No lo creáis todo.

I

MIRANDO ATRÁS

Cuando se tiene tiempo se piensa mucho, quizá demasiado. Es mejor la locura del día a día que tener tiempo para echar la vista atrás… Y ver el legado que vas dejando. Así de momento te encuentras con cositas interesantes. Hoy leía a un malagueño diciendo que su hija le había pedido una máscara de Darth Vader por haber aprobado todo. “Algo he debido hacer bien” se decía en voz alta.

La contestación me salió del alma:

“La mía me ha pedido unos guantes Everlast rosas. ¿Algo he debido hacer bien? O no.”

EverlastPara los que no lo sepan estos son unos Everlast de ocho onzas… rosas. A la vez esa misma niña llega a mi casa, abre mi ordenador en donde tiene una carpeta con su nombre y, cuando le apetece, cuando menos te lo esperas, escribe. Igual hoy dos párrafos y no lo toca hasta dentro de un mes. O igual no para durante dos horas.

Algo deberé estar haciendo bien. O no.

Por su parte el hermano ha pedido un chaleco táctico (esta vez las botas de fútbol dice que se las compra él con su dinero, que yo ya le he comprado muchas). Chaleco táctico, máscara, gafas, guantes tácticos, mochila, botas… Y subfusil. El airsoft y el fútbol. Está en la edad.

Están en la edad en la que la gente ha abandonado por fin el estrujón de mejillas, la caricia exagerada en el pelo, el ¡Qué guapos son! el ¡Son iguales que su madre! y todos esos lugares comunes que todos hemos padecido en primera y en tercera persona.

Ahora estamos en ese otro lugar común de ¡Por favor, qué alto! del ¡Qué guapa, es toda una mujer! del ¡Pero si eres más alto que tu padre… Y con más músculos! y, sobre todo del inefable ¿Qué queréis ser de mayores?

– Pues yo quiero entrar en la Academia Militar. Y si puedo, en el EZAPAC o en la BRILAT.

– Yo quiero entrar en la Academia de Policía. Ingresar en la escala ejecutiva y, cuando pueda, entrar en Científica, en Análisis de Comportamiento o en Investigación Tecnológica.

Y las caras se mudan. Se vuelven una mezcla de asombro, media risa y acaban girándose hacia mí.

– A mí no me mires. Sólo soy abogado.

Me divierte ver esas caras. Me divierte escuchar las conversaciones entre los hermanos sobre lo que “quieren ser” y sobre cómo lo van a hacer. Yo con su edad creo que seguía queriendo ser Paco Buyo.

Y entonces, como tienes tiempo, demasiado tiempo, maldito tiempo, echas la vista atrás y piensas que igual estás haciendo algo bien. O no.

II

MIENTRAS, EL TIEMPO PASA

Pasa despacio de forma relativa, pero muy rápido para poder seguir echando la vista atrás si no quieres que, lo que has hecho o lo que no has hecho te coma.

Hace meses estaba sentado y casi pego un grito:

– ¡Mamen!

– Holaaaaa, niño.

– Es increíble, no me puedo creer que seas tú. Estás guapísima.

– Calla, calla. No seas tonto. Estás igual que siempre. Hace cuánto que no nos veíamos…

– ¿Igual que siempre? No lo creo la verdad. Es increíble. ¿Sabes las veces que me he acordado de ti? ¿Sabes cuántas veces me hubiera gustado decirte todo lo que tenía que haberte dicho hace mucho?

– Jajajajaja pero qué dices… ¿Vives aquí?

– Sí, desde hace tiempo. ¡Qué ganas tenía de volver a verte!

– Ha pasado muchísimo tiempo.

– Bueno, en realidad te vi una vez. Andando por la calle Goya con tu madre y tu hermano y…

– ¿Qué? ¿Y no me dijiste nada?

– Bueno…

– Eres increíble…

Habría sido una bonita conversación y habría sido maravilloso poder acariciarle ese pelo rubio que desde que tenía dieciséis años me había vuelto loco… Pero ni siquiera di ese grito, así que nunca lo podré saber. Lo que sí era verdad era la misma melena rubia, el mismo acento y la novedad de un tatuaje en la espalda, a la altura de las lumbares, así que lo único que me pude preguntar a mí mismo fue si habrían podido ponerle la epidural cuando dio a luz a la niña que tenía sentada junto a ella.

El caso es que mientras echas la vista atrás. Mientras piensas lo que no hiciste y sueñas con lo que hacer… El tiempo se va amigo. Y en nada una andará en Ávila y otro en Alcantarilla.

III

DÍAS DE TREINTA HORAS

Si valoras el sueño eres un afortunado y, a la vez, pierdes, al menos, seis horas de tu vida al día. Hace tiempo que me he dado cuenta que una cosa es no dormir, dormir poco y otra diferente dar vueltas en la cama. Días de más de veinticuatro horas. Tenía un amigo que experimentó durante un par de meses con el sueño. Estudiaba Caminos y, para un tío de veinte años que estudiaba Derecho, un Ingeniero, per se, ya era un tío raro.

Se hizo eso que, en muchos casos tirando de pedantería, llaman hoja de ruta y que antes simplemente decíamos planning o planificación. Pero bueno, antes también se hablaba de centrismo y ahora se dice centralidad. Antes decías “todos” y ahora hay que decir de manera impenitente “todos y todas”… Y el resto de la frase, por supuesto, debe seguir por ese camino. El absurdo camino de los “os y as” o de las @.

Al lío que me pierdo. Este personaje, ahora uno de los grandes directivos del departamento inmobiliario de un gran banco, comenzó a reducir voluntariamente y de forma planificada las horas de sueño. Acabó durmiendo una hora al día durante un mes… Agotado, malhumorado, con ojeras que debían estar esperando la oportunidad de florecer porque ya no le han abandonado… E ingresado. Y con sus amigos cachondeándonos juvenilmente de él. Hizo bastantes otros experimentos curiosos…

duermo pocoDesde hace tiempo me acuerdo de él. Parece que estoy emulando sus experimentos sobre el sueño… jejeje Ya hable una vez de lo familiar que se hacen las voces de la radio. Cómo sabes la hora que es en función del programa que, entre vuelta y vuelta, se escucha de fondo. Me acuerdo también de la frase que a modo de presentación tiene uno de mis mejores amigos en su WhatsApp:

“Mientras tú duermes, yo sueño”.

Bueno, en este punto, creo que yo sueño por los dos… O por todos ustedes.

Y mientras estoy despierto sigo con la mente puesta en ese pelo rubio y ese acento granadino. Como si no haber gritado su nombre cuando hubo oportunidad me hubiera despojado de un viaje en el tiempo. Pero con cuidado, sin darte cuenta puede ser que te creas despojado de algo y, en realidad, tú no hayas dado nada. En realidad, quizá, tienes deseos de no haber dado nada o, incluso, de poder quitar lo que cualquiera se piense que has dado.

Por momentos, incluso llego a la conclusión que hay que coger impulso y ponerte al otro lado. Con un micrófono acompañando a los que viven días de treinta horas pero sin tener que decir estupidez tras estupidez. Sin ser humorista… O intentarlo. Habrá que coger un micrófono y meterte en cada casa con un lenguaje duro, sin sustituir lo que has dicho toda la vida por lo políticamente correcto y, puede ser, sólo puede ser que quien está dando vueltas en la cama sin saber si no duerme por el calor o porque tiene el cuello torcido ya de mirar tanto atrás, cierre los ojos con una media sonrisa.

IV

CUANDO TOCA… TOCA

Y queridos amigos… Hoy no toca ya. Son las…

Disfruten. Pero sólo si creen que han hecho las cosas bien.

 

Nacho San Martín

@SMNacho

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