdas. Intentaba a un tiempo encontrar límites y probar si los arañazos nos hacen más frágiles o más fuertes. Sin mucha idea, guiado por la inconsciencia que hay detrás de todas las grandes gestas, diseñé un verano larguísimo. Un verano tendido, un verano de muchos kilómetros.

Cuanto mayor es el plan, menor su certeza. Así, pocas carreras tienen muchas metas. Algunas que coexisten, otras que son enemigas, incluso las hay que se hermanan. Es importante conocerlas de antemano, situar cada cual. Cuando los objetivos se transforman, nada se crea y mucho se destruye por el camino. Puede uno saborear un fracaso, por haber trazado todo demasiado perfecto, pues más fuerte es la circunstancia que la idea. No erraba Ortega y Gasset poniendo la tilde en aquélla, y no en ésta, que lo mismo crea monstruos que fantasías difícilmente realizables.

Yendo todo el camino por detrás de lo esperado, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. Y sin embargo, la guerra no ha terminado. Jódase el concepto de final feliz, diría David Gistau. Nueve meses, nueve, hace que enumeraba las semanas para, una vez sano, llegar por pelos a los ochenta y ocho kilómetros vascos de julio. Entonces, la preocupación pasó a ser cómo entrenar y descansar, al mismo tiempo, los ochenta y seis asturianos de agosto. Pasado el susto, quedaba pasar por los ciento y diez (en mano, que no volando) catalanes de septiembre. Ahí, tras muchos éxitos pequeños, pocos grandes fracasos, hemos llegado a la meta de un camino que no es uno, sino momentos en extrañas formaciones.

Malos, los que más se disfrutan; brillantes, otros. Qué bello volver a apretar, cuando la fuerza parecía haberse consumido. Volver a encender la luz, después que todo parecía apagado, para que el calor regrese. Qué bello mantener, en los tiempos felices, los miedos en la mano. Cuando vuelven, no hay sorpresa. Quien intenta ahogarlos suele ver, en cambio, cómo emergen, descontrolados en su potencia.

Anochece.

Brillante oscuridad.

Superados todos, unos y otros, vestidos con diversas formas y accesorios, llega el examen. El breve descanso, tras el que se debe asumir, de forma ordenada, que no hay obstáculo que justifique tomar asiento. Lo que ayer parecía lejano ha quedado ya superado. Lo que hoy no parezca coherente debe ser el nuevo final. Tocará prestar atención a lo más inútil, preparar lo imprevisible. No es fácil, conquistar lo inútil. Tampoco complicado.

Por saber qué es imposible, desconocemos qué hay posible. Y ahí, en este final, está el comienzo. Y sin embargo, según aviso de Beckett, continuamos.

Luís M. Teira
Becario y persona

Lídia no tiene ni idea de setas.

“En definitiva, no les aburro más, que un día de estos me lío la toalla a la cabeza, lo tiro todo por la tabla y me dedico a vivir pillando olas mientras canto “surfinyuesei”.

Así acababa, mi querido y admirado, Don Emilio Gude su post el pasado 9 de julio. Hace hoy, exactamente, 2 meses. Sí. No sé qué día es para ustedes hoy pero, para mí, es día 9. Me gusta entregar los deberes con antelación. Nada tiene que ver que el día 11 sea festivo en Catalunya y me disponga a desconectar del mundo desde mañana, día 10 a las 19h hasta el lunes, dia 14 a las 8:00h (tendré que hacer un kit kat en mi desconexión para leer los comentarios a este post).

Bolets. Esa es la respuesta a lo que se están preguntando. Desconecto para ir a collir bolets o, lo que es lo miso, coger setas. Permítanme confesarles algo: lo único que sé de setas es que David El Gnomo vivía en una. Pero, mi ignorancia respecto al mundo de las setas, no es el tema. El tema es que, hace dos meses, leía a Emilio y Septiembre me ninos-david-imagenesparecía lejísimos. Y hoy, 9 de Septiembre, parece que fue ayer cuando, al acabar de leer su texto, repasé mi inscripción a un curso de Surf al que me había apuntado para ese mismo fin de semana y empecé a fantasear con mi vida de surfista y surfera con pecas y mechones dorados. Y, entonces, recordé que no tenía  localizada mi lycra (y tampoco mis pecas) así que le envié un mensaje a mi querida amiga, surfista de verdad, suplicándole su Cabrinha rosa. En mi mundo de fantasía tengo un vestidor lleno de bikinis, lycras, neoprenos y distintas tablas de surf. Una de ellas está firmada por un tiburón que me atacó y al que sobreviví, gracias a la ayuda de un Delfín, mientras cabalgaba la cresta de una Maverick. En la vida real, tengo unos escarpines, que no diré que son Domyos porque Decathlon, inexplicablemente, no me patrocina, un kit de Snorkel y una lycra en paradero desconocido. Llegado este momento les haré otra confesión: los escarpines son la segunda mejor inversión que he hecho en mis 30 años de existencia (la primera es el DVD de E.T, edición 20 aniversario. Mi película favorita). Sigo teniendo pies gracias a ellos.

La Cabrinha rosa. Lo importante ya lo tengo (la tabla, entra en el precio del curso). A lo mejor se preguntan que por qué, siendo julio, no hice Surf en bikini y, la verdad, es que, en mi vida de fantasía, lo hago porque, en mi preciosa realidad onírica, cuando me caigo de la tabla, tras haber cabalgado una magnífica ola durante 10 minutos, consigo subirme a ella, otra vez, dominando cada centímetro de mi inamovible bikini y con mi melena repleta de mechones dorados perfectamente peinada hacia atrás.  En mi vida real el bikini es movible y salgo a la superficie con la mano en la boca   pensando en si la reconstrucción dental entrará por el seguro o no porque, el golpe que me ha dado la tabla me ha tenido que hacer un destrozo y, mientras me aparto el pelo (oscuro) de la cara e intento poner un poco de orden en los rizos que empiezan a aparecer, sin permiso, pregunto medio riendo medio llorando, al primero que pasa por allí: “¿tengo todos los dientes?” Y, permítanme darles un consejo: si alguna vez, alguien, les hace esa pregunta ¡por favor! Constesten rápido. Yo tardé unos 200 minutos en obtener respuesta (bueno, a lo mejor fueron 10 segundos, pero se hacen largos) y en mi mente, a parte del tema del seguro y la reconstrucción, sólo veía a mi madre repitiendo, una y otra vez, el temido: “¡Te lo dije!”.

“Sí. Están todos”, espetó, al fin, el buen humano encargado de repasar mis piezas dentales mientras yo los dejaba al descubierto gracias a una forzada sonrisa. Tras saber que podía seguir sonriendo, y para no seguir tentando a la suerte (o al Karma) me disponía a desengancharme del lish (que es el cable que une el surfista con la tabla. Como un cordón umbilical, sí. También se le puede llamar “invento” pero no me negarán que, lish, queda más técnico y cool) y dar por concluida mi jornada de cabalgaespumas (qué quieren… Era Vilanova i la Geltrú, no Hawaii) cuando se me acercó el instructor para animarme a seguir intentándolo porque, les prometo que es verdad que lo dijo, “lo estás haciendo muy bien”. Luego me habló de flow, de sentir la ola y me hizo la señal de shaka (ya saben, el gesto típico de saludo surfero) así que seguí un par de horas más… Al fin y al cabo, tenía que prepararme para poder surfear en Jardim Do Mar en agosto. Podía verme en ese precioso rincón del atlántico cabalgando, sin parar, point breaks y reef breaks bajo la atónita mirada de surfistas de Hawaii que no daban crédito a la habilidad innata de la surfera de Vilanova i la Geltrú. Los representantes de las marcas más prestigiosas del mundoIMG-20150726-WA0024 Surfer aparecían de la nada con contratos millonarios… Todos me querían como imagen hasta que, mi querida amiga surfera de verdad, me gritó: “Ey, Lídia, mira a cámara que te hago una foto”. Y el resultado es el que veis en la foto, una surfera haciendo como que espera una ola. En Vilanova i la Geltrú. 

Ahora que lo pienso, es posible que esta repentina, y brusca, vuelta a la realidad fuera un presagio de lo que ocurriría en Jardim Do Mar donde, finalmente, no hice Surf. Y no lo hice porque nos fuimos de viaje 4 personas amantes, todas, del caminar por la vida poniéndole sal sin importar el estado de nuestros corazones, ni la retención de líquido… Así que, aunque a Jardim Do Mar se puede llegar en coche, nosotros decidimos hacerlo caminando bajando desde Prazeres. Total apenas son 1,9 km para “contemplar y disfrutar de la belleza del sendero” rezaban las guías de Madeira. No seré yo quién contraríe a estos pequeños manuales de supervivencia pero vaya, que no se lo crean. Es posible que no sea tan complicada como mi mente la recuerda pero es que, gracias a esta preciosa ruta, me volví a casa con dos tatuajes de manera involuntaria: la Isla de Madeira i la Isla de Porto Santo ahí donde la espalda pierde su nombre. ¡Ah! Y una rodilla derecha algo desecha….Total, que cuando pusimos pie en el precioso y encantador pueblo de Jardim Do Mar, sólo tuvimos fuerzas para ir a visitar a la abuela Cecilia (Casa da Cecilia), que regenta un maravilloso albergue surfista, para que nos mimara con sus zumos naturales hidratantes. También nos asomamos a contemplar el océano y, aunque apenas podía dar un paso en la vida real, en la vida de fantasía, escuchaba las ovaciones de mis compañeros Hawaianos.

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En fin, no les aburro más. Si no me encuentran por aquí, próximamente, no me busquen en Jardim Do Mar porque, es probable, que ande perdida buscando setas.

@Licag85

El primer reloj que llegó a la Luna

Detrás de una frase tan conocida como “¡Houston, tenemos un problema!”, está la curiosa historia del reloj que lo solucionó.

El Omega Speedmaster Professional ya era el reloj oficial de la NASA desde varios años antes cuando, en abril de 1970, se convirtió en el componente que permitió a la tripulación del Apolo 13 maniobrar su nave dañada en la operación de reentrada a la atmósfera terrestre.

Fue una maniobra a vida o muerte. Fred Haise, James Lovell y John Swigert componían la tripulación cuando, una explosión en uno de los módulos hizo saltar uno de los paneles exteriores de la nave, destrozando la fuente de alimentación principal y cortando el suministro de oxígeno a la tripulación. ¡Houston, tenemos un problema!.

Dada la absoluta falta de garantía del mecanismo de control automático de posicionamiento, para volver a la atmósfera de la tierra, fue necesario que Lovell y su tripulación llevaran a cabo la maniobra  de forma manual, y, como el procedimiento tenía que ser completamente preciso y los instrumentos de la nave estaban inutilizados, utilizaron el Speedmaster Professional para controlar el tiempo de ignición del motor, mientras arrancaban los motores de manera precisa.

29.LegendarioSpeedyGracias a ese cronometraje, el Apollo 13 aterrizó a salvo en el Pacífico y su tripulación pudo ser rescatada.

Todo había comenzado años antes y, la gracia del caso, es que todo ocurrió sin que el fabricante del reloj supiera nada.

Se preparaba la legendaria llegada del hombre a la Luna y, lejos de convocar un concurso público, la NASA optó por enviar a dos ingenieros para que adquirieran en 1961, en secreto, una selección de cronógrafos en la relojería “Corrigan’s” de Houston (Texas), con el fin de someterlos a una serie de pruebas, para elegir uno de ellos y cualificarlo para los programas espaciales Géminis y Apolo, que iban a requerir actividad en el exterior de la nave, por lo que los astronautas necesitarían los relojes más fiables en la tierra y fuera de ella. Literalmente.

Entre las pruebas a que fueron sometidos los relojes, estuvo la de someterles a gravedad cero, soportar temperaturas extremas, entre -160°C y +120°C, soportar la exposición a los rayos del sol, y aguantar las fuerzas de despegue y de reentrada.

tic_tacFinalmente, el único superviviente fue el ‘Omega Speedmaster’, que fue aprobado el 1 de marzo de 1965 para todas las misiones espaciales tripuladas de la NASA.

Recuerda Stephen Urquhart, presidente de Omega, que: “Resultamos elegidos sin conocernos, lo que para la empresa fue algo particularmente gratificante”.

El Speedmaster se había lanzado al mercado en 1957 y, cuando fue concebido, no se había pensado, ni en el espacio exterior, ni en los astronautas, sino más bien en crear un nuevo tipo de cronógrafo, diseñado para la investigación, la industria y el deporte.

Bien es verdad que Omega ya tenía una trayectoria ilustre de relojes militares, deporte y aviación y, en base a su experiencia, crearon un reloj de con una caja robusta y resistente al agua; un dial y manecillas diseñados para una óptima legibilidad, y una mayor utilidad y facilidad de uso gracias a una gran corona y a unos pulsadores fáciles de usar.

Pero tal vez la clave de todo estuvo en el cristal del reloj, que se fabricó en hesalite (plexiglas), mientras que sus competidores utilizaban otros materiales que les llevaron al fracaso en las pruebas de la NASA. Sin embargo, el tipo de cristal escogido por Omega, en caso de romperse, no estallaba en pequeños fragmentos, los cuales, en un entorno de gravedad cero, hubieran flotado y supuesto un riesgo de seguridad considerable para los astronautas.

Únicamente el Omega Speedmaster superó todas y cada una de las pruebas, tal y como muestran los resultados en los archivos de la NASA: “passed with flying colours”, y los relojes se entregaron a los miembros de la tripulación del Gemini Titan III, el 25 de marzo de 1965.

Pero la decisión de la NASA de optar por el Omega fue cuestionada y, desde muchos sectores, se exigió que se utilizara un reloj de pulsera de fabricación estadounidense, lo que llevó a que los relojes fueron sometidos a pruebas similares durante los años 1964-1965, con la prueba adicional de resistencia magnética. Y de nuevo, el Speedmaster fue el único reloj que soportó las pruebas y Omega creó frases publicitarias memorables, como: “Probado en Suiza. Probado en Houston. Probado en la Luna” o “El mismo Omega que los astronautas del Apolo van a usar cuando lleguen a la Luna puede ser hoy suyo”.

tic_tac_dosY, de hecho, el 21 de julio de 1969, aunque Neil Armstrong  fue el primer hombre que pisó la Luna, como había dejado su reloj dentro del módulo de aterrizaje, fue su compañero Buzz Aldrin quien llevó su Speedmaster y proporcionó al reloj el derecho a grabar en su parte trasera la inscripción: “The First Watch Worn On The Moon, Flight Qualified By NASA For All Manned Space Missions”.

Años después cuando, como les he contado, su utilización salvó al Apolo 13 de una catástrofe, los astronautas de la NASA otorgaron al Omega Speedmaster Professional el Snoopy Award, su más alta y afectuosa distinción dedicada a personas y organizaciones que hicieran una importante contribución al programa espacial estadounidense.

Un simple reloj, un cronógrafo que incorpora el movimiento mecánico calibre 1861 de OMEGA, de carga manual, está en la Historia de la Navegación sin haberlo siquiera pretendido. ¿No es genial?.

 Francisco José Estévez Hernández

@FranOmega Ω Sigue leyendo

American Pie

Captura1El instinto de supervivencia es algo intrínseco al ser humano, de tal manera que, sin necesidad de elaborar un pensamiento, nos permite actuar para evitar peligros, buscar protección, proteger a los nuestros, etc. Desde que comprobé que coincidía con nuestro invitado de hoy, Jaime Llopis, del cual ya había leído su entrega, mi instinto de supervivencia me hizo reaccionar y buscar refugio y protección para la entrega de hoy. Así, aprovechando las peticiones de mucha gente (debería precisar que mucha gente no pasa de 10 personas), de convertir en post una serie de tweets que me dio por lanzar un domingo tras haber escuchado American Pie en una fiesta el día anterior, voy a refugiarme cobardemente en ello.

Captura2American Pie, de Don McLean, pasa por ser un himno no sólo generacional sino que en ella se contiene parte de la historia de los Estados Unidos de América a través de la música de varias décadas.

La canción comienza como todos los cuentos (A long, long time ago), haciendo referencia a ilusión de la infancia, a cuando la música era un motivo para la sonrisa y esperaba poder hacer bailar a una generación que aun no conocía la canción protesta y necesitaba de buenas noticas tras una guerra (that music used to make me smile).

buddyAsí fue hasta el 3 de febrero de 1959 (but february made me shiver) cuando tras una actuación en un local de Clear Lake, Iowa llamado Surf Ballroom, los cantantes Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Booper se estrellaron en un accidente de avioneta. Buddy Holly enfadado por el cambio del autobús de la gira por un autobús escolar decidió alquilar una avioneta Beechcraft Bonanza para llegar antes a Moorhead, Minnesota, siguiente parada de la gira. Big Booper, que en realidad se llamaba Jiles Perry Richardson, se encontraba con gripe por lo que le cambió su sitio en la avioneta al bajista Waylon Jennings. Se cuenta la anécdota de que Buddy Holly le dijo a modo de broma a Jennings, “que ojala tu viejo autobús se congele”, a lo que el bajista contestó en el mismo tono, “bueno, pues ojalá tu avión se estrelle”.

McLean nos lo cuenta en primera persona, recordando que de niño repartía periódicos desde su bicicleta, como tantas veces hemos visto en películas americanas (with every paper I’d deliver, bad news on the doorstep) y termina con un verso que será una constante a lo largo de la canción: “el día que murió la música” (the day the music died).

A partir de ahí, recordemos 1959, llega la perdida de la inocencia, la rebeldía, los 60’. Todo cambia. Adiós al pastel de manzana con canela, el postre americano por excelencia, el que comían las tropas americanas en la Segunda Guerra Mundial. El estribillo vertebra la canción despidiendo al pastel americano, recordando el coche favorito de los 50, el Chevrolet, conocido como Chevy (drove my chevy to the levee) descarga (2)y trayéndonos de nuevo a Buddy Holly, el más querido de los tres por Don McLean, con los versos de su canción “That’ll be the day”, que el autor pone en boca de los chicos (And them good old boys werw drinking whiskey and rye singing “This will be the day that I die, this will be the day that I die).

Continúa su homenaje a la música (Did you write the book of love) que hace referencia a la canción “Book of Love” de The Monotones. Canción que también está escondida junto a The_Monotones“The Stroll” de The Diamonds, en la canción “Rock and Roll” de Led Zeppelin, tema mítico de la banda que abrió y cerró sus conciertos durante Captura4décadas. Pero no acaban aquí las referencias musicales en este párrafo, sino que en los siguientes versos (and do you have faith in God above, if the Bible tells you so) nos pregunta qué nos dice la Biblia parafraseando la canción religiosa “Jesus loves me“, cuando dice “For the Bible tells me so”. De esta manera enciende la polémica del rock&roll enfrentado a la sociedad convencional. Hace una comparación entre la magia y el rock&roll, con la canción de The Lovin Spoonful, “Do you believe in magic” preguntando si crees en el R&R (now do you believe in rock and roll?) contraponiéndolo a la música religiosa (can music save your mortal soul?) en un juego de palabra entre el estilo de música soul y alma en inglés.

sockContinúa la canción con otras de las habituales escenas que hemos visto una y mil veces en películas americanas: los bailes en los gimnasios (cause I saw you dancin’ in the gym you both kicked off your shoes) y la costumbre de quitarse los zapatos para no dañar el parquet, el “sock hop”.

Hay algunas referencias más. A Marty Robbins, que tuvo un gran éxito con “A white sport coat (and a pink carnation)” (with a pink carnation and a pickup truck) y a Dion, con “Lonely teenager” (I was a lonely teenage broncin’ buck) para enseguida volver al estribillo y acabar repitiendo el día que la música murió. Porque, de hecho, elvisasí parecía con Elvis en el ejército destinado en Alemania y Chuck Berry metido en un escabroso lío con una jovencita medio apache llamada Janice Escalante por el que acabó pasando tres años de condena en el Federal Medical Center de Springfield, en Missouri. Además, por aquel entonces Little Richards cumplía la promesa que le hizo a Dios cuando “le salvó” de morir estrellado en Australia cuando su avión caía en picado. Abandonó la música, la vida licenciosa y se hizo evangelista pasándose al góspel.

Captura5Entramos en una nueva década y los protagonistas cambian. Llega Dylan, los tiempos están cambiando y nos lo muestra metiendo en la frase el nombre de la famosa canción “Like a rolling stone” (and moss grows fat on a rolling stone). Él y Joan Baez interpretaron canciones en la Marcha sobre Washington, 28 de agosto de 1963, liderada por Martín Luther King, donde pronunció su famoso discurso “Tengo un sueño”. El presidente Kennedy siguió la marcha atentamente desde la Casa Blanca, como anunció un portavoz de la misma. Al terminar la Marcha, los líderes fueron recibidos por JFK y Jackie, quienes elogiaron 515vQFdPfKLel acto. Don McLean lo cuenta diciendo que el bufón, palabra habitual en los chistes de Dylan, toca para el rey y la reina (when the jester sang for the king and queen). Por aquel tiempo, a la administración Kennedy, llena de jóvenes brillantes como Bobby Kenneddy, Bob McNamara, Kenny O’Donell…, se la conocía como Camelot, en referencia al reino mágico de Arturo y Ginebra, Jack y Jackie Kennedy. No acaban ahí las referencias a Robert Allen Zimmerman, verdadero nombre de Dylan inspirado en el poeta Dylan Thomas, puesto que la siguiente frase (in a coat he borrowed from James Dean) se refiere a images (2)la portada del disco “The freewhelin” donde Bob Dylan sale con una chaqueta rojiza parecida a la que James Dean luce en “Rebelde sin causa”. Y para terminar el show del “judío errante” remata consagrándole como el nuevo rey destronando a Elvis (oh and while the king was looking down the jester stole his thorny crown).

Llega el momento de contar el trágico asesinato de JFK (the courtroom was adjourned, no verdict was returned) y la extraña muerte de Lee Harvey descarga (4)Oswald. Ya hemos explicado el porqué de usar la palabra “corte” referida a Camelot. Y en cuanto a la falta de veredicto, todos recordamos el asesinato de Oswald a manos del mafioso Jack Ruby.

Nuevos tiempos para el fenómeno que llega del Reino Unido: los Beatles. Lennon se declaró marxista… ¿Quizás de Groucho? (and while lenin read a book on marx). Y aprovecha para citar el último concierto de descarga (5)los Beatles hasta el famoso e improvisado Rooftop Concert en la azotea de Apple Records al final de la grabación de “Let it be” antes de su inminente separación. Pues bien, Don McLean nos cuenta el último concierto en el Candlestick Park de San Francisco, el 29 de agosto de 1966 (the quartet practiced in the park). Los Beatles ya acusaban demasiado la exigencia de la fama y tras las declaraciones de Lennon diciendo que era más famosos que Jesucristo, la América puritana y religiosa, cuando no la peor América, la del Ku Kux Klan, emprendió una campaña feroz contra el cuarteto de Liverpool.

images (3)Y termina la estrofa con una canción de funeral (and we sang dirges in the dark) en la oscuridad, en la que nos deja la muerte de JFK, Luther King y Bobby Kennedy y que se refleja en aquel riguroso luto, velo incluido, de Jackie en el funeral de su marido, mientras John John saludaba militarmente.

Captura6Empieza la siguiente estrofa recordando uno de los pasajes más negros de finales de los 60. De la mano de Charles Mason, como instigador, el 9 de agosto de 1969,  su secta, “La Familia”, asesino a Sharon Tate, actriz y mujer del director de cine Roman Polansky, en aquel momento embarazada de ocho meses, junto conCharles-Manson-11-04-12-b otras cuatro personas. En la casa aperecieron pintadas con sangre las palabras “Helter Skelter” (Helter skelter in a summer swelter), provenientes del título de una canción de los Beatles, a los que Charles Mason
descarga (6)identificaba como los cuatro jinetes del apocalipsis e interpretando la canción como el advenimiento de una batalla entre negros y blancos.

Vuelve a la música con The Byrds y Dylan haciendo referencia a la canción de Dylan “Mr. Tambourine man” que cantaron los Byrds, (the birds flew off with a fallout shelter) como sencillo y que luego incluiría en su disco “Bringing it all home” en cuya portada aparecía un letrero que decía “fallout shelter”, que era el nombre de un programa de rehabilitación que tuvo que seguir uno de los componentes de los The_Byrds_-_Eight_Miles_High_WhyByrds arrestado por posesión de marihuana. Y aquí empiezan las referencias a las drogas que poblaron los 70’. Cita “Eight miles high”, también de los Byrds, que fue la primera canción psicodélica y la marihuana (eight miles high and falling fast; it landed foul on the grass). Continúa usando otro de los elementos típicos de la cultura americana, el “football”, para avanzar en el tiempo e introducirnos a los hippies (the players tried for a forward pass). Un paso más, con Dylan apartado por su accidente de moto tras Woodstock (with the jester on the sidelines in a cast), llegan los tiempos del amor libre, el llamado Verano del amor en 1967, y las drogas (now the half-time air was descarga (7)sweet perfume) y uno de los discos que marcó a McLean: “Sgt Peppers Lonely Hearts Club Band”, el primer disco “concepto” (while sergeants played a marching tune)

Por fin, para acabar la estrofa: el reproche. Se intentó cambiar el mundo (oh, but we never got the chance, ‘cause the players tried to take the field) pero en realidad fue poco lo que se consiguió. Por último, los Beatles se separan tras el Rooftop Concert (the marching band refused to yield). De nuevo, el día que murió la música (the day the music died?)

Captura7Sigue haciendo un repaso por la historia USA. Recuerda el festival de Woodstock, en agosto del 69, que reunió a más de 400.000 personas (Oh, and there we were all in one place). Recuerda la aventura espacial (a generation lost in space), no sólo como tal, sino también la famosa serie en USA, “Lost in space”, e incluso se podría decir que hace un guiño a Bowie y su Space Oddity.

Y llegan Sus Satánicas Majestades. Usando la canción infantil “Jack be nimble”, que dice “Jack se ágil, Jack se rápido, Jack rápidamente se sentó sobre una estaca” introduce a los Stones, sentados sobre la estaca, “candlestick”, que recordemos era el nombre del estadio del último concierto de los Beatles, y citando su propia canción “Jumpin’ Jack Flash”. Por supuesto, siendo sus Satánicas Majestades, Rolling_Stones_Sympathy_for_the_Devilque menos que citar al diablo, también jugando con el éxito de “Simpathy for the devil” (so come on jack be nimble, jack be quick, jack flash sat on a candlestick, ‘cause fire is the devil’s only friend). No pasa de largo sobre uno de los acontecimientos más desafortunados de la banda londinense. En el Altamont Speedway Free Festival, donde tocaron numerosas bandas, los Stones encargaron la seguridad al grupo de motoristas “Ángeles del Infierno” que durante el concierto tuvieron numerosos altercados en uno de los cuales, un joven negro llamado Meredith Hunter, moría apuñalado cuando esgrimía una pistola por el “ángel del infierno” Alan Passaro, que a la postre fue absuelto al estimarse la legítima defensa (and as I watched him on the stage; my hands were clenched in fists of rage, no angel born in hell; could break that satan’s spell; and as the flames climbed high into the night; to light the sacrificial rite; I saw satan laughing with delight)

Captura8Y siguiendo con la música llegamos a Janis Joplin (I met a girl who sang the blues) y su muerte (but she just smiled and turned away). Fue encontrada por su representante en la habitación 105 del Landmark Motor Hotel de Los Ángeles muerta por sobredosis de heroína mientras su porsche descapotable estaba aparcado fuera. Fue un 4 de octubre de 1970.

300-mag_10225Va terminando haciendo referencia a las revueltas contra el Vietnam, la segregación, etc. Sobre todo a una foto concreta, la de la niña vietnamita Phan Thi Kim Phúc, tomada por Nick Ut y que fue premio Putlizer (and in the streets the children screamed; the lovers cried, and the poets dreamed).

6264865633ab51f8facbe266818b5e65.500x500x1Finaliza,  y en un repaso de toda la canción, trae a colación su admiración por la trinidad: el padre, el hijo y el espíritu santo (and the three men I admire most- the father, son, and the holy ghost). Que bien pudieran ser Buddy Holly, Ritchie Valens y Big Booper o quizás John Fitzgerald y Robert Kennedy y Martin Luther King. Todos ellos, de una manera u otra, tomaron el último tren a la costa. El fin del viaje.

Debo decir para ser honesto, que después de toda esta interpretación basada en muchas fuentes, en realidad el único significado válido de esta canción es el que el propio Don McLean dio: “significa que jamás tendré que trabajar otra vez”

 Emilio Gude

@Emiliogude

Recintos olímpicos

El cantor y compositor carioca Antonio Carlos Brasileiro de Almeida Jobim comenzó a frecuentar Estados Unidos en los sesentas gracias al éxito de algunas de sus piezas (“Garota de Ipanema”, por ejemplo). Con el tiempo, Tom Jobim llegaría incluso a vivir a caballo entre Nueva York y Río de Janeiro: “vivir en Nueva York está muy bien pero es una mierda; vivir en Río es una mierda pero está muy bien”.

São Sebastião do Rio de Janeiro, donde nada es lo que parece. O descaradamente sí. Donde lo sibilante se convierte en fricativo palatoalveolar. La maldición de la magia de ese bendito lugar, la bendición mágica de ese maldito lugar o yo qué sé. Fascinar, en cualquier acepción de la RAE.

Sostiene el reputado lusista Tiago de Sá Guntinho que el trilerismo que impregna la ciudad data al menos de cuando el portugués Gaspar de Lemos arriba a la bahía de Guanabara y la cree la desembocadura de un río. Quizá la lengua del descubridor no tuviera denominación diferenciada para cada tipología de masa de agua rodeada de tierra y de Sá Guntinho se esté columpiando. O quizá los tupinambás no tenían en ese momento un nombre mejor que ofrecer. Imagínate que le hubieran dicho a Gaspar “llámalo Itaquaquecetuba”.

Darwin visita Río en 1832, en su viaje con el Beagle, y deja en su Diario un relato impagable de su episodio fluminense, que resumidamente viene a ser que, cuando de excursión con un acompañante por los alrededores de la ciudad finalmente encuentran un a modo de posada donde se les ofrece alojamiento y comida, los anfitriones acaban por comerse la gallina de Angola sólo convertida en alimento por la propia acción de los huéspedes y, no contentos, les sablean y les birlan un cinturón (“se lo habrá comido el perro”).

Telespectadores de todo el mundo disfrutarán del trampantojo universal a partir del 5 de agosto de 2016, cuando se declaren abiertos los Juegos de la XXXI Olimpíada. Pero ojo, que hay que tener sustancia para el trampantojo. Por decir algo, no saldría igual en Asunción, Paraguay. Un canoso presentador de la televisión paulista, Tiago de Sá Guntinho, conducía un concurso las mañanas de los lunes en el que el primer premio era un fin de semana en Asunción y el segundo premio dos.

El Parque Olímpico carioca consta de cuatro áreas: Deodoro, que no te ponen tan a huevo patrocinar un evento si eres Rexona en la vida; Maracanã, el lugar de la verdadera tragedia (tragedia romántica fue Sarriá, y lo del Mineirão más bien como si Esquilo, Sófocles y Eurípides fueran los integrantes de El Tricicle); Barra, que es como Miami Beach pero no; y Copacabana, ay Copacabana, todo reminiscencia, Ronald Biggs y el Dioni.

CO91fRwWoAANyLVLa región olímpica de Copacabana acogerá las pruebas de piragüismo y remo (en la Lagoa Rodrigo de Freitas), de vela (en la Marina da Glória), de volley playa (en las arenas de la propia playa de Copacabana), y de natación en aguas abiertas y las metas del triatlón y el ciclismo en ruta (estas últimas en el entorno del Forte). Un guía turístico, Tiago de Sá Guntinho, ha desgastado las suelas de sus havaianas y consumido a partes iguales neuronas y agua de coco para idear tres maneras de ver las competiciones sin necesidad de adquirir ticket de acceso a los recintos olímpicos. Son ellas subirse a las montañas, colarse en los hoteles y, la más sorprendente de todas ellas, trabajar. No ir de voluntario, no. Trabajar.

Montañas

A lo que diríamos grosso modo que es una montaña en general en Brasil se le llama morro, que no es un falso amigo porque existe tal cual la acepción en español. “Oficina” sí es un falso amigo. En Río no hay casi nada de lo que la gente cree que hay en Río cuando la va a visitar, porque no sé si ya ha quedado claro que lo de esta ciudad es todo fascinación. Pero hay mucho morro, y hay muchos monos porque la ciudad está rodeada por un inmenso bosque tropical que llega literalmente hasta la parada del bus o hasta la ventana de tu habitación. La Floresta da Tijuca, el mayor bosque urbano del mundo.

En general a la gente le fascinan los tópicos de Brasil. A mí también. Por ejemplo, que está al otro lado de la mayor frontera terrestre de Francia.

Pero volvamos a los monos. No están en la calle, no confundamos. Uno se encuentra monos cuando sube a los morros por en medio del bosque tropical. Aquí el guía ofrece tres alternativas en función del grado de dificultad deseado para la senda y de la agudeza visual o el presupuesto para prismáticos.

Si uno anda (de andar) sobrado, puede salir del Parque Lage y remontar un desnivel de unos 700 metros en un par de kilómetros para llegar a la cima del Corcovado y, desde los pies del Redentor, ver a lo lejos los recintos olímpicos de Copacabana. Es como cuando llegas al Monte do Gozo de peregrino pero viendo Maracanã en vez del Multiusos de San Lázaro.

Si anda más ligero, ese mismo uno puede salir del Sheraton y atravesar la favela de Vidigal hasta el campo de fútbol en lo alto y desde allí remontar hasta la prominencia superior de los Dois Irmãos, a 533 metros de altura, prácticamente suspendido en la playa, entre São Conrado y Leblon.

CO91fR1WUAAJ70MPero si el simple uno es un andarín urbano, cochinero, no tiene más que desviarse en el recorrido por la orla de la Lagoa a la altura del Parque Municipal de las Catacumbas y subir hasta el Mirante dos Urubús. No creo que haya un lugar mejor para ver a los émulos de Cal disputar medallas a paladas. El antropólogo Tiago de Sá Guntinho llevaba a sus alumnos a hacer la trilha de las Catacumbas sólo para enseñarles un letrero que indica el desvío hacia el mirador. Dice literalmente “10 metros, 2 minutos”.

Ese letrero enseña más de Brasil que la lectura de las obras completas de Buarque de Hollanda (Sérgio, no Chico). No hace falta ser McLuhan ni Saussure para darse cuenta de que no es ese exactamente el mensaje; que si 10 metros te toman dos minutos, dar una vuelta completa a la pista del Estadio Olímpico tomaría una hora y veinte. Nada de chistes de Alonso, por favor.

Lo que pasa es que el letrero expresa una realidad compleja bajo una formulación sintética. “Eso está ahí al lado”, podría ser una alternativa. Al antiguo Embajador de Brasil en España Tiago de Sá Guntinho le espetaron una vez en la Casa América que hacer negocios en Brasil era muy difícil porque los brasileños nunca dicen que no; el Embajador, diplomáticamente como corresponde, respondió que a él le seguía extrañando cómo los españoles seguían sin entender cuándo los brasileños estaban diciendo que no.

Hoteles

FullSizeRenderHacer cualquiera de las tres sendas, y ya no te digo encadenarlas, es una magnífica justificación para entrar sorbiendo una bebida isotónica en algún hotel de postín de la ciudad, con aire suficiente. También se puede ir primero a atizarse un buey a pedazos en el Fogo de Chão y dejar lo de los hoteles para la noche. Por ejemplo, cenar en el Praia Ipanema, tomarse una caipiroska en el Copacabana Palace, el Copa, y destrozarse los tímpanos con un DJ en el Fasano, algo por lo que incomprensiblemente han optado pudiendo poner crooners como los del Baretto del hotel homónimo en São Paulo.

La cena en el rooftop del Praia Ipanema, el 7Zero6, tiene el inconveniente de que parece que te la traigan no de las cocinas de la planta baja, no, sino del mismísimo lugar que sólo antes Verne había descrito en su viaje al centro de la Tierra. Ocurre que disfrutar de una noche clara en las alturas, o ver pasar allá abajo a los del triatlón, compensa cualquier espera. Ipanema a un lado, al otro Leblon y allá a tu frente el Lagoon.

El famoso cronista social Tiago de Sá Guntinho relató en su columna de variedades de O Globo un memorable momento del que no quedó registro gráfico, como tampoco lo hay del gol de placa de Pelé. Ese momento fue un cortés besamanos ofrecido por la Princesa Gracia de Mónaco a los Rolling Stones, culminado con un tirabuzón de Jagger tras una carrera de veinticinco metros y con Keith Richards sobando dos cocos verdes en actitud voluptuosa con la mirada puesta en el príncipe Rainiero. Se me ocurren pocos lugares en el mundo donde la escena, por falsa que es, sea verosímil, y uno es la piscina del Copa.

A Río le han salido muchas películas. Hay que recordar la que más “Encadenados” (1946), con Cary Grant e Ingrid Bergman y Hitchcock tomándose una copita rápida en su cameo. En “Volando a Río” (1933), Fred Astaire y Ginger Rogers bailan juntos por primera vez y lo hacen en el Copa, aunque es mentira. No salieron de Hollywood. Bueno, a Malibú. Esto de Río es todo así, ya ven. Le preguntaron una vez a Tiago de Sa Guntinho, el Presidente del Mangaratibense, por Tarantino y Spielberg y los confundió con la dupla de zagueros del Barça Carioca, su rival para el descenso en la Serie B estadual.

Como dice el arquitecto Tiago de Sá Guntinho, discípulo de Costa, Niemeyer y hasta de Burle Marx, en uno de cuyos jardines hizo un agujero para plantar una palmera imperial, mira tú por dónde puede que sea Río el lugar donde una de las obras de Calatrava sobreviva a su autor. Lo dice por la nueva arquitectura en una ciudad con un cuantioso, rico y degradado patrimonio histórico y arquitectónico. El traslado de la capitalidad a Brasilia en 1960 es una referencia ineludible para interpretar la ciudad y su evolución. El hallazgo de ingentes reservas de petróleo y gas en yacimientos costeros (el pré-sal) y la adjudicación de la organización de los Juegos son otras, aún de resultado incierto.

El Fasano no es de Calatrava pero sí es modelno, y desde su terraza en el octavo piso, donde está la piscina, se pueden contemplar dos deportes tradicionales cariocas que por algún motivo no han podido incorporarse al programa olímpico. Son la Fórmula Uno de autobuses y el concurso de recortadores de coches.

Es sabido que los pilotos de F1, cuando se retiran, se dedican a conducir los autobuses que hacen la línea Santiago-Mendoza por el paso que cruza los Andes cerca del Aconcagua, pero o bien se pluriemplean o bien hay mucho jubilado del ramo y algunos compiten también aquí en Río.

El recorte de vehículos, semejante al de vaquillas o al de vacas landesas, se practica en dos modalidades: la perpendicular, típica de peatones que cruzan la calle y cuya nota característica es una arrancada que para sí la quisiera Bolt; y la paralela, que se juega sobre motocicletas zigzagueantes con piloto, paquete y baúl, que harían que Márquez pasara a los libros como futbolista mexicano.

Mejor que desde la piscina del Fasano se vería el espectáculo en el trayecto que comunica Rainha Elizabeth con Prudente de Morais por la Plaza General Osório, pero eso es como Estafeta entre Mercaderes y Telefónica, que si te descuidas te embisten: el humorista Tiago de Sá Guntinho llama a esa calle que acabo de citar “Prudente Demora Mais”. Algún día se estudiará rigurosamente el impacto de esta cosa del tráfico, rodado, en la percepción de Brasil como destino de la inversión extranjera.

Oficinas

En 2003, Tiago de Sá Guntinho, Director Financiero de la filial brasileña de una conocida multinacional española, presentó al Consejo de la matriz un ambicioso plan de inversiones en el país. Corralito en Argentina, primera victoria de Lula, dólar a cuatro y las caras largas de los consejeros apenas si permitían al Dr. de Sá articular su mensaje: Brasil es un país con muchas dificultades, sí, pero es un país con muchas oportunidades.

Unos pocos años después, el CEO de la multinacional, que a regañadientes había aprobado las adquisiciones de 2003, convocó a Madrid al CFO brasileño, que en un raro ejemplo de lealtad seguía siendo el Dr. de Sá. Oliéndose la que se venía en España, el Consejo reprochaba a los gestores brasileños su pasividad a la hora de implementar agresivas políticas de crecimiento inorgánico. La presión y las miradas afiladas apenas si permitían al Dr. de Sá articular su mensaje: es que Brasil es un país con muchas oportunidades, sí, pero es un país con muchas dificultades.

O sea, más de dos mil palabras para volver a lo de Jobim.

Hacer negocios en Brasil puede que se resuma bien en tres frases: no es para principiantes, no nos están esperando, y 10 metros dos minutos. Sobre las dos primeras ya les he contado y la tercera es literal, a veces.

El abogado Tiago de Sá Guntinho escribió una mediocre entrada en el blog de su firma, Sá Guntinho y de Passeio, sobre esa criatura mitológica, dos años pensando en él y el resto de tu vida en su madre, que se llama “socio local”. El socio local suele presentarse acompañado de otra entrañable criatura, el abogado del socio local, reconocible por ser jurista criado en la pureza de la Pandectística alemana, es decir, que no hacen falta grandes conocimientos de las corrientes doctrinales jurídicas alemanas del XIX para identificarle como un auténtico hijo de Puchta.

Sin embargo, lo que le da verdadera carta de naturaleza al socio local es otro ente mitológico de primera magnitud, el socio extranjero. Las empresas españolas son inversor o socio extranjero en empresas brasileñas al punto de que acumulan el segundo mayor stock de inversión extranjera en el país, sólo detrás de las empresas norteamericanas. Hay que darle al dato la importancia que merece.

El privilegiado status de la inversión española en la que aspira a ser a medio plazo la segunda mayor economía de Occidente se debe a que son muchos los inversores españoles que no se dedican a hacer el Gálvez.

El Acre, un territorio mayoritariamente amazónico, transitó por diferentes soberanías durante el XVIII y el XIX, predominantemente adscrito a Bolivia. Casi en el siglo XX, su riqueza natural en caucho despertó los intereses de particulares y gobiernos y, como suele ocurrir, la cosa acabó en escaramuzas bélicas. Aprovechando el río revuelto, D. Luis Gálvez Rodríguez de Arias (1864-1935), español, diplomático, periodista y hombre de aventura, que andaba por Manaos escribiendo en un periódico local, arrejuntó unos cuantos veteranos de la Guerra de Cuba y otros tantos siringueros y acabó, ni más ni menos, que proclamando la República independiente del Acre en julio de 1899 y, por añadidura, presidiéndola. Un español, “El Emperador del Acre”. El mérito de Gálvez, que no aprendió de Pizarro o de Cortés, fue no sólo enemistarse con quienes eran enemigos entre sí sino conseguir que se aliaran contra él, de modo que Brasil no tardó en mandar cuatro navíos de guerra y una tropa de infantería para destituirle y devolver el Acre a Bolivia. Rendido en marzo de 1900, Gálvez regresó a Europa pero, como un expatriado cualquiera, acabó buscando de nuevo su destino en Brasil, adonde volvió a caer preso antes de huir y dejarse morir en Madrid en plena II República.

Es una suerte que muchas empresas españolas no estén organizadas según el modelo del Título VIII de la Constitución ni dirigidas por Gálveces, como uno puede comprobar si vive en Río de Janeiro cuando consume electricidad, gas, telecomunicaciones, seguros o servicios financieros. El centro de Río, y más concretamente las inmediaciones del aeropuerto doméstico Santos Dumont (Santos Dumont es como Isaac Peral o Juan de la Cierva, o sea, alguien que inventó algo realmente extraordinario y extraordinariamente sólo se le reconoce en su país), concentra una buena cantidad de sedes corporativas de filiales de compañías españolas, muchas de ellas con buenas vistas sobre la bahía y el campo de regatas olímpico, ahí dejo el dato.

Keep calm and olha que coisa mais linda

La frase más repetida en Brasil en 2014 fue “Imagínate en el Mundial” (“Imagina na Copa”). Cualquier atasco, avería, incidente o deficiencia que ocurriera antes de junio de ese año se vivía como una nadería al compararla con los desastres de proporciones bíblicas que se profetizaban para cuando empezara el evento.

Luego no ocurrió nada, o sea, básicamente no ganó Argentina. Aparte lo de los estadios. Y “é gol da Alemanha”.

CO91fRwWsAAhe62Algo similar pasará con Río y los Juegos, así que, si se animan a visitar la ciudad en agosto de 2016 y quieren una recomendación alternativa de recinto olímpico, suban al Mirante dos Urubús un día de finales de kayak o piragüismo y extásiense viendo la tierra girar en la Lagoa. Si quieren otra, utilicen toda su persuasión para que un garçon del bar de la piscina del Copa les consiga servir un gin tonic decente y, si les ha sobrado algo de dinero (mucho, mejor), atraviesen a los triatletas para arrimarse una capiroska en el Fasano. Y si nos las quieren, al menos imagínense al humilde oficinista Tiago de Sá Guntinho, sentadito en su despacho, la mirada perdida en las velas flameantes de los 420 femeninos que zarpan de la Marina buscando la gloria.

Tiago de Sá Guntinho

Septiembre de 2015

Agosto y las azoteas. Recuerdos veraniegos de Madrid.

Los áticos, las terrazas, los miradores, las solanas. Cuando la canícula del foro aprieta nos lo montamos de aireo, de desahogo, implorando cuartel al sofoco veraniego… ¡Vaya vistas! ¡y mira!, ¡que se ve la telefónica!, ! Y Atenea en el Bellas Artes!.

El “atiquismo” y sus modernidades, el boticario ya decía en su filípica que las ciencias se adelantan que es una barbaridad, y para demostrarlo nos pedimos una “armoniosa y elegante Citadelle Reserve 2010, con una Thomas Henry”. ¡De qué!, el combinado por mucho que le pongamos cardamomo no deja de ser ginebra, lo que junto al Terry lleva soplando toda la vida en los bares mañaneros al alondra que pilla la ruta hacia los andamios para levantar el poco ánimo que le queda … y tirando de Marlboro o Winston, lo que fuman las putas…

azoteasQuerido amigo, en los áticos, para conseguir esa “sensación especiada, fresca y exótica” que buscamos en la arboleda del gintonic debería de haber picadura de tabaco, librillos de papel y botijos (que empiece a entrar en las derramas de la comunidad la compra del artilugio de marras), el alma de agua del Botero español de barro aderezada con un “viva Jesús” o una cortinita del trepador, el anís del mono, para darle un suspiro al gaznate. Lo de los pitillos ya se ha conseguido con la moda del tabaco de liar, no inventamos nada, ni arándanos, ni violetas ni la madre que le parió, se ha sustituido a Doña Concha y el rasgueo de Sabicas por Avicii…

Los abuelos, esos sí que sabían. Quintín y “la Cata” pasaron de ver desde la azotea del 25 de la Calle Delicias a los milicianos que subían por el Paseo en el ocaso de los 30 al sol del año 40, el año del hambre. A vivir los veranos apretados, sudando, pero en paz. Y estos espacios dejaron de ser observatorios de artilleros para volver a abrazar su origen, zona de disfrute y sana utilidad. Para lo que se crearon, lo que deberían ser y lo que fueron, la historia es que ahora son coto vedado y solo nos queda ver las dos estrellas que nos lucen en Madrid pagando.

Se tendía la ropa y ya de paso se soñaba, se miraba Madrid…para bien o para mal, con tristeza o con alegría, con rabia o con esperanza, con desesperación o con buen augurio. Sonaba de fondo Pepe Blanco, Machín, El Niño de Marchena y Valderrama. Las azoteas del foro son prohibidas, desconocidas y la inmensa mayoría sólo se visitan con el google maps. Esos lugares que ofrecen vistas y que a día de hoy disfrutamos con un trago en casa de algún conocido otrora fueron sitio de alegría, diversión, feria de la chiquillería, tendedero y descanso de vecindario. La silla y el mandil, las terrazas eran el complemento del patio con el añadido de la brisa de las vistillas, eran el spa de los abuelos. Existía otro aire, el de la sierra, a Cercedilla iban algunos, a los otros les quedaban las aceras y las azoteas. Eso era y es el Madrid de las alturas, la ciudad que descansa azotada por el silencio agotador de agosto, no la orfandad que deja el veraneante (término inventado con el paso de años), mutis que provoca el cansancio del tajo, fusta del currela, silencio que ni el gachó con pretensiones osaba perturbar. El veraneo era ir al Retiro o a Méndez Álvaro como la mayor hazaña, o a Rafael de Riego a ver la fábrica de hielo. Remembranza de barrio…, los tendederos estaban abiertos y eran visitables, habitables, transitables, libres, dando honor a su condición innata formando parte de la comunidad.

foto aticoLas que ahora son “cool” ayer fueron aliento, recreo y entresijos del Madrid agotador y soñador. Territorio en parte prohibido, oscuridad de gozo, espacio de complicidad, vida, sueño y alegría. Humedad de sábanas y entretelas animada y disipada por el azote del estío. Acompañada de fondo por el transistor, por la copla, por el soniquete del que ronca y del que se pee en el patio con las ventanas abiertas de par en par saludando con alivio a la luna, las persianas y doble ventana eran una ilusión.

El barrio, la calle y la ochava del señor Antonio que seguía fiando hasta fin de mes, y hasta el otro si era necesario. Y “el rana”, el que no merendaba, el que tiraba el acerico y el diábolo a las incautas por la alcantarilla empujado por la rabia acumulada, la rabia que daba el hambre y la soledad, mi madre un día me dijo que le fue bien… acabo conduciendo un pato, de taxista.

No se me quejen, por Dios, no se me quejen, que si no fuera por el ahogo que nos brinda la capital en el veranillo Don Tomás Bretón no hubiera permitido a la casta y a la Susana pasear el palmito del brazo de Hilarión, ni mantón de Manila, ni vestido chiné…

En el foro si te asomas a una azotea estás perdido, te enamoras de Madrid, ese Madrid de calentura, de ahogo. Madrid donde por suerte, como decía mi amiga Mónica, “todavía quedan sitios sin aire acondicionado que obligan a tener las ventanas abiertas apreciando y verificando que la gente por las noches se sigue amando…“, te quiero Madrid, dame áticos, déjame entrar en ellos y verlos, pero sin pagar, dame vistas, donde pueda asomarme al final de la escalera, donde la llave no la tenga el presidente de la comunidad.

Madrid bendito verano, Madrid mi amor, mi farra y mi locura, Madrid mi silencio, Madrid vida mía, Madrid mi rumor. Madrid mi azotea, Madrid, Madrid, Madrid…

“Saza” iba a Antón Martín todos los domingos a la misa, como siempre, a su parroquia, y con calor… Madrid mi réquiem.

Para Isabel, siempre contándonos historias…

Iñaki Laría

@IgnatiusLaria