Aquellos veranos con trofeos veraniegos

IMG-20150711-WA0000Soy el salvador de este blog. Si no fuese por mí, El Calzador sería algo así como el cuadro que costaba una morterada de dinero, y era el protagonista absoluto de la obra de teatro “Arte”: una fina, fiiiina línea blanca, sobre lienzo blanco, colgado en una pared blanca.

Los otros siete creadores, o miembros del Consejo Asesor, que queda infinitamente más elegante, son total y absolutamente madridistas. Merengues sin remedio ni cura. Blancos como la patena. “Limpia y blanca que no empaña”, dicen.

Y yo, no. Más bien todo lo contrario. Soy el del Atleti, y no concibo que algo sea blanco, salvo si se trata de una camisa. Hay que hacer algo inmediatamente cuando uno se encuentra ante algo blanco: o coger un rotulador y hacer chas, chas, chas, tres gloriosas rayas rojas; o pintar algo encima, lo que sea o, como en este preciso instante, ponerse a escribir como un demente para ganarle espacio al color en cuestión, que ni es color ni es nada, porque incluso mis –por otra parte muy queridos- compañeros de Blog, reconocerán conmigo que jamás sería publicable un folio en blanco, por mucho que jurara y perjurara que hay escrito encima un relato a lo Torrente Ballester, en tinta blanca.

Así que soy del Atleti ahora, efectivamente, pero ya lo era de pequeño, concretamente desde que mis padres, quienes por cierto eran tan ajenos al fútbol como Enrique Cerezo, por poner un ejemplo, me sacaban cuando había visitas, y me pedían que recitase la alineación del Atleti, con mi vocecilla aflautada de tierno infante, y yo decía: RodriMelo Martínez Jayo, Iglesias, CallejaAdelardo, Alberto (y aquí paraba y respiraba) IruretaLuis, Ufarte y Gáaarateee. Y todos se reían y me decían “¡Qué tío!”, me daban besos y achuchones, y yo me sentía muy listo y muy importante.

Cu ribió Nick Hornby, es como si accediese a un enorme club privado en el que puedes hablar con cualquiera, siempre y cuando sepas de lo que hablas, porque si no eres detectado al minuto y medio, y por lo tanto ni puedes perder comba, ni despistarte.

Aquellos veranos de mi infancia giraban en torno a los fichajes y a los torneos de verano.

Visto desde las perspectiva actual, se entiende bastante mejor lo primero que lo segundo. De hecho, discursear sobre el Ramón de Carranza, el Teresa Herrera, el Colombino o el Villa de Madrid, ¡ay el Villa de Madrid!, le coloca a uno directamente en el pelotón de los “muy yayos”, como diría Emilio Gude. Pero eran una gozada.

Por ejemplo, hubo un Trofeo Ramón de Carranza en el que participó un equipo brasileño, el Palmeiras, durante aquella época en la que los brasileños eran algo así como una raza superior en esto del fútbol, y le metió un repaso estupendo al Real Madrid. Aquello causó sensación, aunque en aquellos tiempos el Mercado era otra cosa, no se fichaba a golpe de titular de prensa ni de talonario, como ahora, ni desde luego tanto cada año, porque entonces los jugadores estaban ocho, nueve, catorce temporadas en el mismo equipo, había continuidad y sólo era necesario reforzarse con uno, dos o tres jugadores. Como mucho.

IMG-20150711-WA0001Pero durante aquél verano se habló mucho del Palmeiras, que jugaba a otra cosa muy distinta a lo que estábamos acostumbrados, y al Atleti no se le ocurrió otra cosa que fichar a dos de sus figuras: Leivinha y Luiz Pereira. La leche. Uno rubio y guaperas, el otro gloriosamente negro, uno delantero y el otro defensa … o algo así, porque era complicado reducir a la categoría de “defensor” a un artista de ese calibre. Y nos tiramos todo el verano pendientes de los dimes y diretes de aquellos fichajes, que no nos acabábamos de creer y tardaron en concretarse, cuando llegaron fue como si procedieran de la Luna, cuando debutaron, aún nos estábamos quitando la arena de la playa de los pies, el Atleti le cascó cinco goles al Salamanca, con Jorge D’Alessandro de portero, y Leivinha marcó tres, en un debut legendario que aún se recuerda en los hogares de las buenas familias.

En aquellos veranos, no pestañeábamos al decirle a nuestros amigos, e incluso, sí, sí, a nuestras primeras novias, que esa noche no íbamos a salir porque televisaban un trofeo veraniego. En esa época, las idílicas escenas a lo John Travolta y Olivia Newton John, Oh Danny, Oh Sandy sobre la arena de la playa, sólo se producían si no ponían por la tele la Final del Teresa Herrera y de hecho, mi primer beso, que se lo dí a Beatriz, una niña monísima de Baiona, tuvo necesariamente que ser antes o después del Villa de Madrid, nunca durante.

Nuestro becario Luis Teira, que es muy joven, seguro que no va a entender que, durante mi niñez, si pasábamos unos días en el pueblo, los periódicos no llegaban y había que ir a por ellos al más grande de la zona, cosa que sólo sucedía de vez en cuando, o bien camelarse a algún mayor para que nos trajese el As o, mejor aún, el As Color, que salía los martes y publicaba unas fotos espectaculares que, a su vez, nos servían semanas después para tirar de tijera, recortarlas y hacernos nuestros equipos de chapas.

Y si estábamos en la playa, los periódicos no llegaban hasta bien entrada la tarde, lo cual era una agonía si la noche anterior el partido no era televisado, o hubo tanda de penaltys hasta las tantas y te habías tenido que ir a la cama, cogido de una oreja, sin enterarte si el Atleti había revalidado el Mohamed V.

Uno se pone muy romántico recordando veranos. Esto es así. A mí, por ejemplo, junio se me daba de miedo, durante todo el mes de julio no solía separarme de mi amor para toda la vida de cada año, porque además ni siquiera había fútbol y luego, en agosto, cuando nos íbamos fuera de Madrid, era cuestión de combinar el género epistolar con mi recién conquistada novia, que me había dado su dirección veraniega entre lágrimas, escríbeme todos los días, porfi, con esos otros amores para siempre que conocíamos inevitablemente en la playa, nosotros qué le íbamos a hacer.

IMG-20150711-WA0002Eso también era así y, de hecho, aún recuerdo como si fuera hoy a aquella novia de junio/julio que, cuando nos reencontramos en septiembre, se puso muy seriecita y me dijo que tenía que cortar conmigo “porque le había gustado un chico en agosto”. Se me puso una cara como al de Aterriza como Puedas, en la escena inicial del Aeropuerto.

Así que pienso en aquellos veranos infantiles y juveniles, y los recuerdos se me agolpan: Beatriz, Ayala y Heredia, el Teresa Herrera, Almudena, María, Leivinha, cómo mola el Carranza de Cádiz, que hemos fichado a Reina el del Barça, tío, Mar …

Francisco José Estévez Hernández
@FranOmega

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