El inspector Madariaga (III)

Atestado nº 56/1040 Frontón Beti Jai

Tras la salida del Gobernador Civil, el Comisario Javalolles guardó silencio unos instantes. Finalmente, mirando a Madariaga con cierto pesar, dijo:

  • Ricardo este es mi final. No llevamos mucho tiempo juntos pero si el suficiente para reconocer tu talento. Yo ya no puedo acometer este asunto. Depende de ti. No me refiero a todas esas consideraciones políticas, ni al éxito policial, sino a impedir que un asesino mate a buenas personas.

descarga (31)Madariaga no dio muestras de sentirse afectado por la pesada carga, de la misma manera que no se le veía especialmente emocionado cuando su trabajo cosechaba éxitos. Interiormente se sentía abrumado y con una tensión que haría que pudiera estar despierto varios días. El inspector asintió, recogió el expediente que le tendía el comisario y salió del despacho.

Mientras repasaba la amplia y gruesa documentación intentaba centrarse en el caso y distraer su atención sobre el hecho de que las circunstancias le habían colocado en una posición difícil si no detenía al culpable. El Comisario Javalolles no tendría un retiro entre palmadas de éxito, el Gobernador Civil y su padre acusarían su fracaso y probablemente sus métodos científicos serían puestos en duda por el sector más tradicionalista de la policía.

Dos frases. ¿Por qué esas frases?, ¿Qué querían decir? Pidió permiso para entrar en el amplio despacho lleno de libros y de papeles del profesor Gayarre. Aquel desorden parecía proverbial, como si detrás de cada montón de papeles existiese un orden lógico, un número mágico que constituía la proporción entre bloques de libros y la amplitud de la estancia.

Tras intercambiar unas palabras de cortesía. Madariaga sin explicar el porqué de su interés por las frases, inquirió al profesor por ellas. Gayarre buscó con toda precisión dos libros de entre las montañas que se apilaban por el despacho, como si en su cabeza tuviese un mapa definido de cada libro. Se manejó  para encontrar unas páginas concretas mientas acompañaba con un “veamos”, de vez en cuando.

  • Querido Ricardo, no tiene mucho misterio. ¿Ves? Hobbes, como bien has dicho.

El profesor se puso a leer señalando el texto a Madariaga: “El universo es corpóreo. Todo lo que es real es material y lo que no es material, no es real.”

 Sin cerrarlo, abrió otro libro e identificó la segunda frase. 

  • Es de Baruch Spinoza. ¿Por qué este interés por los deterministas, Ricardo? Mira, Spinoza dice: “Todas las cosas que hay en la naturaleza son o cosas o acciones. Ahora bien, el bien y el mal no son cosas ni acciones. Luego el bien y el mal no existen en la naturaleza”·

Madariaga no dijo nada. Dejó que Gayarre ejerciera su condición de profesor, mientras dejaba los libros, se quitaba las gafas redondas y miraba al inspector con el agrado de un viejo maestro ante el interés del alumno.

  • Ricardo, el determinismo afirma que no somos libres. Que todo lo que sucede está determinado en el mundo natural. Nada surge del azar; todo es el resultado de una serie de causas, y, por lo tanto, puede ser anticipado. Si hay causas idénticas, se darán los mismos efectos.

 Antes el silencio de Madariaga, el profesor continuó.

  • Los deterministas, en general, rechazan el libre albedrío, la posibilidad de decidir, de poder escoger. Al entender que todo está determinado por las leyes que rigen la naturaleza niegan el concepto de alma, tal y como lo conocemos de manera amplia. Alma y cuerpo son uno de manera natural o incluso niegan la existencia del alma. De ahí la frase de Hobbes.
  • Pero entonces, te preguntarás con buen criterio: si no tenemos posibilidad de elegir nuestras acciones, buenas o malas, ¿están determinadas? Y efectivamente, salvo matices y excepciones, es así. Piensan que es así. No sólo obramos bien o mal por una serie de causas, sino que no podríamos obrar de otra manera. La siguiente cuestión a que nos lleva es afirmación es ¿si no podemos elegir lo bueno o lo malo, como se nos puede responsabilizar e incluso castigar por lo que hacemos?

El profesor se sentía cada vez más en su papel y resultada agradable oírle pero Madariaga tenía prisa. Debía ir al Depósito a conocer más exhaustivamente los detalles del asesinato de Sor Ana. Se levantó, se despidió cariñosamente del profesor y cuando salía por la puerta para enfilar la escalera, oyó de nuevo a Gayarre:

  • Ricardo, ¿te has dado cuenta? Si crees en el determinismo, crees porque estabas determinado a hacerlo, ¿lo ves?

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descargau¡Eh! ¡Eh! ¿Qué hace? Gritaron al unísono los dos operarios. El hombre que estaba inclinado sobre una especie de madera con caballetes a modo de mesa donde había una mujer atada, giró la cabeza en la penumbra y salió hacia la puerta opuesta a la que ellos habían usado para entrar.  Fue lento en sus movimientos, como si algo le impidiese correr de manera natural.  En la incertidumbre de los acontecimientos, tardaron en reaccionar antes de echarse correr, cuando ya enfilaba la puerta y desaparecía. Uno de los dos mozos se detuvo en la mesa, el otro continúo. Al llegar a la puerta no había luz en la siguiente estancia. Intentó buscar algo cercano con lo que alumbrarse pero no encontró nada. De repente un fogonazo de luz le marcó una dirección, miró hacia allí y vio la calle. Una puerta acaba de abrirse. Corrió hasta alcanzarla, miró hacia la derecha y no había nadie. Al girar la cabeza apenas llegó a ver como un hombre vestido de negro subía a un carruaje. En ese momento, todo se desvaneció.

CONTINUARÁ

Emilio Gude

@Emiliogude

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La historia del móvil y el notario

La realidad es que he tenido problemas con la justicia.

Mis problemas con la justicia van más allá de lo razonable y poco tienen que ver con bandas organizadas como las de Danny Ocean que van delinquiendo por aquí y por allí con glamour, estilo, white collar o como lo queráis denominar. Bueno, la verdad es que si pero esa no es la historia de hoy.

La historia de hoy comienza en mi gimnasio. Mi gimnasio no es uno de esos gym zen con luz natural, miles de cintas de correr correctamente alineadas, señoras haciendo pilates y actrices y modelos estirando mientras nadie les presta atención porque allí son consideradas, bah, pues eso… titiriteras del estilo de la Bella Otero pero sin el mérito del espionaje.

A mi gimnasio se entra por un túnel, una galería de centro comercial donde por un lado hay una tienda de unos chinos ofreciendo tatoos a 10 euros y por el otro un cubículo de armenias que te arreglan los vueltos de los pantalones. También hay un local en donde hacen fotocopias baratas que siempre está abierto pero que allí nunca he visto una máquina de fotocopiar. Un sitio donde entran y salen señores con pintas algo extrañas y hay luces rojas.

gimnasiosComo podréis comprender en mi gimnasio el monitor mide 1,80 con 150 kg de puro músculo. Un monitor de esos que de jueves a domingo está pluriempleado como gorila en una discoteca de polígono. Una suerte de Stalone de joven, en feo y con mal humor.

Pues el otro día desapareció de mi taquilla mi nuevo y brillante iphone 6.

¿Cómo llevas un iphone 6 a un sitio así? La respuesta es sencilla, del mismo modo que Sicilia, en su esplendor, tenía mala fama pero era el sitio más seguro de la Tierra. En mi gimnasio hay gente de honor. No respetamos el código penal ni esa birria de norma administrativa sancionadora. Hay una norma superior: el honor. Silba al himno español y no te pasará nada pero tú critica a Poli Díaz y estás condenado.

Quise recuperar el teléfono. Monté en cólera. Llamé a Yasaman, la gerente. No le partí la cabeza con una pesa porque me agarró Ardakan, el monitor. Allí no andamos con delicadezas ni te aceptarían si lo hicieras. Había contratado a un chico nuevo para las toallas (somos escrupulosos con la higiene personal), un universitario que le hacía falta el dinero. ¡Un universitario!¿Estamos locos o qué? Esos no saben lo que es el honor. Me dijo que no podía hacer nada porque el teléfono estaba apagado, no daba señal.

-Mañana volveré. Si no está mi teléfono llamaré a un amigo de la infancia que es notario y levantará un acta. ¡Tú verás lo que haces!, dije a gritos, creo.

Volví al día siguiente con muy mal humor. No se vulnera el honor en aquel local. Había llamado por teléfono antes. No daba línea. No había sido un error. Me habían robado el iphone 6. Solo podía ser el universitario.

Llamé a mi amigo de la tierna infancia. El notario. Era notario no por profesión ni por estudios. Era notario porque si te daba un guantazo dabas fe de que Dios existía. Teníamos una amistad a prueba de todo. Yo le ayudé a acabar el EGB, lo libre tres veces de la cárcel. Una de ellas había sido un asunto muy feo que me obligó a tirar de trucos sucios. El notario se lo merecía. Nunca me había dejado tirado (ni yo a él). No preguntaba. Me ayudaba en mis cosillas.

Llegamos al gimnasio. Cogimos al de las toallas y levantamos acta. El notario dio fe. Aquello estaba tan feo que la tienda de las fotocopias tuvo que echar el cierre un pequeño rato. Nada importante. El universitario acabó su primer curso de la universidad de la vida con sobresaliente. No perdió ningún diente. Tuvo suerte. Le dejamos claro que primero el honor y luego el dinero. Creo que lo entendió. No dije nada. Las cosas que se arreglan así deben tener un halo de gloria que merece discreción.

Yasaman me llamó al día siguiente. Había llamado al teléfono y daba línea. ¿Línea?, línea mis cojones. El asunto se había solucionado. El iphone 6 apareció entre las toallas. No dije nada. El universitario ya ha vuelto de una pequeña baja. El pobre tuvo un accidente en moto. Lo arrolló un conductor desaprensivo que se dio a la fuga.

Buenas tardes.

Buenas tardes. Le veo mejor del accidente.

Si, muchas gracias. Mucho mejor.

Me alegro. Espero que sigas con la mejoría.

Gracias, señor.

Síndrome de bondad

Queridos lectores, les pido en esta ocasión una licencia para aprovechar un artículo que en su día escribí con ocasión del Día Internacional del Síndrome de Down para traerlo ahora al blog de El Calzador. La decisión que me ha llevado a reproducir y compartir con todos ustedes estas líneas responde a las siguientes razones:

Por un lado, como ya habrán podido leer los más asiduos a estos “momentos de silencio”, en la pasada publicación del 3 de junio https://elkalzador.wordpress.com/2015/06/03/fiesta-benefica-el-calzador/ los miembros del Consejo que formamos El Calzador, hemos organizado una fiesta benéfica que se llevará a cabo, D.m., el día 4 de julio, con un doble propósito: Agradecer el cariño y el apoyo de todos nuestros lectores y de los colaboradores que han aportado sus excelentes escritos en esta primera temporada. Y, en paralelo, recaudar fondos para una causa tan justa como necesaria, cual es la de ayudar a las personas con capacidades diferentes, a través de la Fundación Garrigou http://fundaciongarrigou.org , para intentar ayudarles en su formación y dotarles de medios para que consigan un presente y un futuro menos difícil.

Por otro lado, aunque cuando se conmemora el Día Internacional de la causa que sea, entendiendo aquélla como justa, se contribuye a concienciar a la sociedad y a apoyarla, no es menos cierto que este tipo de causas no deben ser flor de un día. Las personas con capacidades diferentes, merecen un apoyo, respeto y cariño, todos y cada uno de los días del año.

El artículo que aquí les traigo, fue publicado en Neupic https://neupic.com/articles/sindrome-de-bondad , se titulaba: “Síndrome de Bondad” y decía así:

“La pasada semana se celebró el Día Mundial del Síndrome de Down.

Carlos D. Lacaci

La propia Asamblea General de las Naciones Unidas quiso aumentar la conciencia sobre esta cuestión y para ello fijó la fecha del 21 de marzo en el calendario colectivo para recordar la dignidad inherente y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades.

También se resaltó la importancia de su autonomía e independencia individual, en particular la libertad de tomar sus propias decisiones. Esta iniciativa supone no sólo un gran acierto por parte del organismo internacional sino que, además, significa un necesario y justo paso adelante para la protección de los derechos humanos.

Cualquier país en el mundo que respete los derechos fundamentales se habrá dotado de un conjunto de normas que protejan la igualdad y el derecho a no discriminar a ninguna persona por razón de su nacimiento o cualquier otra condición o circunstancia personal. En la cúspide de esa pirámide normativa, la Constitución, como norma suprema del ordenamiento jurídico, así lo prescribe.

En el caso de nuestra Carta Magna, podemos leer en su Art. 10: “La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social” y en su Art.14: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”

Pues bien, lo más importante, a mi modo de ver, no es tanto estar a lo que dice la ley, que también se debe hacer, sino entender y comprender la mirada, el corazón, los sentimientos y la inteligencia de todas las personas que tienen esta combinación cromosómica natural, denominada como trisomía del par 21 o más habitualmente como Síndrome de Down, por el nombre del científico John Langdon Down, que fue el primero en describir esta alteración genética en 1866.

Cuando observemos y comprendamos a una persona con esta alteración cromosómica nos daremos cuenta de que no son iguales. Efectivamente, son diferentes a muchos de nosotros (los que no tenemos esta combinación cromosómica alterada).

Así es, las personas que he conocido con síndrome de Down son más sensibles y trabajadoras, se esfuerzan por aprender cosas nuevas con más ilusión y entusiasmo, realizan cualquier actividad encomendada con mucho más cuidado del que yo mismo pongo en mis tareas cotidianas…

Cuando observen a un niño o adulto con síndrome de Down mírenle bien, verán como la única diferencia que ahora perciben es que son mejores que muchos de nosotros, sobre todo, por carecer de malicia, por su bondad infinita.

Sirvan estas líneas escritas para expresar mi respeto, admiración y reconocimiento para todas estas personas que me transmiten un infinito Síndrome de… Bondad”

Autor: Carlos D. Lacaci

@Lacaciabogado

El ladrón de peluches.

Una salida a la frustración y al fracaso.

Todo tiene respuestas. Lo complicado es apreciarlas o ser consciente de ellas en tiempo real. Las incógnitas que nos planteamos o las conductas que en determinados momentos tenemos las personas, encierran  un motivo de fondo, siempre.

Durante toda mi niñez y adolescencia tuve como referente en casa a mi madre. Mi padre trabajaba en la marina mercante de los Estados Unidos de América ofreciendo soporte logístico a la “U.S. 6th Fleet” que operaba en el mar Mediterráneo.  Volvía a tierra cada seis meses para estar en casa un trimestre. Primer punto a tener en cuenta: nunca sabré si mi trayectoria hubiera sido distinta con mi padre en casa.

Después de haber pasado por tres colegios distintos acabé entrando en los Salesianos Atocha. En 1983 cursaba sexto de la extinta EGB y tenía la misma edad que ahora mis alumnos de las Aulas de Compensación Educativa (ACE a partir de ahora), que en Madrid es la medida en educación más extrema que se ofrece a adolescentes en edad escolar en situación de riesgo de exclusión social Mi boletín de notas estaba repleto de “Muy Deficientes” e “Insuficientes”, observaciones alarmantes indicando que “Si el alumno no se esmera y cambia de actitud no aprobará el curso”, visitas a tutores, clases extraescolares y nefastos veranos arruinados intentando aprender en aburridas academias lo que no había entendido, ni querido estudiar a lo largo de todo el año.

Mis principales inquietudes en aquellos años eran ir a casa de un amigo a fumar y beber, robar peluches y tarjetas de Snoopy en el Corte Inglés para vendérselas a los compañeros de clase, abrir coches para coger el tabaco o las pocas pertenencias que se dejaban los dueños en las guanteras y maleteros e ir con mis amigos a la Estación de las Delicias, actual Museo del Ferrocarril, que en aquella época estaba abandonada y ofrecía un espacio de juego y entretenimiento que a día de hoy ningún parque temático ha sido capaz de igualar. Nuestro pasatiempo consistía en apedrear trenes o cualquier elemento rompible que ofreciera un resultado escénico-visual mínimamente espectacular, asaltar los edificios abandonados aledaños para seguir destrozando lo que el cierre y el abandono que conlleva el paso de los años ya se encargaba de hacer y como “actividad estrella” encender fuego en las calderas de las máquinas de vapor quemando los asientos de madera de los vagones antiguos. Pero hay un detalle que no quiero pasar por alto, nunca dejé de ir al clase, no entraba en el grupo de los alumnos con problemas de absentismo, la explicación que extraigo a este inusual comportamiento es que, aparte del seguimiento que llevaba mi madre de las faltas de asistencia, posiblemente era lo único que se me daba bien hacer en el colegio: asistir día a día a mi “puesto de trabajo”. “Llevo 7 insuficientes en las notas pero ni una falta de asistencia…”

IMG_20150606_110244Cuando suspendes continuamente, cuando llevas todos los meses y año tras año obteniendo las mismas calificaciones, viendo como ese absurdo indicador que incluía el Boletín de Evaluación comparando el rendimiento del alumno con el rendimiento de la clase, no pasa nunca de la “zona baja”, interiorizas el fracaso hasta tal punto que te acostumbras a vivir con él. Forma parte de tu entorno y es lo natural, no contemplas la opción de cambiar, llega un momento que  se normaliza.  Las asignaturas aprobadas no representan una alegría motivadora o un renacer académico, suponen un alivio.

Dos años después, en 1985, no tuve ninguna opción a la hora de elegir mi trayectoria. Mi destino era FP; “donde van los burros, zánganos, zascandiles y haraganes” (incomprensiblemente a día de hoy este pensamiento sigue estando muy presente en muchos padres y madres de alumnos en edad de elegir trayectoria al acabar la ESO). No tenía otra opción: o FP o la calle. Durante ese año hubo un detalle puntual, un punto de inflexión. Un profesor salesiano  me encargó que, una vez cada dos semanas, fuera el responsable de ir a comprar a un mercado cercano el café molido que tomaban los profesores en su tiempo libre. Uno de los pocos momentos que guardo de aquella época, en el que me sentí útil e importante en el colegio. Destacaba en algo, no siendo el delegado de clase era el “elegido” de toda la sección y tenía la responsabilidad de llevar dinero ajeno en el bolsillo para comprar algo que posteriormente iban a utilizar los profesores.

Confianza, sentimiento de utilidad, motivación, emociones, ilusión.  Todo lo anteriormente citado es lo que consiguió despertar en mí este profesor utilizando un  paquete de café molido. Me ofreció la oportunidad de hacer algo distinto, esa pequeña acción “clave” en ese momento supuso  una enorme válvula de escape a la situación de frustración que estaba atravesando. Me hizo ver que sí podía ofrecer algo en ese espacio en el que pasábamos la mayor parte del día denominado colegio, sumándole a esto que entre los destinatarios de mi “misión” había algunos que ya habían perdido toda la confianza en mí.

Los elementos motivadores en alumnos con falta de éxito pueden estar en las situaciones más absurdas e insignificantes que nos podamos imaginar. Una acción que en un principio no reviste mayor importancia puede desencadenar sentimientos y cambios en la persona de una magnitud incalculable. No recuerdo si alguna vez me plantee ¿por qué soy yo el elegido?, simplemente me sentía orgulloso, lo contaba en casa como una verdadera hazaña. En el momento no era capaz de apreciarlo pero indirectamente comenzaba a sentirme integrado en un sistema y un entorno del cual, era muy probable, iba a tener que ser excluido inminentemente por mi total falta de ilusión con los estudios y mi flagrante fracaso escolar.

Mi entrada en la FP significó un claro cambio personal, estudié mecanizado, pero evidentemente lo primero que tuve que hacer fue detener la inercia alcanzada fruto de los hábitos que había adquirido con “gran esfuerzo” durante los años anteriores. Como se puede comprobar a continuación la transformación no fue inmediata…

IMG_20150606_111845.  Notas de la primera evaluación en Primero de FP

En la FP tomé conciencia de que las situaciones pueden cambiar, el estudiar con máquinas fue una liberación; cambio de sistema, algunos compañeros de correrías nos separamos y se estudiaba dentro de un ámbito semiprofesional. Sentimiento de utilidad, motivación y autoestima se van afianzando claramente en mi personalidad. Durante todo este tiempo participo en distintos voluntariados y esto supone cambiar de hábitos durante el tiempo libre. Importante.

Mi persona no pasa desapercibida en las actividades que realizo. Indirectamente estoy entrenando y utilizando una habilidad que descubrí más adelante, tengo dotes de liderazgo y un fuerte y potente sentido innato con todo lo relacionado con la inteligencia interpersonal y emocional.

El último año de FP compagino estudios con el mundo laboral, comienzo a trabajar en la industria farmacéutica y sigo compartiendo mi tiempo libre con otras actividades; voluntariado en cárceles, psiquiátrico y barriadas marginales. Comienza mi relación con entornos conflictivos y con personas en situación de riesgo de exclusión social. Me siento bien, empatizo con los presos y una vez más percibo que soy útil, esta vez recurriendo a cualidades no aprendidas en el colegio ni dentro del aula.  Enseño a tocar la guitarra en las cárceles, en muchas ocasiones me limito a escuchar, a estar, a acompañar.  En ese momento han pasado casi viente años desde aquel 1983  y en la cárcel se hace muy presente en mí el siguiente pensamiento: “las personas tenemos la necesidad de tener más opciones de vida, nos tienen que enseñar más caminos y en la medida que podamos tenemos la obligación moral de aportar esa luz que muchos no encuentran por sí solos”.  Me limito a mostrar a los internos de Alcalá Meco y Soto del Real como soy, con mis fortalezas y mis debilidades, con mis miedos ante los retos que te ofrece la vida y como he ido avanzando y saliendo de distintas situaciones de fracaso. Cuando coincido por los pasillos de Meco con un antiguo amigo de “hazañas” de la EGB, que tenía una condena de 15 años, es cuando realmente empiezo a valorar y darme cuenta de lo importante que pueden llegar a ser las intervenciones puntuales que los profesores hacen con determinados alumnos. Yo podía ser él o cualquiera de los internos que venían a mi taller de guitarra.

Después de diez años trabajando en un muy buen puesto en una multinacional biotecnológica (previamente había estado seis en otra compañía del sector), me ofrecen dar clases en mi antiguo colegio, dentro de lo que eran los Programas de Garantía Social, impartiendo clases de taller. No me cabe la menor duda, me cambio de trabajo y profesión.

No tengo ningún problema en dar clase pero lo más importante es que en el aula, soy aceptado y respetado, percibo muchísima cercanía con los alumnos simplemente mostrándome como soy, con total naturalidad y sin esfuerzos adicionales. Es aquí donde detecto carencias en lo referente a pedagogía y psicología. Con 38 años me matriculo en un Grado Superior de Integración Social, la vuelta al “cole” es muy dura,  pupitres, pizarras, en las escuelas no hay diferencias de edad…  Empiezo a poner nombre y a situar muchos de los comportamientos y acciones que comúnmente experimento y pongo en práctica como docente. Da comienzo el ACE en Madrid y continuo mis estudios, esta vez en la universidad estudiando el Grado en Educación Primaria. La historia se repite, con otra mentalidad y con el peso del bagaje que ofrece el paso de los años. Una vez más aprendizaje teórico en el que paradójicamente veo reflejado y, una vez más, le pongo nombre a gran cantidad de comportamientos y formas de actuar que he tenido durante toda  mi vida, procederes que claramente formaban parte de mi esencia y personalidad.

Dieciséis años trabajando en dos multinacionales farmacéuticas, dos voluntariados internacionales como formador de educadores, nueve años de docente y dos años colaborando como creativo en una  empresa consultora, me indican, sin ningún tipo de duda, que merece la pena probar a ofrecer distintos caminos a las personas que fracasan en un determinado momento de su vida.

Han pasado treinta y dos  años desde aquel 1983 de sexto de EGB y para terminar, no encuentro un resumen de todo lo que he escrito más acertado que el que nos ofrece la filósofa española Adela Cortinas, ganadora del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2007, Catedrática de Ética de la Universidad de Valencia y Directora de la Fundación ÉTNOR, Ética de los Negocios y las Organizaciones:

“La cuestión del coeficiente intelectual no es lo más importante, sino aquellos que tienen una sana inteligencia emocional y saben elegir convenientemente en el momento adecuado las cuestiones adecuadas para desarrollar una vida feliz.

Iñaki Laría @Ignatiuslaria

¡¡¡FIESTA BENÉFICA EL CALZADOR!!!!

¡¡Hola a tod@s!!

Hoy no hay un breve instante de silencio que te alegre el día y amenice la mañana, sino el comienzo de un mes de ruido, mucho ruido! ¿Por qué? Porque nosotros, el Consejo Asesor de El Calzador, te invitamos a asistir a una FIESTA!

¡¡¿QUÉ?!!

Sí, sí, como lo lees. Llevábamos tiempo dando vueltas a la idea de realizar un evento que fuera el broche a la primera temporada, que cerraremos en julio, y así poder darte las gracias personalmente por haber escrito en nuestro blog, o habernos seguido durante estos primeros meses de vida. La idea fue fraguándose pero queríamos que significará algo más que unos amigos pasando un buen rato. Nos movía la idea de hacer algo que fuese benéfico utilizando el nombre de El Calzador. ¿Cuál es la solución a la que hemos llegado? ¡Hacer una fiesta benéfica en el centro de Madrid!

¡¡¿CUÁNDO?!!

El sábado 4 de julio a partir de las 21.00 hs.

¡¡¿DÓNDE?!!

En la terraza del Quiosco de la Reina, que está en la calle Ronda de Toledo, 9 (28005, Madrid) http://quioscodelareina.es/

slide1¡¡¿CON QUIÉN?!!

Con el Consejo Asesor de El Calzador, y nos gustaría contar contigo, por haber escrito o leído el blog o simplemente porque tienes ganas de ayudar.

¡¡¿CON QUÉ?!!

Se trata de una fiesta de amigos en un parque, por tanto, te recomendamos que vengas con camiseta, vaqueros y zapatillas. Olvida camisas, polos, tacones o mocasines, que estaremos en un parque de arena 😉

¡¡¿CÓMO SERÁ?!!

descargaLa fiesta consiste en lo siguiente: dos bebidas (cervezas, refrescos…) y picoteo (que no cena) que incluye carne a la barbacoa, parrillada de verduras, tortillas, bravas… Todo por 20 euros por persona, de los cuales la mitad será para pagar al Quiosco de la Reina, y la otra mitad irá a la Fundación Garrigou (http://fundaciongarrigou.org/) que trabaja por una educación de calidad para jóvenes con capacidades diferentes y de la que es Secretario Leopoldo Gandarias @leogance (te ponemos unas líneas al final)

¡¡¿CÓMO ME APUNTO?!!

Tienes que enviar un correo a el.calzador2015@gmail.com para confirmar tu asistencia. El mismo sábado 4 de julio, comprobaremos tu nombre en la lista y podrás comprar la entrada en  la puerta del Quiosco de la Reina, donde te daremos los dos tickets de tus bebidas. Si luego quieres beber más, sólo tienes que pedir y pagar directamente en el Quiosco, que nos respetan los precios habituales, realmente económicos. Nos parece lo más justo ya que de este modo se evita que por un mismo precio unos consuman muchas más bebidas que otros.

Por razones de organización necesitamos que te apuntes con antelación a efectos de poder realizar el encargo de comida al Quiosco para las personas que van a venir. Si no sabes si puedes ir hasta el mismo día 4 de julio, podrás también comprar tu entrada en el Quiosco pero sí te rogamos encarecidamente que si sabes que vas a asistir, nos lo confirmes en el correo dado porque tenemos que encargar la comida apropiada, ya que si preparamos para 100 apuntados y luego se presentan otros cien, la comida será escasa y aunque se trate de un picoteo, sería muy escaso. Esperamos que seáis pocos los que no lo sabéis con antelación y que el resto durante este mes, os vayáis apuntando.

Así que… ¡¡marca en tu agenda el día 4 de julio para vernos en la fiesta benéfica de El Calzador!!

graciasPor ultimo, darte las gracias por venir a la fiesta, por ayudar a los niños, por leernos durante tantos días y por habernos mentido piadosamente diciendo que lo que hemos escrito, te gustaba para así motivarnos a seguir escribiendo, a continuar invitando a más de vosotros a escribir y a que El Calzador sea un iniciativa bonita de las que nos sentimos orgullosos y felices. ¡Gracias a ti! ¡Gracias a todos! El 11 de julio cerramos por vacaciones el Calzador con un Especial Verano con ocho entregas para volver en septiembre. ¡¡¡¡¡Gracias de nuevo!!!!

El Consejo ASesor de El Calzador

Fundación Garrigou

La Fundación Garrigou tiene entre sus objetivos mejorar la calidad educativa de los niños y jóvenes Sigue leyendo