Porque yo lo valgo

Porque yo lo valgo. Una frase que me gusta, aunque no sea mía. Una frase que repetimos muchas veces, emulando el anuncio de cosméticos. Y que me lleva a pensar lo que afecta la publicidad a nuestras vidas. Más de lo que pensamos. Porque nuestro lenguaje está lleno de ese acervo común que son los slogans de los anuncios, o esas partes de ellos que se nos quedan impresos a fuego en nuestros cerebros desde que somos capaces de recordar.

¿Qué sería de la Navidad sin burbujas Freixenet? ¿Quién no ha dicho alguna vez eso de “vuelvo a casa por Navidad”, como El Almendro, o ha comparado cualquier marcha con la de las muñecas de Famosa cuando se dirigen al portal?.¿Y quién no ha afirmado que ya es primavera, aunque caigan chuzos de punta, emulando el cambio de estación que anuncian unos conocidos grandes almacenes año tras año?

unnamedPero esto no es de ahora. Desde pequeños nos metieron en vena eso de que “Soberano es cosa de hombres”, que condensaba como pocas cosas la sociedad machista de la época, no tan superada como creemos a la vista de que todos sabemos lo que es la famosa prueba del algodón de Míster Proper –que ahora se llama Don Limpio, como nos repitieron machaconamente-, o de la odiosa señora del futuro que no encuentra nada mejor que traernos de su viaje en el tiempo que un frasco de lejía. Algo incomprensible, por cierto, porque hace tiempo que nos dijeron que el frotar se va acabar, así que maldita la falta que hacía

¿Qué no es para tanto? Vale, aceptamos pulpo como animal de compañía. No será para tanto entonces. Pero busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo. Aunque usted sea de ésas que su Ariel no lo cambian por nada, y use el desodorante que nunca la abandona. Porque ya se sabe, hay cosas que no tienen precio, y para todas las demás, Mastercard. O preguntémonos si no a qué huelen las nubes, una de las grandes cuestiones de la humanidad, como es bien conocido. Y si no encontramos respuesta, ya sabemos, a gritar eso de “una solución quiero”. O también podemos buscar a Jacques, que igual la tiene él, o ese papá que lo arregla todo, todo, todo. O el calvo de la lotería, que decía que la suerte estaba conmigo, aunque aún no haya dado con ella. Vaya usted a saber.

unnamed (1)¿Seguro que no es para tanto? Habrá que preguntárselo a aquel negrito del Africa tropical, a ver si nos lo aclara, el pobre, si encuentra tiempo entre cultivar y cantar. O esa chica que saltaba entre los limones salvajes del Caribe, icono de la liberación de una época, o al niño de Actimel, que se queda gris, el pobrecito, si no le daban su dosis. Sencilla, eso sí,  no como al del Petit Suise, que le daban dos. O al pobre Gutiérrez, al que veía en profesor por el rabillo del ojo mientras hablaba de las rocas metamórficas, mientras él pensaba en comprarle su primera colonia, Chispas, a la chica de sus sueños O quizás a aquella otra profesora que se empeñaba en que supusiéramos que la tiza era un diente, o a la madre destrozada porque la niña derramó el chocolate en el traje de Comunión, que igual estaba enfadada porque le habían dado un solo Danonino y ni unas tristes natillas, por más que estuvieran listas para tomar, y todo el mundo dispuesto a repetir. O aquel pobre al que probablemente publicitar que desde pequeño siempre ha llevado en su interior Abanderado le haya cambiado la vida. Porque ya se sabe, no pesan los años, pesan los kilos.

Porque yo no soy tonta o, al menos, no tan tonta como el décimo dentista, el que no recomienda el chicle sin azúcar como hacen uno de cada diez. Y, por supuesto, quiero que la mía sea una de esas barrigas felices, faltaría más. Como decía, porque yo lo valgo. Y vosotros también.

¿Estáis de acuerdo conmigo? Pues en cualquier caso, no me contestéis ahora… Hacedlo después de la publicidad.

Susana Gisbert

Twitter @gisb_sus

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Un comentario en “Porque yo lo valgo

  1. Enhorabuena no sólo por tu texto, magnífico, sino además porque me acabas de sacar una sonrisa y una lágrima al mismo tiempo. Porque Soberano es cosa de hombres pero a mi padre -que ya no está con nosotros- le gustaba más Terry; ya sabes, Terry me va!
    Un cordial saludo

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